En diálogo con Vanguardia, el doctor Gonçal Mayos, ensayista y profesor de la Universidad de Barcelona, hace varias reflexiones sobre los conflictos en Ucrania y de Medio Oriente.

Publicado por: Simón José Ortiz
En un año que sin lugar a dudas estará marcado por la tensión geopolítica y los conflictos regionales que amenazan con volverse globales, el doctor Gonçal Mayos, ensayista y profesor de la Universidad de Barcelona, nos ofrece sus esclarecedoras perspectivas sobre estos asuntos.
La guerras de Ucrania y de Medio Oriente y el papel de Europa y Latinoamérica en estos conflictos fueron los temas que se discutieron con él, en entrevista con Simón José Ortiz, en un especial para Vanguardia. Las lecciones para una diplomacia internacional empática e inteligente quedan planteadas y puestas sobre la mesa.
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Preguntas y respuestas
Dada la situación actual en Ucrania, ¿cómo cree que la Unión Europea puede gestionar y afrontar simultáneamente las crisis en Oriente Medio y Europa del Este?
En primer lugar, hay que recordar que Europa está directa e históricamente implicada en ambos conflictos. En Ucrania porque es parte de Europa y claramente será miembro de la Unión Europea en un futuro próximo. En Oriente Medio porque en gran medida Europa es culpable de la guerra y del larguísimo conflicto por la forma como descolonizó aquella zona.
Es necesario, en ese sentido, que la Unión Europea sea un agente realmente importante en esas crisis, tanto para ella misma como para la buena evolución de una situación mundial que es crecientemente conflictiva y polarizada. Europa necesita ocupar el lugar que perdió hace mucho tiempo pues es, ahora mismo, un referente económico y cultural pero muy prescindible en lo militar e incluso en real influencia diplomática. Sobre todo en Ucrania, pero también en el conflicto árabe-israelí, Europa se juega mucho de su futuro como unión.
En definitiva, hoy la Unión Europea es un agente relativamente menor y con poca capacidad de influencia, pero tiene que intervenir en esos conflictos por su pasado y su futuro.
Además, por lo que hemos apuntado su intervención puede ser relativamente benéfica, al menos si la comparamos con otros agentes más poderosos pero también con clara políticas nacionalistas y unilaterales.

¿Cómo la aparición de nuevo de la guerra de Ucrania en territorio europeo ha transformado la geopolítica de la zona?
Como hemos apuntado, en Ucrania la Unión Europea se juega gran parte de su futuro. La guerra ha roto una cierta política (que por ejemplo animó Ángela Merkel), de nuevas alianzas con Rusia y con Putin. La llegada masiva de petróleo, gas y otras materias primas representaba un gran beneficio mutuo y, como lo político suele seguir a lo económico, eso reequilibraba el lugar de Europa entre al “atlantismo” tradicional bajo liderazgo de los Estados Unidos y un nuevo eje euroasiático.
Recordemos que Putin consideraba prioritario potenciar ese eje que daba centralidad a Rusia e incluso había solicitado aproximarse a la Otan.
En aquel momento, fue lamentable que los Estados Unidos, la Otan y una parte de Europa se mostraran desconfiados y frenaran los avances en tal sentido, lo cual ha sido el principal argumento para justificar la ocupación de una parte de Ucrania.
A partir de aquí, la entrada de Finlandia y –prácticamente seguro– de Suecia, ha reforzado la Otan, conjuntamente con el fuerte pánico sentido por las repúblicas bálticas, Polonia y otros países.
Además, de resultas de la guerra, se cortaron en seco las importaciones energéticas de Rusia, cerrando incluso los potentes y beneficiosos gaseoductos y oleoductos.
Ello ya indica que, pase lo que pase, Putin y el proyecto euroasiático, que tenía partidarios y era una novedad interesante, han sido los grandes damnificados. Difícilmente se podrá volver atrás.
Y respecto al conflicto árabe-israelí ¿cómo aprecia la situación desde el otro lado del Mediterráneo?
Parece que Netanyahu y su gobierno integrista se equivocó en su reacción represiva sin límites humanitarios. Sus excesos han llegado a preocupar a un aliado tan implicado y fiel como los Estados Unidos y ha soliviantado a un mundo árabe que cada vez miraba la causa palestina más desde la lejanía, incluso cínicamente.
Por eso y por primera vez en mucho tiempo, Israel y su población comienzan a sentir la presión de encontrar alguna salida política.
La solución necesaria de dos estados que pacifiquen su relación, vuelve a estar sobre la mesa y, por poco que se avanzara, sería en la buena dirección.
Ahora bien, es terrible que los avances parezcan solo producirse después de muchas muertes y una destrucción inmensa, cuando las dos partes se sientan profundamente amenazadas. Solo la más vieja y brutal real politik parece funcionar en estos momentos tan convulsos.

¿Qué lecciones puede aprender Latinoamérica de la evolución de estos conflictos y del papel europeo en ellos?
Quiero ser positivo. Creo que Latinoamérica puede aprender que el pasado colonial, incluso con la antigua metrópoli, puede ser utilizado positivamente. Hay que exigir y fomentar la vergüenza y mala consciencia coloniales para buscar situaciones de reparación y reconocimiento en la geopolítica internacional.
Oriente Medio y Ucrania han visto que, además de las muertes y destrucciones, las proximidades culturales y otras complicidades diplomáticas pueden ser bastante útiles para desescalar los conflictos o incluso prevenirlos obteniendo ciertas mejoras dentro del contexto internacional.
Aquí la Unión Europea es un nuevo agente todavía débil pero configurado para ser más sensible, humanitario y pacificador que otros. ¡Y eso no es menospreciable en inquietante panorama internacional con muy peligrosos rebrotes autoritarios y ultraderechistas!
Una diplomacia inteligente y empática no es ninguna panacea pero puede ayudar mucho, muchísimo. ¡Y estarán de acuerdo conmigo en que se necesita de mucha ayuda!
*Entrevista realizada por Simón Ortiz Pinilla, en especial para Vanguardia














