Las Santandereanas
Martes 04 de noviembre de 2025 - 11:36 AM

La gaita en clave de mujer: Bucaramanga escucha a Gaitabunyí

Desde hace cuatro años, esta agrupación de seis mujeres en Santander abrió camino en un territorio con pocos referentes femeninos de gaita. Y Este lunes 10 de noviembre socializarán sus nuevas canciones a las 5:00 p.m. en el auditorio Jorge Zalamea de la UIS.

La gaita en clave de mujer: Bucaramanga escucha a Gaitabunyí. Foto JM/suministrada/VANGUARDIA
La gaita en clave de mujer: Bucaramanga escucha a Gaitabunyí. Foto JM/suministrada/VANGUARDIA

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Publicado por: PAOLA ESTEBAN C.

La tarde en Bucaramanga también huele a mango maduro y a tambor que se repite. En una sala seis mujeres despliegan sus instrumentos con ceremonia y cariño. Sobre la mesa, una gaita hembra y una gaita macho. Entre las manos, la certeza de que algo ancestral se sostiene y se renueva. Están aquí para hacer memoria.

“Buscamos esa fusión entre la tradición y la transformación social”, dice Johana Dulcey. Bióloga de formación, gaitera por convicción y compositora por necesidad interna.

En 2021, junto a otras mujeres, decidieron tocar lo que, históricamente, han tocado los hombres. Decidieron hacerlo en Santander, donde había pocos referentes de agrupaciones femeninas de gaita tradicional. Y decidieron no pedir permiso.

Así nació Gaitabunyí: gaita + abunyí, que en lengua kogi significa mujer.

Una declaración desde el nombre. Un anclaje territorial y espiritual a lo que muchas veces se olvida: que la gaita viene de pueblos indígenas, de mujeres que han cuidado los ciclos, los cuerpos, las semillas y las músicas sin que nadie se los reconozca.

“Somos la primera agrupación femenina de gaita tradicional en Santander”, han dicho en ferias, entrevistas, encuentros. Lo dicen porque saben que nombrarse es, también, abrir camino.

Su propuesta musical no es solo sonora. Cada interpretación se plantea como un acto de memoria para decir: nosotras también estamos aquí, resistimos, soñamos.

Gracias al apoyo de la Gobernación de Santander y su programa Cultura con berraquera, recientemente grabaron tres canciones que, como todo lo que hacen, buscan conmover.

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La primera se titula “¿Cómo llegué aquí?”. Una pregunta sin respuesta cerrada.

Un lamento que se convierte en canción para mujeres que han vivido violencia sexual. Johana la compuso desde las entrañas, pensando en todas las que nunca pudieron decirlo, en todas las que no encontraron un lugar seguro para hacerlo. La canción no se victimiza. Abraza. Acompaña. Formula preguntas imposibles y las vuelve versos, las vuelve gaita, las vuelve tambor.

Johana Dulcey, Gaita hembra y directora de Gaitabunyí.  Foto Milsen Amaya/ suministrada/VANGUARDIA
Johana Dulcey, Gaita hembra y directora de Gaitabunyí. Foto Milsen Amaya/ suministrada/VANGUARDIA

Luego viene “Lo que canto”, que no narra heridas, sino elecciones. Una canción de afirmación, de libertad. “No tengo que explicar mi vida”, parece decir cada estrofa.

La gaita no suena aquí como un eco de la nostalgia, sino como un grito de presente: tengo derecho a desear, a moverme, a decidir.

Esta pieza se conecta con otra de sus canciones anteriores, “¿Quién te dijo?”, una crítica suave pero firme a las voces que dictan cómo debe comportarse una mujer. Madre, cura, jefe, Estado. La tercera canción, “Lento el caminar”, es otra cosa. Es una invitación. A bajar la velocidad, a escuchar los ciclos de la tierra, a dejar de correr. A vivir. Hoy empujamos, exigimos, explotamos, pero esta canción es una pausa que sostiene la vida.

Sus notas tienen algo de viento de montaña. Su tempo es el de las mujeres que han aprendido a resistir sin perder la ternura.

Es que lo que hace esta agrupación no es solo tocar. Es preguntarse, es investigar, es construir comunidad.

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La gaita en clave de mujer: Bucaramanga escucha a Gaitabunyí. Foto Jen Pe/ suministrada/VANGUARDIA
La gaita en clave de mujer: Bucaramanga escucha a Gaitabunyí. Foto Jen Pe/ suministrada/VANGUARDIA

No desde la nostalgia, sino desde la necesidad. Estudian, investigan, crean. Saben que la gaita es un instrumento mestizo, con raíces indígenas, africanas y campesinas. Saben que tocarla en clave de mujer, en clave santandereana, en clave política, es más que un acto estético. Es una toma de la palabra.

Y esa palabra, hecha de gaita, de tambor, de respiración, ha comenzado a circular. Han pasado por el Encuentro de Gaitas del Oriente Colombiano, el Festivalito Rüitoqueño, ferias del libro, escenarios comunitarios. Para entretener y para invitar a pensar. Para decir: la música también es un lenguaje de derechos.

Gaitabunyí ofrece su propia mezcla de pedagogía, sanación, memoria y tradición.

Por eso no es raro verlas en escenarios tan distintos como Ulibro o una jornada donde se examina el derecho, el género y la música. Donde se hable de justicia, de reparación, de ternura organizada, ellas caben.

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Hay quienes piensan que la tradición es una foto vieja que se guarda en un álbum, que la tradición es una semilla, y que hay que regarla, confrontarla, poner nuevos nombres.

En sus manos, la gaita no solo canta: pregunta, abraza, incomoda, sana. Y eso, en un país como el nuestro, ya es una forma de justicia.

Publicado por: PAOLA ESTEBAN C.

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