Las Santandereanas
Martes 10 de junio de 2025 - 08:39 AM

“Quiero hacer región”: María Juliana Remolina Ordóñez

María Juliana Remolina Ordóñez lleva la región como sello de identidad y compromiso. Es gerente de la ANDI en Santander y presidenta del Comité Intergremial del departamento, roles que ejerce con determinación y una profunda vocación social.

Franz Rey/Vanguardia
Franz Rey/Vanguardia

Compartir

Con voz fuerte, transparente y la determinación que la caracteriza, María Juliana Remolina Ordóñez habla del privilegio de haber nacido en esta tierra como quien habla de una herencia indeleble. Nació en Bucaramanga, pero siempre rescata sus raíces familiares con San Gil, Barichara y El Socorro. Estuvo fuera del país por más de 10 años, pero sus objetivos han tenido siempre un mismo punto de partida: Santander.

Equipo, orden y planificación son los pilares que mueven su vida. El motor de sus dos grandes equipos: una familia de cinco y una mesa de trabajo en la Asociación Nacional de Empresarios de Colombia (ANDI), seccional Santander.

Hace aproximadamente un mes, María Juliana fue elegida como presidenta del Comité Intergremial de Santander para el periodo 2025-2026. En todos los espacios que lidera y protagoniza, su compromiso con el desarrollo de la región es inquebrantable.

“Soy quien soy gracias a mis raíces: nací, crecí y me formé en Bucaramanga, en el corazón de Santander. Y, por supuesto, gracias al respaldo de mi familia”, afirma con convicción. Su trayectoria, sus decisiones e incluso su rutina diaria están profundamente marcadas por esa certeza.

Franz Rey/Vanguardia
Franz Rey/Vanguardia

El valor y la templanza

Creció en Bucaramanga, pero sus vacaciones y buena parte de sus recuerdos familiares la transportan siempre a Barichara y San Gil, junto a sus padres, María Clara y Jorge, y su hermana Nathalia. Esas vivencias, junto al ejemplo de sus padres, formaron la base de su carácter.

“Crecí en Bucaramanga, pero también en la provincia de Guanentá. Todas mis vacaciones las pasaba con mis abuelos, mis tíos y mis primos, rodeada de familia. Tuve una infancia feliz, tranquila, llena de raíces. Me siento profundamente santandereana, y creo que llevar el nombre de mi región con orgullo a cada lugar al que voy es un verdadero privilegio”, narra con emoción.

Su carácter la deja en evidencia. Es una mujer fuerte, clara y transparente, como el acento que caracteriza a los hijos de esta tierra. Su templanza es una brújula constante en su vida profesional y personal. “Lo que ha marcado mi vida ha sido mi ciudad y mi familia. Siempre he creído que uno es, en gran parte, gracias a su tierra. Y para mí, Bucaramanga ha sido una huella profunda, una identidad que llevo con orgullo y que ha influido en quién soy y en cómo veo el mundo”.

A pesar de haber estado más de 10 años fuera del país, su acento y determinación son parte de su esencia. Inicialmente se formó en Canadá, donde estudió administración de empresas, motivada por el legado y trayectoria profesional de su madre.

Publicidad

“Mi mamá fue una gran empresaria y ejecutiva, siempre estuvo trabajando en el sector financiero. Mi papá también fue un gran ejecutivo”. Aunque una sonrisa tímida revela los recuerdos de una infancia atraída por las comunicaciones, hoy está convencida de que encontró el camino correcto. Ha construido una trayectoria sólida que le ha abierto puertas en sectores tan diversos como el financiero, el educativo, el de productos de consumo masivo, el de tecnología, el de servicios y en la banca de desarrollo multilateral.

“Tal vez no elegí la carrera que habría soñado, pero esa decisión me abrió un mundo de posibilidades. Mi actitud y forma de ser me permitieron fortalecer las habilidades necesarias para desarrollarme en entornos laborales diversos y retadores”, afirma.

Vivió en Canadá, Francia, Bélgica y Estados Unidos. Pero aún en medio de sus proyectos, Remolina Ordóñez sabía que su historia tenía un giro pendiente. “Siempre supe, en el fondo de mi corazón, que iba a volver”. Admite que uno de sus más grandes deseos es devolver a Santander un poco de todo lo que ha recibido.

Franz Rey/Vanguardia
Franz Rey/Vanguardia

Un trayectoria con propósito

La oportunidad de regresar llegó en 2011. “Volví con un proyecto del Banco Interamericano de Desarrollo, en alianza con una empresa colombiana llamada Lumni. Creo que fue el gancho perfecto, porque Lumni trabaja con población vulnerable y en temas de educación, un ámbito que me apasiona profundamente”, relata María Juliana.

Su regreso al país tomó un nuevo rumbo que culminó con su nombramiento como gerente de la ANDI en Santander. Ya son seis años de trabajo en los que articula esfuerzos con el sector empresarial, la academia y el gobierno. A través de ese rol, María Juliana ha impulsado proyectos en los que expone con firmeza la competitividad regional.

“Santander tiene unas oportunidades muy marcadas. Somos una región con un capital humano impresionante. Tenemos gente maravillosamente formada, y eso tenemos que aprovecharlo. No podemos seguir permitiendo la pérdida de talento. Debemos continuar generando oportunidades competitivas y fortaleciendo nuestros sectores empresariales”.

Quote start

Tenemos que liderar con propósito, generando empatía y encontrando espacios de articulación, sin perder la autenticidad y la sensibilidad.

Quote end
María Juliana Remolina Ordóñez, gerente ANDIi en Santander.

Publicidad

Familia: su principal motor

En su rol como madre y esposa es igual de contundente. Su familia es su pilar más valioso. Volvió a Bucaramanga junto a su esposo, Juan Pablo Bohórquez Nassar, empresario del sector cafetero y sus dos hijos mayores: Emma y Bruno. Hace casi dos años se sumó Braulio. “Siempre supe que quería ser mamá, nunca lo puse en duda, pero también siempre supe que quería trabajar. Pero no es fácil encontrar el balance”, enfatiza.

El regreso a la gerencia de la ANDI luego de su tercer hijo dejó en evidencia el reto que enfrentan las mujeres al retomar su vida profesional. “Regresé de la licencia de maternidad sintiéndome completamente desconectada. No me sentía útil, ni siquiera inteligente. Era como si no pudiera coordinar nada; mi mente estaba en otro lugar, a otro ritmo. Es un momento muy desafiante. Y en ese proceso, la empatía del equipo y el respaldo de la empresa hacen toda la diferencia. Que la organización comprenda que estás atravesando una etapa de transición, que te brinde el tiempo, el espacio y el acompañamiento para retomar tu rol poco a poco, es invaluable”.

El trabajo en equipo ha sido fundamental. Y entre sonrisas, confiesa que una organización casi milimétrica, también ha sido clave. “Encontrar el equilibrio no es fácil. Suena sencillo, pero lograrlo requiere dos elementos esenciales: equipo y estructura”, afirma. “Mi esposo y yo somos verdaderos coequiperos, en la casa y en la vida. Y en lo profesional, tengo la fortuna de contar con un equipo extraordinario, en cual confío plenamente. Además, soy extremadamente organizada: todo lo planeo, lo agendo, lo marco”. Para ella, también es fundamental transmitir valores como el respeto, el amor y la empatía a sus hijos, “eso es indispensable”.

Vivir en Bucaramanga hace posible ese balance. “Santander tiene algo muy preciado que no tienen muchas otras regiones: el tiempo. Aquí el tiempo alcanza relativamente para todo”.

Publicidad

Franz Rey/Vanguardia
Franz Rey/Vanguardia

Una mujer de esta tierra

En un departamento donde las mujeres han ganado visibilidad en múltiples escenarios, María Juliana Remolina representa una generación que ha entendido que el liderazgo se construye con disciplina, visión y sensibilidad.

Hace un recuento de su historia con una urgente necesidad de trabajar por su departamento. Siempre está hablando del potencial de Santander, de su proyección y las tareas por hacer, pero cuando le preguntan cómo se proyecta en 20 años, su respuesta demuestra su convicción de trabajar por Santander.

“Me encantaría que mis hijos me recordaran como una madre presente, amorosa y dedicada, que supo acompañarlos en cada etapa de su vida. También quisiera que dijeran que fui una santandereana berraca y comprometida, que trabajó con pasión por el desarrollo de su región. Mi mayor deseo es dejar un legado, y confío en que, con lo que hago hoy, ya estoy empezando a construirlo”. Con su trabajo y legado, seguro pasará en poco tiempo.

Publicidad

Publicidad

Noticias del día

Publicidad

Publicidad

Tendencias

Publicidad