Valentina Quiñonez Pico, elegida por Google para hacer sus pasantías, cuenta su historia de retos y logros.

Publicado por: Paola Esteban
Una llamada. “Hola, soy Natalia, de Google. Te voy a hacer una pregunta, no te asustes, vamos a a hacer “feedback” de todo lo que digas. Esto te sirve para tus experiencias futuras. De igual manera, que estés aquí es un gran avance, entonces siéntete bien”.
Y en seguida, la reclutadora de una de las empresas tecnológicas más grandes del mundo fue al grano: “¿tú cómo le darías a conocer un producto de nosotros a un anciano de 90 años que no tiene ni idea de la tecnología?”
Todo esto, en inglés.
Valentina Quiñonez había investigado. Un mes atrás, en septiembre de 2018, su papá, John, le había mostrado una noticia con la convocatoria de Google para jóvenes pasantes o internos, como la compañía les llama.
Los requisitos: saber inglés y estar en los últimos semestres de universidad.
Valentina se animó.
“Era consciente de que es un espacio muy competitivo, de que hay muchas personas buenas que también están deseando ingresar. La verdad, no esperaba mucho. Me dije: hagámoslo, pero sabía que el nivel era muy alto”.
Y esa es una de las claves que la ha llevado hasta donde está hoy: lista para ser pasante en las oficinas de Google en Bogotá, apenas a un paso de quedarse y escoger su traslado a cualquiera de las oficinas -muy creativas y diferentes, además- de este “gigante tecnológico”.
¿Quién no usa Google? Posiblemente los expertos en redes e informática que quieran saltarse las políticas publicitarias de la empresa, pero para el resto de los mortales, como suele decirse, los servicios de Google son la compañía más fiel: la mayoría de los celulares funcionan con base en un correo de Gmail.
Es por esto que el logro de Valentina no es pequeño y, por el contrario, resulta inspirador: es la confianza en sí misma, su perseverancia, la seguridad de que es el momento de las jóvenes de abrirse paso en el mundo y su mente creativa, pionera, lo que le dio la oportunidad de salir de Bucaramanga, una ciudad un poco más tradicional en materia de espacios laborales, para hacer parte de lo más avanzado del mundo, del futuro.
Para ella, el cielo no es el límite.
Camino al éxito
“Yo no estaba preparada para esa pregunta, sin embargo, Google me salvó”, dice Valentina entre risas.
Es seria y cada broma que dice parece más bien una afirmación que resulta sorprendente. Es sencilla, la humildad y el deseo de dar más en cada cosa que hace son dos de sus herramientas infalibles para ganarse a sus jefes.
Y a sus 22 años ya ha tenido varios.
Empezó su carrera vendiendo chocolates, luego viajó a Estados Unidos y vendió carros y, justo antes de presentarse a Google, estuvo trabajando en una clínica oftalmológica.
De hecho, las entrevistas virtuales con los reclutadores de Google debía hacerlas en su trabajo: pedía permiso y se encerraba para contestar las preguntas.
Una de ellas, ¿qué podía hacer con los datos que manejaba en la clínica oftalmológica?
“Les dije que en la clínica realmente no se hacía nada, pero que podían usarse para estudiar la población que atendía y las patologías más consultadas”, cuenta Valentina.
Esta respuesta, sin duda, llamó la atención de los reclutadores.
Precisamente, los primeros días de mayo de este año Google anunció que permitirá que los usuarios programen el borrado automático de datos de actividad tanto en la web como en las aplicaciones para garantizar así una mayor seguridad.
Este es uno de los temas que seguirá causando controversia en los últimos años y son los jóvenes creativos, como Valentina, los encargados de impulsar las estrategias que beneficien tanto a la compañía como a los clientes.
El proceso fue el siguiente: Valentina vio el anuncio de Google, llenó un formato en la página de la empresa y envió su hoja de vida. Luego, a través de correos electrónicos y dos llamadas trascendentales, comenzó la preselección.
La última llamada fue la más difícil. Durante 45 minutos, el reclutador, un español tranquilo, le preguntó qué experiencia tenía siendo líder, una de las cualidades que Google busca en sus empleados y pasantes.
“Me fui un tiempo para Estados Unidos y me inscribí en una escuela para aprender inglés. Y a la par trabajé en una compraventa de carros. Allí tuve que interactuar con gente de muchos países y esta experiencia me permitió ser líder, aunque no fuera la jefe”, cuenta Valentina.
Valentía se hospedó en la casa de una de sus tías en Nashville, estado de Tennessee, pero durante su estancia no viajó “en coche”. Precisamente, encontró este trabajo porque la situación económica lo requería.
“Para que tenga sus cosas, tiene que ayudarse”, le decía su tía. Sin duda, un impulso más para que Valentina puliera su recursividad: Nashville es lo que se ve en las películas, un lugar netamente americano con pocas personas que hablan español y con costumbres muy gringas.
La última pregunta de esa última entrevista tenía su truco: si tuviera un compañero y ambos estuvieran apurados por entregar su tarea, ¿lo ayudaría?
La respuesta de Valentina: si ambos trabajaran en lo mismo, sí. Si no, cada uno tendría que hacer lo suyo.
Lo que marca la diferencia
Lo más común es que las empresas le pregunten al aspirante por qué deberían contratarlo. Pero no para Google. Esta empresa no teme conocer las debilidades de sus pasantes.
“Les dije que no me deberían contratar porque mi inglés no es nativo y porque tengo un método de trabajo muy estructurado y de pronto eso podría incomodar a los miembros del equipo”, explica Valentina.
Miedo. Cualquier persona tendría miedo de contestar una pregunta que podría lanzar su sueños por la borda estando tan cerca de conseguirlos. Valentina lo tuvo, pero se arriesgó.
Le viene de familia. Su papá trabajó varios años para una compañía hasta que renunció para crear su propia empresa. En su infancia fue patinadora y eso fomentó su disciplina. Siempre está lista para afrontar nuevos retos y no se aferra, es libre.
Así es la mente de Valentina. Si tiene que explicar cómo es el color azul a una persona que no puede verlo, ella le diría que la sensación es igual a la de tocar el agua. Lo asoció al recordar lo aprendido en un curso de protocolo y etiqueta que le enseñaron en la universidad, con la que está muy agradecida por apoyarla en sus locas ideas.
Todo es importante para el cerebro de esta joven. Nada es desechable, ni vano. Piensa fuera del contexto, va más allá.
Tres cosas por las cuales recordaremos a Valentina -y que le preguntaron los reclutadores de Google-: escucha atentamente, responde aquello que se le pregunta y aunque se pone nerviosa, se toma su tiempo para elaborar una respuesta que sorprende. Sabe que es momento del “Girl Power”, la oportunidad para que las jóvenes muestren de lo que están hechas: grandes sueños que conseguirán con toda su inteligencia, con todo su ingenio.


















