Sobrevolar el Cañón del Chicamocha es adentrarse en una experiencia única. Enfrentar la adrenalina y el asombro. Un vuelo en parapente ofrece una perspectiva majestuosa de este imponente accidente geográfico, revela vistas espectaculares que solo el cielo puede ofrecer.
¿Lista? Me pregunta Saviani Arguello, un piloto sangileño con más de siete años de experiencia. Antes de que pueda decir que no, como consecuencia de los nervios que se conflictuan con la adrenalina que siento, me indica que arranca nuestra carrera contra el viento.
“Siempre en dirección contraria. El parapente no necesita ni de viento ni de aire caliente para volar. Solo planea”, se repiten en mi mente los datos que segundos antes otro piloto, Alejandro Olarte, que tiene más de 20 años de experiencia volando, había contando al grupo de turistas. Y quien también resaltó nunca haber tenido que usar el paracaídas de emergencia que llevan siempre, por seguridad y reglamentación. Tomo la rápida decisión de no preguntarle a Saviani si él si ha tenido que usarlo alguna vez y empiezo a caminar.
“Corre”, dice cuando nos acercamos al borde de la montaña. Sin darme cuenta ya estoy corriendo en el aire. En seis segundos abandonamos la pista, ubicada a 1.747 m.s.n.m. y un desnivel de 1.200 metros al río Chicamocha. En el voladero dos ventanas, en la vereda San Pedro, en Aratoca, Santander. Lea también: Arme plan: estas son las fincas cafeteras que puede visitar en Santander
En el segundo siete la adrenalina abandona mi cuerpo para dar paso a las preguntas y la calma.
¿Qué es el Cañón del Chicamocha? La respuesta rápida y técnica: “un accidente geográfico perteneciente a la cordillera oriental de los andes colombianos. El resultado de la erosión sobre el lecho fluvial y los movimientos tectónicos de la tierra, en donde pasan y se desprenden fallas geológicas”.

Otra respuesta que no pueden evitar dar los pilotos a los seis mil turistas que llegan a recibir cada año en este voladero es: un espectáculo visual y un digno candidato a convertirse en una de las Siete Maravillas Naturales del Mundo.
Es el segundo cañón más grande del mundo con 108 mil hectáreas y el más profundo, con un promedio de dos kilómetros. Es imposible que mis ojos alcancen a apreciar todo así que me aferro al hilo de plata que se abre paso entre las montañas, el río Chicamocha.
“Imponente, majestuoso y fascinante”, aunque la respuesta pareciera evidente, no pude evitar preguntarle a este piloto de Parapente Chicamocha qué opinan los turistas extranjeros cuando están planeando.
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Ellos, que antes de pandemia eran el 60 % de los turistas que recibe este operador local y que ahora se ubica en el 40 %, llegan aquí luego de largos vuelos, e incluso de atravesar continentes. Le puede interesar: En imágenes: la ruta para encontrar ceibas barrigonas en Santander
“Desafortunadamente la actividad del parapente en los turistas locales es muy reducida. No practican mucho esta actividad y eso para mí es una falencia. Me encantaría que muchos locales aprendieran a volar”, es lo que opina Sergio Gutiérrez, gerente de Parapente Chicamocha. Y es que estando a solo 54 kilómetros desde Bucaramanga, 50 minutos en carro aproximadamente, es imposible perderse de conocer este paraje natural de Santander, por aire o por tierra, incluso por agua, haciendo canotaje.

Mientras Saviani maniobra el parapente para encontrar las corrientes de aire caliente y así ascender, no hay otra opción que quedarse maravillado con esta experiencia que nos acerca a sentirnos como las aves. Debido a las condiciones de sequedad extrema y cobertura vegetal reducida, casi ausente, en cuestión de minutos logramos ascender de 1.750 a 2.200 m.s.n.m.
En el ascenso, siento que baja la temperatura. El cañón fluctúa entre los 11 y los 32 grados centígrados, entre el día y la noche. Sin embargo, también puede deberse al mareo y el vacío en el estómago, que aparecen tímidamente producto de los movimientos. Saviani me aconseja levantar la mirada y encontrar un punto fijo para que disminuya la sensación. Difícil posar la mirada en un solo lugar.
Los Santos, Jordán, Cepitá, Barichara, Aratoca, Villanueva, Curití, Molagavita, Zapatoca es solo una parte de lo que se puede apreciar. Porque aunque las condiciones climáticas son buenas, según Alejandro Olarte, con un cielo más despejado podría verse el Nevado del Cocuy.
Lo que sí logro apreciar es La Mojarra, una reserva natural y zona de escalada en roca, ubicada en Los Santos, y a donde acuden escaladores de todo el mundo. Además: Parque Kárstico El Peñón: una joya para el turismo, la ciencia y la aventura

Desvío la mirada y se dibujan los caminos de Lengerke, uno de los grandes patrimonios culturales, históricos, arqueológicos y turísticos de Santander. Con este aparecen los recuerdos del puente Lengerke, que cruza el río Chicamocha en Jordán y fue construido hace más de un siglo, en 1864. Fue de los primeros puentes de Colombia y es considerado uno de los más emblemáticos por haber sido el lugar en donde se cobró el primer peaje del país.
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Y hay más. El Parque Nacional Natural Serranía de los Yariguíes, el sistema montañoso que presenta mayor altitud en las estribaciones occidentales de la cordillera Oriental de Colombia, en el que confluyen parte de las cuencas hidrográficas de los ríos Suarez, Sogamoso y Opón, las cuales regulan la oferta hídrica de los municipios aledaños.
Mientras disfruto de todo y recurro a mi memoria para colorear las zonas que ya he visitado, Saviani se mueve con la confianza de un ave.
“Somos el grupo de pilotos más grande de la zona todos con mucha experiencia para brindar la mejor seguridad. Esto gracias a la constante capacitación en protocolos de seguridad, así garantizamos que todos nuestros turistas estén seguros, ya que nuestros equipos son chequeados periódicamente”, expresa Sergio Gutiérrez.
Transcurridos 30 minutos, y con condiciones climáticas favorables (en esta plataforma es fácil lograrlo casi los 365 días del año), nos disponemos a aterrizar. Si la corriente hubiera dio otra, hubiera tenido que aterrizar en Jordán, o en Cepitá, o en la playa al lado del Río Chicamocha, en algunas de las plataformas adecuadas por la compañía. Allí el regreso hubiera tardado unas tres horas o más, pero en cualquiera de los casos, hubiera sido una oportunidad para encontrar, hasta más de 87 razones para seguir turisteando por Santander.


















