Espiritualidad
Lunes 21 de julio de 2025 - 04:30 PM

Reflexión espiritual: el faro que nos orienta

¿Estamos atravesando un mal momento? ¿Sentimos que nuestra vida gira en círculos, sin rumbo claro? Tal vez sea tiempo de detenernos y reflexionar con sinceridad sobre lo que nos está ocurriendo.

Encender el faro antes de la tormenta.
Encender el faro antes de la tormenta.

Compartir

Lo más grave de estar desorientados es que la confusión puede traernos más problemas de los que ya tenemos. Y, cuando ese despiste se prolonga, terminamos muy lejos de lo que anhelábamos ser.

Por eso, todos necesitamos un faro. Sin ese punto claro de referencia, es fácil desviarse o quedarse paralizados ante las situaciones difíciles.

Tener ese foco encendido es clave, porque muchas veces no sabemos hacia dónde vamos y, por eso, nos estrellamos contra el mundo.

Por no tener claridad en el rumbo, ¿Cuántos jóvenes caen en el mundo de las drogas? ¿Cuántos estudiantes eligen carreras que no disfrutan y terminan abandonando sus responsabilidades a mitad de semestre? ¿Cuántos padres, sin intención, olvidan formar el alma de sus hijos?

En todos estos casos, el problema no empieza con el acto en sí, sino con la pérdida del norte, con la ausencia de sentido y con no saber hacia dónde caminar.

Cuando perdemos de vista ese faro interior, incluso los detalles más pequeños pueden convertirse en tormentas que nos sacuden por completo.

La invitación del texto de hoy es clara: necesitamos recuperar esa claridad sobre lo que queremos hacer con nuestra vida.

Tener esa luz nos permite no solo reconocer el camino correcto, sino también distinguir los peligros que se camuflan como oportunidades.

Publicidad

¡Ojo! Si no asumimos la responsabilidad de nuestro rumbo, seguiremos repitiendo errores sin aprender de ellos. Cuando nos sentimos frustrados por algo que nos ocurre, o simplemente atravesamos un mal día, lo más sabio no es huir, sino levantar la mirada y volver a fijarla en nuestro norte, en ese propósito mayor que le da sentido a todo.

No se trata de negar el dolor, sino de no permitir que se convierta en excusa para quedarnos estancados, actuando como si nada pasara.

¡Hay que tener claridad en la vida!
¡Hay que tener claridad en la vida!

No podemos alejarnos de nuestras metas ni de la posibilidad de transformarnos. Mientras sigamos atribuyendo nuestros males a factores externos, seguiremos dando vueltas en círculos.

Tal vez ha llegado el momento de hacer una pausa, observar con atención y reconectar con esa luz que nos muestra lo esencial. Estar en sintonía con nosotros mismos nos enseña a distinguir lo que vale la pena perseguir y lo que debemos dejar atrás.

Ahora bien, esa claridad también se nutre de la fe: confianza en nosotros mismos y en que Dios, como un faro siempre encendido, nos acompaña incluso en la noche más oscura.

Le puede interesar: Vivir con los pies en la tierra

Si hoy nos sentimos perdidos o nos cuesta avanzar, hay una esperanza real: Jesús abre caminos donde antes solo había confusión, pero espera que seamos nosotros quienes le indiquemos hacia dónde queremos ir.

Publicidad

Él no impone el rumbo, pero sí ilumina el trayecto cuando lo buscamos con sinceridad. ¡Le envío una buena vibra!

Inquietud del día

¿Cuáles son los temores que hoy lo afectan? Compártalos con nosotros y reflexionemos juntos en esta página. Envíe su testimonio a Euclides Kilô Ardila al correo: eardila@vanguardia.com. Él mismo le responderá desde esta columna.
¿Cuáles son los temores que hoy lo afectan? Compártalos con nosotros y reflexionemos juntos en esta página. Envíe su testimonio a Euclides Kilô Ardila al correo: eardila@vanguardia.com. Él mismo le responderá desde esta columna.

Las inquietudes suelen irrumpir con fuerza en nuestro estado de ánimo. Sin embargo, cada una de ellas representa una valiosa oportunidad para abrirnos a nuevos horizontes, ya sea a través del razonamiento o mediante estrategias que nutren el alma. Veamos el caso de hoy:

Una gota de nostalgia.
Una gota de nostalgia.

Testimonio: “Miro atrás, escudriño mis raíces y recuerdo todo lo bello que viví, y me da tristeza darme cuenta de que hoy ya nada es lo mismo. Quisiera que todo fuera como antes. ¿Qué hago? La vida no me fluye y siento gran nostalgia”.

Respuesta: Como bien expresa en su carta, es natural volver la cabeza y mirar atrás, porque allí se encuentran las raíces, las vivencias que lo marcaron y las situaciones que forjaron su mundo. Sin embargo, el problema comienza cuando usted se queda detenido en ese lugar, como si la vida hubiese perdido su capacidad de seguir fluyendo. Tal vez se está dejando atrapar demasiado por sus nostálgicos recuerdos.

Publicidad

El pasado, aunque valioso por lo que enseña, no es un sitio para habitar permanentemente. Es, más bien, un lugar al que se puede regresar con serenidad, de vez en cuando, para aprender y agradecer. El ayer determina lo que está por venir. No permita que los días que ya no están le impidan disfrutar el presente ni los que aún le quedan por vivir.

Los recuerdos tienen un lugar especial. Algunos consuelan; otros, enseñan lo que no se quiere repetir. Pero todos comparten algo: pertenecen a un tiempo que ya pasó. No permita que el eco de lo que fue le impida escuchar el llamado de lo que está por venir.

Sé que cuesta entender por qué suceden ciertas cosas en el presente; no obstante, todo forma parte de un proceso mayor, una preparación para lo que deberá asumir hoy y mañana.

Quedarse anclado en el pasado no es sano. Es mejor avanzar, aunque sea lentamente, con firmeza y con fe. Caminar hacia adelante es también una forma de honrar lo vivido.

Publicidad

El presente lo necesita atento, despierto. Y el futuro lo espera con los brazos abiertos, lleno de posibilidades que aún no han sido escritas.

Dios enseña que no fuimos creados para vivir atados al ayer, sino para aprender de él y seguir construyendo. Cuando uno se proyecta con fe, hasta las heridas pueden convertirse en luz para otros. Transforme lo vivido en guía, en experiencia viva que da esperanza, pero diseñe también nuevos destinos.

¡Confíe! Cada paso que se da hacia adelante, por pequeño que parezca, es una victoria. Dios no mira tanto el punto de partida como la disposición del corazón para caminar con Él. Y si Jesús está a su lado, entonces ya tiene todo lo necesario para continuar.

Breves reflexiones

¡Nos aman de corazón!
¡Nos aman de corazón!

No tenemos que fingir, forzar ni aparentar; simplemente nuestra esencia -con virtudes y defectos- es suficiente y valiosa. En los corazones de quienes nos aceptan y nos aman, ocupamos un lugar donde encajamos con naturalidad, sin juicios ni exigencias desmedidas. En ese espacio seguro y sincero florecen el amor auténtico, el respeto y la aceptación.

Jesús está a su lado.
Jesús está a su lado.

Si se fija bien, Dios está en cada pedacito de su vida, en cada segundo de su tiempo, en cada amanecer y en cada latido de su corazón.

¡Vamos hacia adelante!
¡Vamos hacia adelante!

La vida sigue, lo quieran o no; estén a su lado o no; le correspondan o no; le apoyen o no; le salgan bien las cosas o no; se gane la lotería o no. Su vida debe seguir hacia adelante.

¡No se ensucie!
¡No se ensucie!

Cuando le lanza tierra a alguien, a quien le quedan las manos sucias es a usted.

¡Sonría!
¡Sonría!

El buen humor es el equilibrio entre la mente y el corazón.

Orar
Orar

Ore, no hasta que Dios lo escuche y le conceda todas sus peticiones, sino hasta que usted lo escuche a Él.

Publicidad

Publicidad

Noticias del día

Publicidad

Publicidad

Tendencias

Publicidad