Rosbeth Garza conserva 5.000 orquídeas, endémicas de Santander, Colombia, e incluso de América del Sur y Asia. Busca protegerlas y hasta cultivarlas en laboratorio para repoblar sus hábitats naturales.

Las hay de mil colores. Diminutas que crecen en las hojas. Otras que sobreviven en la corteza de los árboles. También hay unas que atraen a los polinizadores a su interior para cubrirlos de polinios. Están las que parecen hacer una oda al amor. Incluso algunas arropan extrañas criaturas dentro. Unas se encienden de noche, otras tantas de día. Son las reinas. Al menos en esta vereda de Santander, las orquídeas son las reinas de las flores. Hay un universo detrás de ellas. Va más allá del injusto título que les han acreditado: las más temidas de cuidar.
La historia de cada una de las más de 25.000 especies de orquídeas que decoran el mundo cautivó a Rosbeth Garza. Hace cinco años se enamoró de una de ellas: Stellilabium andinum. Posaba coquetamente a orillas del río Frío, a 20 minutos de donde construyó su santuario. Desde ese entonces decidió honrarlas. Hoy atesora 5.000 orquídeas en la tierra que lo vio nacer. “Todos mis sueños y mi vida, mis proyectos, permanecen aquí, no sueño con salir de acá”. Lea también: La ruta para descubrir el tesoro del aviturismo en Betulia, Santander

Este orquideólogo llegó a ellas gracias a sus labores en el campo. Aunque su familia ha dedicado su vida a la agricultura, la que creyó que sería también su labor, aquella planta despertó en él una curiosidad que transformó su vida. “Nunca pensé en cuidar flores”, confiesa, mientras recuerda que, como muchos hombres de su región, soñaba con trabajos más convencionales. Allí cambió su perspectiva. “Jamás había pensado que unas plantas tan pequeñas podían estar en un árbol, que podía haber tantas formas”.
Lo que empezó como un pasatiempo con 10 o 20 orquídeas, se convirtió en una colección diversa y extensa. Su orquideario se iba haciendo cada vez más pequeño para tan magna labor. Fue entonces cuando decidió crear un espacio donde la biodiversidad floral de la región encontrara refugio. Son más de 5.000 plantas repartidas en dos invernaderos. Alrededor de 600 a 700 especies de orquídeas, de las cuales 400 son colombianas, y el resto provienen de Venezuela, Ecuador, Perú, Brasil y Asia. Le puede interesar: Ecoturismo en Santander: 15 razones para visitar los Pozos Canoas

Colombia es el país con más orquídeas del mundo, posee más de 4.500 especies.
Su encanto por las orquídeas tiene una fuerza aún más grande que su belleza: la conservación. Aunque hace cinco años Rosbeth no sabía nada, o casi nada, de ellas, con el apoyo y guía de un primo, quien lleva 17 años cultivándolas, comenzó a aprender. Luego llegaron los biólogos y tomó vida su proyecto: Orquídeas Santurbán. Se trata de un centro independiente de conservación y preservación de orquídeas.
Rosbeth ha desarrollado un enfoque pedagógico que le permite guiar a las personas sobre cómo cultivar estas plantas en casa, adaptándose a diferentes climas y alturas. “Las Cattleyas, por ejemplo, prosperan en climas cálidos, mientras que las Phalaenopsis pueden florecer durante meses en interiores”, sentencia mientras repasa el santuario de 10 metros de largo, por cinco de ancho. En donde cada ejemplar está ubicado en el lugar correcto, en el espacio donde reciben la cantidad de luz y humedad exacta. El santuario en el que se sabe mover hasta con los ojos cerrados. Además: Santander: un destino cinematográfico

Un ojo inexperto no podría admirar ni la mitad de los detalles que este apasionado santandereano cuenta mientras se pasea con soltura entre ellas. Las admira y muestra como un padre orgulloso. Por tanto, también las defiende.

Santander es el sexto departamento con mayor número de especies de orquídeas. Alberga aproximadamente 662, de las cuales son endémicas 129, de acuerdo con los datos del Sistema de Información sobre Biodiversidad de Colombia.

Materos: la amenaza latente
La deforestación, la transformación o destrucción de sus hábitats y el exterminio de sus polinizadores son las principales amenazas actuales.
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Uno de los desafíos más grandes de esta zona de Santander es la extracción ilegal de orquídeas de sus hábitats naturales, una práctica que ha llevado a muchas especies al borde de la extinción. La Cattleya mendelli, endémica de Santander, la protagonista del proyecto de Rosbeth, es una de las más atacadas.
“Nosotros los llamamos materos. Van al campo, las extraen y las venden, sin tener en cuenta las consecuencias devastadoras para los ecosistemas”. No se pierda: Dmonte Puro Cacao: la historia del cacao transformado por una santandereana “guardiana”
El laboratorio de Rosbeth juega un papel crucial en este esfuerzo de conservación. Al propagar especies de manera controlada, pueden reducir la presión sobre las poblaciones, asegurando que las orquídeas se mantengan en sus hábitats naturales. Este proceso, aunque complejo, es vital para la preservación de especies como la Cattleya mendelii, endémica de Santander y particularmente vulnerable debido a la extracción ilegal.
“Lo que nosotros tratamos de hacer es reproducir in vitro para que, a futuro, si llegamos a vender una planta, la persona esté totalmente segura de que no está afectando el medio ambiente”, explica.
Rosbet Garza es consciente de que, para garantizar la supervivencia a largo plazo de estas plantas que germinan en su laboratorio, es necesario encontrar un lugar seguro donde puedan prosperar sin la amenaza de la extracción ilegal. Señala que Parque Nacional Natural Serranía de Los Yariguíes sería la mejor opción para la Cattleya mendelii, para preservar la riqueza natural de Santander.
Entre tanto, a través de redes sociales continúa sembrando una semilla de lucidez en aquellos que se enamoran de los colores y formas. “Si usted no tiene las condiciones para cultivarla, es mejor que no lo haga”.
















