La joven de 20 años trabajaba como manicurista para ayudar a sus hermanos. Hoy sus allegados piden apoyo a la embajada para el traslado del cuerpo.

Publicado por: Redacción Vanguardia
El pasado 24 de abril, el sector de la belleza en Santiago de Chile perdió a una de sus promesas. María Alejandra Flores Rodríguez, una joven colombiana de apenas 20 años que se abría paso en el país austral como DJ y manicurista, perdió la vida en un trágico accidente de tránsito que hoy tiene bajo la lupa a la fuerza pública chilena.
Tragedia en Santiago: uniformados bajo sospecha
La noche transcurría con normalidad para María Alejandra, quien se movilizaba en un vehículo de plataforma hacia la casa de unos amigos. Sin embargo, el trayecto se interrumpió de forma violenta en el centro de la capital chilena. Según los reportes preliminares de las autoridades locales, un vehículo particular que presuntamente ignoró un semáforo en rojo impactó de frente contra el Uber en el que viajaba la joven.
Lo que ha generado mayor indignación entre sus allegados es la identidad de los ocupantes del otro vehículo. Se trata de siete funcionarios de Carabineros (la policía uniformada de Chile), quienes se encontraban fuera de servicio. Las investigaciones iniciales apuntan a que los uniformados se encontraban bajo los efectos del alcohol y que, tras la fuerte colisión, habrían intentado abandonar el lugar de los hechos.
Un vacío inmenso para una familia en Colombia
María Alejandra no era solo una joven buscando sueños fuera de casa; era el motor económico de su hogar. Desde hace tres años se radicó en Chile, donde combinaba sus estudios de música con extenuantes jornadas como maquilladora para enviar dinero a sus padres y a sus dos hermanos menores en Colombia. Sus amigos la describen como una mujer de una madurez admirable, capaz de asumir la responsabilidad de su familia a su corta edad.
“Era una persona increíble que nos enseñó que se puede salir del país a ganarse la vida con honradez por los suyos”, relataron sus allegados a medios chilenos. Ahora, en medio del duelo, su círculo cercano enfrenta una doble batalla: la búsqueda de justicia frente a una institución poderosa y la angustia de no contar con los recursos necesarios para traer sus restos de regreso a suelo colombiano.















