Espiritualidad
Jueves 25 de enero de 2024 - 04:31 PM

Tema espiritual del día: ¡No estamos solos, Dios nos ofrece sus bendiciones!

Encontrémosle un propósito y un sentido a cada situación que nos corresponda vivir. Hagámoslo para transformar las vicisitudes en oportunidades y para poder crecer.

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Publicado por: Euclides Kilô Ardila

A diario vivimos con la presión de los problemas cotidianos que, en más de una ocasión, nos abruman más de la cuenta.

Sin embargo, no podemos olvidar que, más allá de esos afanes, no estamos solos. En lo más profundo de nuestro ser yace una fuente de fuerza inagotable, que se convierte en el combustible perfecto: ¡Hablo de la fe!

Sea cual sea nuestro credo religioso, siempre podremos revitalizarnos con la fuerza divina que recibimos del cielo.

Además, si lo analizamos bien, Dios nunca nos da más peso del que realmente podamos cargar. Por eso a usted, a mí y a todos nos corresponde aprender a sobrellevar la cruz sin renegar.

¡Claro está que en este proceso, debemos pedirle al Señor una gota de entereza! De la mano de Él, las dolencias, los trabajos duros y los obstáculos ceden.

A lo mejor tropezaremos varias veces; pese a ello, Dios nos enviará el ‘agua lluvia’ hasta que surja el arco iris que ilumine nuestra vida.

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Una aclaración: no es que el Señor quiera atiborrarnos de problemas, lo que sucede es que Él sabe que seremos capaces de enfrentarlos y que saldremos victoriosos de todos ellos.

Además, cualquier problema, por duro que sea, se traducirá en experiencias para el mañana. Porque Jesús tiene claras las lecciones que quiere darnos y sabe que ellas nos ayudarán a soportar las fuertes borrascas.

En lugar de quejarnos de nuestras cargas, aprendamos a abrazarlas y confiemos en que tenemos fortaleza para salir adelante.

Es preciso, eso sí, tomarnos el tiempo suficiente para nutrir nuestra vida espiritual. Se trata de un alimento que nos robustecerá y que hará que podamos mirar el horizonte con optimismo.

Reitero que podemos confiar en que hay una fuerza superior que nos acompaña en nuestro viaje, brindándonos la sabiduría necesaria para enfrentar cualquier desafío que se nos presente en el trayecto.

Además, al nutrir nuestra vida espiritual también podemos encontrar un mayor sentido de propósito y el real significado de nuestras cargas diarias.

Es decir, cada peso que llevamos tiene un motivo más grande, ya sea para nuestro crecimiento personal, para ayudar a los demás o para aprender valiosas lecciones.

De esta manera, nuestras afugias dejan de sentirse como pesos y se convierten en oportunidades para evolucionar como seres humanos.

Recordemos que las estrellas no luchan para brillar, ni los ríos luchan para fluir.

¡Aferrémonos a nuestros sueños, trabajemos por ellos y pronto veremos que todo se nos hará realidad!

REFLEXIONES CORTAS

Si tiene fe, en los días más difíciles usted logrará sentir el abrazo de Dios. También oirá su voz en el momento de mayor silencio. Y justo cuando se sienta vencido, se dará cuenta de que Él lo defiende. Recuerde que, más allá de que esté ‘bien’ o ‘mal’, Jesús siempre estará presente en cada paso que dé.

No se queje, incluso cuando algo no le esté saliendo como lo desea. Es más, en lugar de quejarse, dé gracias a Dios por cada circunstancia que le corresponda vivir. Su historia, su proceso y su presente tienen una razón de ser. Es decir, detrás de todo lo vivido hay un plan perfecto.

Cada persona que conoce en la vida es como una hoja que enriquece su árbol: muchas se sueltan con el viento y otras no se desprenden jamás. Y, si por algún motivo, alguien quiere arrancarle a juro una rama, defiéndase con la sonrisa, manténgase fuerte con el silencio y gane la batalla con la indiferencia.

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LA INQUIETUD DEL DÍA

Las inquietudes asaltan con frecuencia a nuestro estado de ánimo. No obstante, con cada cuestionamiento tenemos una posibilidad más para afrontar un nuevo horizonte, ya sea razonando o aplicando sanas estrategias para el alma. ¿Cuáles son esos temores que lo afectan en la actualidad? Háblenos de ellos para reflexionar al respecto en esta página. Cuéntele su caso a Euclides Kilô Ardila al siguiente correo electrónico: eardila@vanguardia.com En esta columna, él mismo le responderá. Veamos el caso de hoy:

Testimonio: “Atravieso por muchos problemas y no sé cómo solucionarlos. Vivo sumergido en muchas situaciones difíciles y, en medio de tanto agite, me complico demasiado. Alguien me recomendó orar. ¿Usted cree que rezando puedo solucionar mis turbulencias? Espero que me pueda dar un consejo al respecto. Gracias”.

Respuesta: Vivimos en un mundo cada vez más atropellado, lleno de ocupaciones, atiborrado de apariencias y bombardeado de noticias que, en cierta medida, nos han alejado de la plegaria.

Sin embargo, debo decirle que la oración tiene mucho sentido y que, si es perseverante y la pronuncia con fe, se transformará para bien.

Para orar no basta con enunciar una retahíla a Dios, ni acostumbrarse a repetir mecánicamente algunos textos aprendidos de memoria. Es suficiente con entablar un diálogo íntimo con Él, que parta de su humilde corazón.

No es que con el solo acto de orar se le solucionen los problemas ‘en un dos por tres’; no obstante, usted verá las cosas más claras para actuar.

La oración lo debe llevar a comprometerse más en su vida y a ser más responsable con sus deberes cotidianos.

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Permítame sugerirle que eleve la siguiente oración, la cual reza así: Señor, le entrego con mucha fe los problemas que hoy tanto me afectan y me preocupan. Tómelos y deme la claridad y las fuerzas necesarias para encontrar las soluciones más convenientes a estas difíciles circunstancias.

Mis fuerzas no bastan para solucionar estas dificultades, por eso lo dejo todo en sus manos, de tal forma que mis afugias queden bajo control. Amén.

Publicado por: Euclides Kilô Ardila

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