Judicial
Viernes 25 de febrero de 2011 - 12:00 AM

"Pido que Dios me ayude y me dé valor"

En su rostro, el cual cubre con una gasa, están marcadas las cicatrices de un brutal ataque que cambió radicalmente su vida y la de su familia, después de que un sujeto llegó hasta su casa y le roció ácido en su rostro, brazos y pecho.

Instantes previos a la cirugía el médico habló por varios minutos con la víctima, quien no dejó de darle las gracias a los integrantes de la Misión Milwaukee-Wisconsin.
Instantes previos a la cirugía el médico habló por varios minutos con la víctima, quien no dejó de darle las gracias a los integrantes de la Misión Milwaukee-Wisconsin.

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Publicado por: Julio César Alvarado

eron 56 días en los que le practicaron ocho cirugías reconstructivas en el pabellón de quemados del Hospital Universitario de Santander, HUS, donde enfermeras y médicos se convirtieron en su gota de fe diaria para salir de la depresión y para aliviar los dolores que le provocaron las graves quemaduras.

"Para mí ha sido duro, mi familia me ha apoyado y también todas las personas del Hospital Universitario me atendieron muy bien, han sido excelentes y por medio de ellos he tenido mucho valor para afrontar la situación", dijo con la voz entrecortada por la melancolía.

Del sujeto que la atacó el pasado 6 de noviembre a las 8:00 de la noche cuando se encontraba en su casa, ubicada en la calle 45 No. 23-144 del barrio El Poblado, preparando el jugo de mandarina que vendía en el parque de Girón para sustentar a su familia, prefiere no hablar.

"No tengo ningún rencor contra esa persona. Ahora lo que más me interesa es mi recuperación. El caso ya está en manos de la Fiscalía y ellos me pidieron que por ahora no hablara de eso", agregó.

Lo cierto es que tres meses después de la inhumana agresión con ácido de la que fue víctima esta mujer, la identidad del agresor, que es un secreto a voces entre los vecinos y habitantes del barrio El Poblado, donde ocurrieron los hechos, parece ser un misterio tanto para la Policía como para la Fiscalía que por ahora ha dejado archivado en la impunidad este demencial ataque, derivado, al parecer, de una venganza personal.

Ella, pese a llevar en su rostro la huella del ataque, no abandona la esperanza de recuperarse y de volver a su vida normal, pese a que las cicatrices, producto de las quemaduras de tercer grado, aún no han sanado y según los médicos hacen falta no menos de otras cinco cirugías para su recuperación.

"La verdad me ha tocado con pura plata prestada, debo mucho y me ha tocado pedir colaboración. Ya debo como $6 millones en letras que me ha tocado firmar para que me presten plata. Tenía un ahorrito de $4 millones y ya los gasté en medicamentos. He pedido colaboración y me han ayudado con mercados y plata porque cada ocho días debo comprar unas gotas para poder salvar mis ojitos y me valen $180 mil", dijo.

 

Una luz, una esperanza

Eran las 9:25 de la mañana de ayer y ella está sentada en una de las sillas de espera del tercer piso del HUS donde un equipo médico de la Misión Milwaukee-Wisconsin, que por estos días, como cada año, visita el hospital para atender gratuitamente personas con malformaciones congénitas y con secuelas de quemaduras.

Su caso conmovió a la Misión Médica, cuyos cirujanos asumieron el reto de reconstruirle el párpado del ojo derecho, quemado por el ácido, para que ella pueda recuperar la totalidad de la visión que por ahora se reduce a pequeñas luces, colores y sombras.

Mientras ella está sentada, tomada de la mano por su esposo, uno de los médicos se arrodilla y con su brazo derecho le levanta la gasa para examinar la zona que va a operar.

Un traductor sirve de puente entre ella y el médico y pese a que no hablan el mismo idioma, fluye el lenguaje entre el que desinteresadamente quiere ayudar y el que necesita urgentemente ese apoyo.

El médico la envuelve con un abrazo y ella abandona su vulnerabilidad entregándole su gratitud: "Estoy muy feliz, les agradezco a todos por haberme tenido en cuenta. Gracias a todos los doctores que vienen de Estados Unidos, repito que estoy muy contenta de que me hagan esa cirugía", dijo con sonrisa nerviosa.

 

"Ayúdenme a salir adelante"

 

Mientras los médicos preparan el quirófano para su operación, ella narra con tristeza, y con una que otra lágrima, lo que ha tenido que padecer a raíz del ataque con ácido.

"Me tocó dejar de trabajar, pedirle ayuda a la familia para sostener a mis cinco hijos. Ellos me han dado el apoyo pero quiero pedirles ayuda... con lo que sea... mercadito o con plática para mi droga", dice mientras se levanta la gasa para secar las lágrimas que ruedan por sus mejillas.

Igual drama vive su familia que, por amenazas y por temor a que el brutal ataque, que naufraga en una aterradora impunidad, se repitiera con alguno de sus hijos, tuvo que huir de Girón y refugiarse en otro punto del área metropolitana.

"Mis hijos estudiaban en un colegio de Girón. Mi hija ocupaba el primer puesto, son unos niños muy buenos para el estudio. Uno iba de noveno, otro de octavo, el otro de séptimo y los más pequeños cursaban cuarto y tercero primaria. En este momento no están estudiando porque no les he encontrado cupo donde estoy viviendo", dijo.

A las 9:45 de la mañana una enfermera la llama por su nombre y le dice que ya es hora de pasar a cirugía. Antes de pararse para ir a cambiarse abre su corazón para aferrarse una vez más a su fe, que ha sido lo único que la ha sostenido.

"Quiero agradecerle a mi Dios y pedirle que me ayude y me dé valor que es lo único a lo que yo aspiro. Yo le digo a mi Dios que me ayude porque yo tengo que salir adelante, soy la mamá de cinco hijos, tengo 35 años y aspiro a seguir con mis hijos para poder darles el estudio", concluye.

Ayer, durante dos horas, ella fue sometida a la cirugía número 11 desde que ocurrió el ataque. Tras la intervención quirúrgica, que duró dos horas, se recupera en el HUS.

 "Es una de las múltiples cirugías que necesita. Ella perdió su ojo derecho y en el ojo izquierdo le hicieron un trasplante de cornea. La cirugía es para protegerle el ojo haciéndolo un parpado con unos injertos de piel", señaló el médico Carlos Ramírez, médico jefe de la Misión Milwaukee-Wisconsin en Colombia.

 

 

Publicado por: Julio César Alvarado

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