La violencia sexual es utilizada como arma de terror conta las mujeres y las niñas en todo Sudán.

Un grupo de expertos en derechos humanos de la ONU condenó este martes los graves abusos contra las mujeres y niñas en Sudán, incluidas agresiones sexuales, secuestros y asesinatos, muchos de los cuales se atribuyen a las Fuerzas de Apoyo Rápido (FAR), el grupo armado que está en guerra desde hace dos años contra el Gobierno, del que anteriormente era aliado. Lea también: Alerta en Indonesia por erupción del volcán Merapi en Sumatra
Las agresiones se han denunciado principalmente en campamentos de desplazados.

Un conflicto sin final
En el tercer año del conflicto las mujeres y niñas enfrentan riesgos crecientes de violencia sexual, esclavitud, trata y matrimonios forzados, especialmente en regiones como Al Gezira, Sinnar, Darfur y Kordofán del Sur, advirtieron.

Estas regiones son adyacentes y comparten varias características, como ser zonas muy fértiles y productivas desde el punto de vista agrícola, lo que les da a ojos de los combatientes un valor económico especial, al tiempo que tienen una fuerte diversidad étnica, lo que ha provocado tensiones entre comunidades locales, pastoralistas y agricultores.

Estos y otros factores han sido explotados políticamente por los bandos del conflicto para sembrar aún más divisiones.
La violencia sexual como arma
La violencia sexual que están sufriendo las mujeres en este contexto supera lo imaginable ya que se perpetra este crimen a modo de arma de guerra, lo que ha llevado a que se estén reportando desde varias localidades suicidios de mujeres que han sido víctimas de tales abusos, explicaron los expertos.

Solo este año se han documentado 330 casos de violencia sexual relacionada con el conflicto, aunque los expertos aseguran que la cifra real es mucho mayor, pero que el miedo y la vergüenza hacen que muchas mujeres prefieran no denunciar.
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Las denuncias de desapariciones forzadas se han multiplicado en mercados, campamentos y refugios de mujeres y niñas, muchas de las cuales se cree han sido secuestradas para ser explotadas sexualmente.

Las mujeres que se erigen como activistas y defensoras de esas víctimas están a su vez siendo atacadas sexualmente, lo que destruye las escasas redes de protección con que contaban las mujeres, afirmaron los expertos.

El caso de Layla
Para ilustrar el creciente y alarmante uso de la violencia sexual, el UNFPA expuso el caso de Layla, una sudanesa residente de Jartum, la capital del país, cuya casa fue asaltada por hombres armados cuando se encontraba sola con sus hijos. Además: Video captó intento de secuestro de hija de empresario de criptomonedas en París
“Arrestaron a mi hijo y me llevaron a otro coche”, relató Layla, y agregó haber notado que los hombres miraban a su hija de 18 años de forma inquietante. “Probablemente me llevaron para mantenerla sola”, reflexionó.

El temor de Layla por su hija fue un anticipo de lo que más tarde enfrentaría en una prisión superpoblada, donde permaneció recluida durante casi tres semanas.
“Trajeron a mi hijo y empezaron a golpearlo delante de mí. Luego me llevaron a donde tenían prisioneras, interrogándome, acusándome de espía y afirmando que mi marido trabajaba para el ejército”, dijo Layla.

Si bien el Ejército sudanés ha recuperado recientemente zonas estratégicas de Jartum, en ese momento las fuerzas paramilitares de la oposición tenían el control.
Layla describió cómo la desnudaron, la golpearon y la detuvieron sin cargos.


















