La apendicitis en niños es una urgencia frecuente. Su único tratamiento es la cirugía y requiere diagnóstico médico temprano para evitar complicaciones.

Publicado por: Información suministrada
Antes de hablar sobre la apendicitis en niños, recordemos que el nombre científico del apéndice es apéndice vermicular, por su parecido a una lombriz (vérnix). De ahí proviene su nombre.
Se discute mucho sobre su origen. Se sabe que, desde la aparición de los mamíferos rumiantes, hace más de 200 millones de años, apareció también el apéndice. Es un “dedo” ubicado en la unión del intestino delgado (íleon) con el grueso (colon), específicamente en el ciego.
Se dice que en aquellos tiempos funcionaba como un reservorio de gran capacidad, donde los mamíferos herbívoros almacenaban semillas para las épocas de ayuno y hambruna. Con el tiempo, se fue adelgazando y reduciendo.
Sin embargo, en realidad las cosas no son tan claras. Los seres invertebrados no tienen apéndice, y tampoco lo poseen muchos vertebrados como los peces, reptiles y aves. Podría pensarse que esto se debe a que sus dietas son muy diferentes a la nuestra.
Pero incluso entre los mamíferos —que, vale recordar, aparecieron hace 200 millones de años— hay diferencias: perros, gatos, caballos y rumiantes carecen de este órgano, como si evolutivamente fuesen seres más avanzados que nosotros. Aun así, otros mamíferos, dentro de sus propias especies, pueden tenerlo o no, como ocurre en marsupiales y roedores.
Hoy sabemos que este órgano cumple funciones de defensa, ya que es linfoproliferativo (como el bazo o los ganglios). Cada vez más se le atribuye un papel como depósito de “bacterias buenas”, útiles para favorecer la absorción de proteínas y vitaminas, como el complejo B, entre otras. Aunque cumple estas funciones, no es un órgano vital: al extirparlo, otros órganos suplen su trabajo sin que ocurra nada grave en el organismo. Lea también: “Corazón de fiesta”: el riesgo de entrenar tras una noche de tragos
La apendicitis debe ser diagnosticada únicamente por personal de salud, principalmente médicos, y en las primeras horas de la enfermedad.
El diagnóstico se basa en la historia clínica referida por los padres y en el examen físico. Por eso no se deben administrar medicamentos antes de la valoración médica. En ocasiones se utilizan ayudas diagnósticas por imágenes, pero los exámenes de sangre no confirman la enfermedad.
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El único tratamiento posible es quirúrgico, con buen pronóstico si se consulta a tiempo. En ocho días, el niño puede retomar sus actividades escolares y, al mes, estará completamente reincorporado a su vida cotidiana.

¿Cuándo y por qué se presenta la apendicitis?
La apendicitis aparece cuando se obstruye la irrigación del apéndice por causas externas o internas. Es importante aclarar que no ocurre por comer semillas de granadilla, como se cree popularmente.
Se presenta con mayor frecuencia en épocas de frío, cuando los resfriados hacen que el sistema de defensa de los niños esté más activo. En esos momentos, los ganglios linfáticos aumentan de tamaño en varias partes del cuerpo, incluyendo el intestino.
Estos ganglios (adenitis mesentérica) pueden obstruir los vasos que irrigan el apéndice. Como dentro de este órgano hay material orgánico, la falta de riego sanguíneo provoca que las bacterias allí presentes se multipliquen, ocasionando la muerte del tejido. Esto lleva a la apendicitis que, si no se trata a tiempo, puede derivar en perforación, peritonitis, sepsis e incluso la muerte.
Se estima que aproximadamente el 7 % de la población ha tenido o tendrá apendicitis en algún momento de su vida. En los niños puede presentarse desde el nacimiento (casos raros) hasta la pubertad. Su mayor frecuencia está entre los 5 y 12 años, con un pico entre los 7 y 10. Le puede interesar: Violencia adolescente, lo que nunca discutimos
Síntomas de apendicitis
Casi nunca un cuadro de apendicitis es igual a otro. En cada niño puede presentarse de forma diferente. Lo que aquí se describe son los síntomas más comunes, pero no debe usarse como guía para que los padres diagnostiquen la enfermedad. Esa tarea corresponde únicamente a los médicos, no a las droguerías, abuelas, tías ni familiares que comparan con experiencias previas.
El diagnóstico definitivo lo hace solo el cirujano pediatra, apoyado por médicos generales o pediatras, y en ocasiones con estudios de imagen como ecografía o TAC.
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La enfermedad suele comenzar sin fiebre, con una molestia o dolor leve en el abdomen, a nivel de la boca del estómago o el ombligo.
En el transcurso de las horas, el dolor se desplaza hacia la parte baja y derecha del abdomen. Los padres notan que, durante la noche, el niño se queja de un dolor sordo, más parecido a una molestia que a un dolor agudo, lo que puede confundirse con una indigestión (“porque ayer estuvo en una piñata y comió muchos dulces”).
Posteriormente aparecen el vómito y la falta de apetito, lo que confunde aún más. Entre las 12 y 18 horas surge fiebre, no muy alta, generalmente entre 38 y 38.5 °C, rara vez cercana a 39 °C.
El dolor es el síntoma constante de esta enfermedad. No desaparece desde que se instaura hasta que se opera. Por ello nunca deben administrarse analgésicos sin indicación médica. El dolor aumenta de manera progresiva, sin ser súbito ni en cólicos, hasta volverse intolerable.
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En ese momento, el niño debe ser llevado al centro médico, donde será valorado por un médico general. Si hay sospecha de apendicitis, pedirá exámenes de sangre para que el pediatra los revalúe y decida.
Automedicar con analgésicos o antibióticos puede modificar la forma de presentación de la enfermedad y confundir al médico. Un examen físico alterado por medicamentos puede llevar a descartar erróneamente la apendicitis, con el riesgo de que el niño regrese después con una peritonitis.
Por esta razón, los niños deben ingresar al centro médico dentro de las primeras 12 horas. Allí se decidirá si el cuadro es compatible con apendicitis y se llamará al cirujano pediatra, o si el niño queda en observación sin medicación, salvo líquidos endovenosos. Si persisten dudas, puede solicitarse una ecografía, aunque no siempre es concluyente. En última instancia, es el cirujano quien define el manejo. Le recomendamos leer: Bucaramanga será sede de congreso internacional de medicina
Tratamiento
El único tratamiento actual para la apendicitis es la cirugía. Quizá en el futuro esto cambie, pero hoy en día la única opción es quirúrgica.
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Hace algunos años era considerada una cirugía mayor, con largas hospitalizaciones. Hoy, gracias a diagnósticos más rápidos y al uso de antibióticos más efectivos, se trata de una cirugía de corta estancia.
Si se interviene en las primeras horas, el niño puede ser dado de alta en menos de 24 horas. En cambio, cuando la cirugía se realiza de manera tardía o con complicaciones como peritonitis por ruptura del apéndice, la intervención es más compleja y el periodo de recuperación puede extenderse entre 8 y 10 días, incluso con necesidad de cuidados intensivos en casos graves.















