Bucaramanga dejó de ser un territorio de paso y hoy concentra más hechos de violencia criminal que regiones históricamente golpeadas por el conflicto, como la provincia de Yariguíes. Un experto explica la reconfiguración del conflicto armado en el departamento.

Publicado por: Katterine Dimas
En Santander ya no hace falta internarse en la selva o recorrer trochas para sentir el peso del conflicto armado. Hoy basta con caminar por un barrio de Bucaramanga, Floridablanca, Girón o Piedecuesta. Allí, donde antes la violencia parecía asociarse a hechos aislados de delincuencia común, ahora operan estructuras criminales que disputan territorios, administran rentas ilegales y utilizan el sicariato como una herramienta cotidiana de control.
Las cifras son contundentes. Entre 2022 y 2025, los hechos de violencia criminal registrados en Santander aumentaron un 96,7 %, al pasar de 186 a 366 casos. Solo durante 2025 se documentaron 249 sicariatos, más del doble de los 119 registrados en 2022. Detrás de esos números hay una transformación silenciosa pero profunda del conflicto armado que durante décadas estuvo concentrado en las zonas rurales y que hoy encuentra en las ciudades uno de sus principales escenarios.
Para Carlos Osorio, analista del Observatorio de Paz y Derechos Humanos de la Corporación Compromiso, el fenómeno no puede entenderse como una simple ola de inseguridad. Lea además: Crece el reclutamiento de menores por parte de las bandas criminales en Bucaramanga
“Lo que vemos actualmente es un escenario de reconfiguración del conflicto. Estas estructuras ya no están guiadas por una motivación ideológica, sino específicamente por las rentas ilegales que pueden obtener”, explica.

Ese cambio modificó la manera en que opera la violencia en Santander.
Del conflicto rural a la guerra por las ciudades
Durante décadas, Santander observó el conflicto armado desde zonas como el Magdalena Medio, donde guerrillas y grupos paramilitares se disputaban corredores estratégicos.
Sin embargo, tras la firma del Acuerdo de Paz de 2016 y, especialmente, ante las dificultades en su implementación durante los años posteriores, comenzaron a aparecer nuevas dinámicas. También lea: Alerta Temprana en Bucaramanga: Defensoría del Pueblo advierte avance de “gobernanza criminal”
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Según Osorio, el “vacío” dejado por antiguos actores armados permitió la aparición y fortalecimiento de nuevos grupos criminales que encontraron oportunidades en territorios donde antes no existía una disputa tan intensa.
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“Surge un conjunto de grupos armados organizados que entran a reconfigurar el escenario del conflicto nacional. Llegan a ocupar nuevas zonas del territorio y también espacios que antes no tenían la misma importancia para estos grupos, como Bucaramanga”, señala.
Lo que antes parecía un problema exclusivo de ciudades como Cali, Medellín o Bogotá comenzó a instalarse en el área metropolitana de Bucaramanga y en las provincias de Santander.

La Defensoría del Pueblo ya había advertido ese panorama mediante la Alerta Temprana 028 de 2021, donde alertó sobre la proliferación de estructuras criminales y el incremento de la violencia organizada en Bucaramanga y los municipios vecinos. Hoy se contabilizaban, solo en el área metropolitana, más de 11 grupos armados.
Cuatro años después, sostiene el Observatorio, ese diagnóstico terminó materializándose.
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Bucaramanga, escenario del conflicto armado
La capital santandereana pasó de ser un punto de tránsito a convertirse en uno de los mercados criminales más importantes del departamento.
La explicación está en su crecimiento urbano y en la integración con Floridablanca, Girón y Piedecuesta, municipios donde convergen cientos de miles de habitantes y un amplio mercado para las economías ilegales. Puede leer: ¿Qué grupos delincuenciales operan en Bucaramanga? La Defensoría identificó las principales estructuras
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“Actualmente lo que vemos en Bucaramanga obedece precisamente a la disputa de un mercado que es el más grande de Santander”, afirma Osorio.
El narcotráfico continúa siendo el eje principal de esa confrontación urbana, pero no es el único negocio.
En las zonas rurales persisten economías ilegales relacionadas con minería, extorsión y control territorial. En las ciudades, la lucha se concentra en las plazas de microtráfico y en las rutas de distribución.
La consecuencia ha sido un crecimiento acelerado de organizaciones criminales.

Hace apenas unos años el panorama estaba dominado por dos grandes estructuras conocidas popularmente como Los del Sur y Los de San Rafa.
Hoy el escenario es completamente distinto.
“Ya no hablamos solamente de dos bandas criminales. Hoy existen seis estructuras de primer nivel con capacidad operativa y más de 40 bandas con control barrial”, advierte el investigador.
Cada barrio puede convertirse en una frontera invisible. Cada esquina representa una renta. Cada homicidio envía un mensaje.
El sicariato a la orden del día
Uno de los indicadores que mejor refleja la transformación del conflicto es el crecimiento del sicariato.
Lo que antes aparecía como un fenómeno esporádico ahora forma parte de la cotidianidad de muchas comunidades. Le sugerimos leer: Estas son las 6 bandas tras la ola de homicidios y crímenes en el área metropolitana de Bucaramanga
“Hace cuatro años la Defensoría alertó sobre esta problemática. Hoy el sicariato ya no es un fenómeno aislado; hace parte de la vida cotidiana”, sostiene Osorio.
Las cifras hablan por sí solas.
En 2022 Santander registró 119 asesinatos por encargo.

Para 2025 esa cifra ascendió a 249 casos, un crecimiento que evidencia la consolidación de estructuras dedicadas al asesinato selectivo como mecanismo de control criminal.
Pero el fenómeno no solo aumentó. También cambió la geografía de la violencia.
Por primera vez, el área metropolitana de Bucaramanga concentra más hechos de violencia criminal que la provincia de Yariguíes, históricamente golpeada por el conflicto armado debido a su ubicación estratégica sobre el Magdalena Medio.
















