Este complejo de 15 maravillas naturales capturan la esencia del ecoturismo. El agua cristalina, las imponentes cascadas, y la posibilidad de ‘pajarear’ lo convierten en un destino ideal para seguir turisteando por Santander. Solo necesita darse una escapada, una inversión mínima y ser responsable con la protección de la naturaleza.

“Armamos convite, montamos un sancocho y vinieron unos familiares para ayudarnos a marcar el sendero para llegar a los Pozos Naturales Canoas”. La belleza está en los ojos de quien la mira. Arbey Silva sabía que la naturaleza había sido generosa con la Finca Cinco Estrellas.
Hace 12 años cuando fue reubicado con su familia, y 14 más, en el sector Panorama, en la vereda Lisboa, en Lebrija, Santander, la exuberante vegetación susurraba a su oído, pero solo hasta hace seis años descifró el mensaje. Fue imposible acallar el canto de los pájaros y el agua chocando con las rocas y formando grandes pozos a su antojo. El ecoturismo, aviturismo y la preocupación por cuidar de su entorno lo llevaron a torcer los renglones de la historia.
Arbey Silva es el presidente de la junta de esta comunidad que hoy está conformada por 26 familias. El encargado de la Finca Cinco Estrellas y líder social. Un santandereano de 31 años que en 2018 se encaminó por las montañas lebrijenses para ofrecer una ruta turística en la que el principal atractivo son 15 pozos naturales. Jacuzzis, los llaman los turistas. Es un sistema de pozos con vista directa al embalse Topocoro, el espejo de agua de más de 7 mil hectáreas, ubicado en inmediaciones de la Serranía de los Yariguíes. Lea también: La ruta para descubrir el tesoro del aviturismo en Betulia, Santander

Aunque Lebrija posee poca extensión sobre el espejo de agua, la vereda Lisboa fue premiada por la riqueza de las verdes tierras. Panorama se lleva una de las vistas más privilegiadas. Además de un espacio dentro del proyecto liderado por Isagen y Biótica Consultores: aviturismo comunitario. Arbey y otros habitantes de la comunidad llevan varios meses capacitándose para guiar recorridos en la naturaleza.
Este proyecto representa no solo una oportunidad de transformación sino también una razón poderosa para quedarse en sus territorios, trabajar para su conservación y tener una fuente de sustento. Le puede interesar: Parque Bavilú: el sueño de una santandereana que transforma a Zapatoca
Los senderos, que tienen como componente fundamental el turismo de naturaleza, aviturismo, aventura y memoria, son una historia que espera ser contada. Hoy son territorios donde la riqueza natural arrasa con los vestigios que pudieron quedar tras años violencia y masacre.

El terreno empinado, que al principio para algunas familias de las que llegaron con Arbey al territorio parecía ser un obstáculo, se reveló como un paraíso, una razón más para turistear por Santander, el departamento de la riqueza, en el país de la belleza.
“Cuando llegamos, para muchos de los productores o familias que venían, esta finca no era la más llamativa debido a su geografía porque es muy inclinada. Es muy pendiente por el lado que nos da vista al embalse y por la parte de los pozos naturales. No le veían el potencial para el tema de agricultura”.
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Las familias de El Tablazo, la vereda que quedó sepultada por el inmenso espejo de agua, traían la idea de continuar con los cultivos de mandarina, naranja, limón tahití, cacao, aguacate, plátano, yuca. Sus cultivos era la forma en que vivían. Pero el turismo comunitario abrió un camino más amplio.
“A tabaquito y medio”
Con suerte, y si la lluvia no ha hecho de las suyas horas antes, es posible disfrutar de aguas cristalinas. Verdes. Azules. Con unos tonos tornasol envidiables.
Desde la entrada de la finca, es una caminata de 15 minutos para quienes ansían darse un clavado en el Pozo el Perezoso. Es el primero de todo el circuito. El nombre está lejos de definir la belleza y tranquilidad que transmite el agua al caer. Arbey asegura que se trata solo un reto para los turistas. Si juegan con su mente seguramente se van a sentir motivados, u obligados, a llegar hasta el último. En cualquiera de los dos casos, este es el punto en el que se emprende un camino de “tabaquito y medio”. Casi dos horas de senderos en donde la Quebrada El Manantial se abrió camino. La bajada es rápida, disfrutable. El regreso un tanto retador. Pero la Cascada Mariposa, de más de 25 metros de altura, recompensa el esfuerzo. Además: Video: Así es volar sobre el Cañón del Chicamocha, en Santander
A paso de pajarero pueden ser hasta tres o cuatro horas. Ellos están dispuestos a ‘percharse’ en las faldas de la montaña a esperar fotografiar alguna de las aves que viven en la vereda. Él ya ha podido registrar 144 especies. El potencial es de 200. Esta es una de las razones por la que la ruta no es la misma nunca.
“Podemos encontrar especies como el Habia gutturalis. El Heliothryx barroti, un colibrí, se ve también muy a menudo acá en la finca”. Además del Onychorhynchus coronatus, o mosquetero real, que aunque él no ha avistado, los biólogos que acompañan la consolidación de esta ruta de turismo sí lo han registrado.
“Eso es bonito. Dan ganas de seguir bajando a buscar esas especies que uno aún no ha podido observar, pero que se sabe, según los listados, que se encuentran en la zona”, expresa.

Arbey ha hecho este recorrido un centenar de veces. Desde muy pequeño. Esto hacía parte de una tradición familiar acentuada no solo en su familia sino en la de muchas comunidades campesinas que, solo años después de disfrutar de la naturaleza han visto en ella el potencial.
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“Esto es algo que ha pasado de generaciones de generación. Me acuerdo que bajar a esos pozos a bañarse era una costumbre que normalmente tenían las familias, en la mía lo hacíamos. El sendero para bajar era por otra finca, no había un camino fijo, sino que por ahí uno buscaba la forma de llegar a los pozos y disfrutar un rato con los primos”. Y pensar que hay turistas que viajan desde otros países, incluso continentes, para disfrutar de estos paisajes que, para muchos en Lebrija fueron su patio de juegos durante su infancia.

¿Es entonces el turismo comunitario la capacidad de detenerse, mirar con atención y entender que aquello que algunos han tenido desde siempre, para otros es un primer vistazo a la maravilla de la naturaleza? De lo que sí hay certeza es de que se trata de un compromiso y trabajo arduo. Para Arbey empezó como “una chispita”.
“Le dije a mi papá que porqué no empezamos a ofrecer visitas a los pozos. Le dije que miráramos desde nuestra finca como podríamos adecuar (el sendero) para empezar a promocionar. Invitamos a unos familiares que nos colaboraran para arreglar el sendero, recuerdo que hicimos un sancocho”.

Caminantes, ciclistas y agencias de viaje. Fueron llegando uno a uno. Todos con la ilusión de disfrutar un día de adrenalina, y cerrar la tarde con un espectáculo. Ese momento en el que el sol derrama su luz naranja sobre el embalse Topocoro, iluminando las copas de los árboles y creando una escena de postal, que se puede tomar desde la zona de camping, ubicada dentro de esta finca, sin duda, con más de cinco estrellas.
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¿Cómo llegar a los Pozos Naturales Canoas en Lebrija?
Para llegar al circuito de pozos, debe tomar la ruta que de Bucaramanga conduce a Lebrija. La finca está ubicada dos kilómetros después de la Y de Lisboa, por la vía que conduce a San Vicente de Chucurí. Durante el camino encontrarás los letreros guía para llegar al balneario y campamento ecológico. Sin embargo, la ruta completa está disponible en Waze o en Google Maps.
¿Cuánto cuesta?
El ingreso a los pozos naturales cuesta 8 mil pesos.
¿Hay hospedaje?
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El hospedaje es de un centenar de estrellas. Los guías locales han adecuado un área de camping en la que además se puede disfrutar de la espectacular vista al embalse Topocoro. Cuesta 18 mil pesos e incluye ingreso a los pozos naturales y póliza de seguro.
¿Qué comer?
La oferta gastronómica es lo que menos preocupa a los viajeros de Santander. En cualquier cocina local están listos para servir una carne fresca hecha en parrilla alimentada por leña, o un trozo de semi oreada, si prefiere las especialidades de la región. Pero también hay pechuga, lomo de cerdo, sobrebarriga, chatas, gallina asada, mojarra roja, trucha. Por supuesto, acompañada de unos tajos de yuca, de las mejores que hay en el país; ensalada, granos y arroz. En la Finca Cinco Estrellas los precios varían entre los 20 y 27 mil pesos.

















