Desde este 4 de septiembre, El Conjuro 4: Últimos Ritos está en cartelera en Colombia y Latinoamérica. La película combina fenómenos paranormales basados en hechos reales con un drama familiar que cierra la historia de los Warren.

El cine de terror se despide de una de sus franquicias más icónicas de la última década. El Conjuro 4: Últimos Ritos llegó este 4 de septiembre a las salas de cine en Colombia y Latinoamérica, convirtiéndose en el cierre definitivo de la historia que marcó a los fanáticos de este género cinematográfico desde 2013.
Y una historia real, como en las entregas que la anteceden, inspiró su realización. Allí se mantiene el mismo estilo: Ed y Lorraine Warren, protagonizados por Vera Farmiga y Patrick Wilson, deben resolver un caso que tiene paralizada a la familia Smurl, quienes en los años 70 se mudaron a un apartamento en West Pittston, Pensilvania, donde el comienzo de su nueva vida estuvo marcada por sucesos paranormales que cada vez se volvían más intensos.
Al inicio, los fenómenos parecían inofensivos: herramientas que desaparecían, luces que se apagaban solas o ruidos sin explicación. Hasta que empezaron a sentir fuertes olores a azufre, se manifestaron golpes en los muros y percibieron sombras que atravesaban los pasillos. Lea también: Cuerpo de bolero, sombra de cuchillo: en Bucaramanga se presentará un díptico de la compañía MuDanza
Lo que en un principio parecía una simple vivienda embrujada, derivó en agresiones físicas y, según la familia, en abusos sexuales cometidos por las fuerzas oscuras.
Una lección humana y familiar tras los sustos
Para Peter Safran, productor de la película, más allá de asustar, las películas que comprenden este universo son un comentario sobre la condición humana en sí misma. Porque en medio de todo, considera necesario conmover a los espectadores de manera genuina.
“Si podemos asustarlos y hacerlos llorar, tendremos un verdadero triunfo. Michael Chaves tomó eso muy en serio, y creo que hizo una película hermosa que, incluso si le quitaras los sustos, seguiría siendo un increíble drama familiar”, dijo.
Ese componente emocional se manifiesta con fuerza en la historia de Judy Warren, la hija de Ed y Lorraine, a quien el público conoció como una niña y que ahora aparece ya adulta, enamorada y comprometida. Safran resalta que este arco narrativo permite explorar un tema universal: el reto de dejar ir a los hijos.
“Es muy conmovedor mostrar cómo los padres deben confiar en que han dado a sus hijos las herramientas emocionales e intelectuales para enfrentar la vida, aun sabiendo que no podrán protegerlos siempre. Eso conecta profundamente con la audiencia, porque todos reconocemos ese dilema”, explica.
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A este trasfondo se suma el hecho de que Ed y Lorraine están en las etapas finales de su recorrido como investigadores paranormales. Ed atraviesa problemas de salud y las experiencias vividas han cobrado un alto costo en Lorraine. Ambos contemplan la posibilidad de retirarse, conscientes de que también deben empezar a cuidarse a sí mismos. Sin embargo, su bondad innata les impide apartarse: si hay alguien en necesidad, sienten la obligación de estar allí.
La dirección está nuevamente en manos de Michael Chaves, quien ya había tomado las riendas en El Conjuro 3: El Diablo me obligó a hacerlo (2021).Y las primeras reacciones ya han determinado que esta película cumple con lo esperado: cerrar la historia con un capítulo intenso, aterrador y emotivo, digno del legado que inició James Wan en 2013.












