¡Pensar ayuda, actuar transforma! Así las cosas, no deje todo para después.

Mi madre solía decirme: “La ropa se lava cuando uno la pone en la lavadora, no cuando uno piensa en lavarla”. Obviamente, era una forma de regañarme por las excusas que le inventaba para no hacer el oficio que me correspondía, pues la pereza me ganaba.
Con los años entendí que sus reparos eran mucho más que reproches caseros: era una enseñanza de vida. Porque, al final, nuestros sueños tampoco se cumplen cuando los imaginamos una y otra vez, sino cuando trabajamos por ellos.
Evoco ese recuerdo de niño porque veo a muchas personas que viven como yo cuando tenía ropa sucia sin lavar: se la pasan atrapadas esperando una señal de quién sabe quién para ejecutar sus proyectos.
Creen que “nunca es el momento”, que “mejor no arriesgar”, que “no hay prisa”, en fin... Y mientras esperan, se les pasan los días y se les escapan las oportunidades.

¿Conoce gente así?
Tengo amigos, familiares y vecinos que se la pasan dándole vueltas a todo y no hacen nada. Analizan cada detalle e imaginan todos los escenarios posibles, pero nunca dan el primer paso y se quedan atornillados.
La vida no se mueve solo con pensar: hay que ‘ponerse manos a la obra’.
Obvio que planificar es clave; nadie dice que hay que lanzarse al vacío ‘sin ton ni son’. Pero cuando todo se queda en el aire, en evasivas y no se ejecuta, ya sea por pereza o temor, los proyectos se oxidan.
Publicidad
Pensar demasiado también genera ansiedad y preocupación constante. Muchas veces, después de tanto echarle cabeza a algo, no se llega a ninguna conclusión nueva. Lo único que se logra es sentirse más agotado, más frustrado y más confundido. Y, mientras tanto, el tiempo sigue transcurriendo.
¡Hay que emprender ya! Aunque no todo salga perfecto y aunque se cometan errores, al ‘lanzarse al ruedo’ al menos se avanza y se aprende en el camino. Es más, muchas veces se descubre que el miedo era más grande en la cabeza que en la realidad. Lo que parecía complicado se vuelve manejable una vez que se empieza.
Esperar a que todo esté perfecto es solo una forma disfrazada de prudencia para no hacer nada. Deje de girar en la mente y construya el camino por el que debe avanzar. No se puede controlar todo, pero sí se puede decidir ir hacia el horizonte.
La idea es usar la cabeza para orientar, no para frenar. Se puede tener un plan y, aun así, tener el empuje de ajustar en el camino.
Consulta del día

Las inquietudes asaltan con frecuencia a nuestro estado de ánimo. No obstante, con cada cuestionamiento tenemos una posibilidad más para afrontar un nuevo horizonte, ya sea razonando o aplicando sanas estrategias para el alma. ¿Cuáles son esos temores que lo afectan en la actualidad? Háblenos de ellos para reflexionar al respecto en esta página. Envíe su testimonio a Euclides Kilô Ardila al correo: eardila@vanguardia.com En esta columna, él mismo le responderá. Veamos el caso de hoy:

Testimonio: “No tengo claro lo que quiero hacer y eso me frustra. Estoy muy perdido en la vida. Sumado a eso, le confieso que no creo en mis capacidades y me surgen muchas dudas sobre mi entorno actual. Quiero respuestas inmediatas a todo esto. Me gustaría leer alguno de sus consejos. Gracias”.
Respuesta: Cuando no tiene claro lo que siente ni lo que desea, lo más importante no es encontrar “respuestas inmediatas”, sino darse el permiso de escucharse con calma.
Publicidad
No saber qué rumbo tomar puede generar angustia, pero también es un punto de partida valioso si se asume como una oportunidad para conocerse mejor.
Es normal sentirse perdido en algún momento de la vida; pero lo esencial no es ignorar ese sentimiento, sino prestarle la debida atención.
Las dudas que surgen pueden ser señales de que se está atravesando por un proceso profundo de búsqueda personal. Es importante creer más en usted mismo, en su potencial y en la capacidad de poder mirar el horizonte con entusiasmo.
Conviene tomar el control de los sueños y ponerles plazos razonables. Pero, ojo: soñar no basta si no se acompaña de acción.
Publicidad
No existen respuestas simples para emociones complejas. Por eso, dedique un tiempo, sin juzgarse, a preguntarse con honestidad: ¿Qué está sintiendo en lo más profundo? ¿Qué anhela realmente para su vida, más allá de lo que otros esperan de usted? Esa introspección, si se hace con sinceridad, puede iluminar su camino.
Le puede interesar: Tómese de la mano de Dios y confíe en Él
Reflexiones cortas

No tenemos ni idea de la cantidad de personas que viven realidades dolorosas en silencio. Sea amable siempre: tal vez su gesto sea el respiro de alguien que carga una tonelada de angustia detrás de una sonrisa.

Las monedas siempre hacen ruido, pero los billetes hacen silencio. Así que, cuando su valor aumente, manténgase humilde y en silencio.
Publicidad

Jamás juzgue a una persona por un dolor que usted nunca ha sentido.

El camino de Dios es perfecto; su palabra, intachable. Dios es el escudo que protege a quienes se refugian en Él.
















