Las ‘tradwives’ parecen representar una elección personal: mujeres que muestran su vida dedicada al hogar, la maternidad y el cuidado de la familia. Sin embargo, expertos coinciden en que el fenómeno va mucho más allá de una tendencia estética.

Pan recién horneado, cocinas impecables, numerosos hijos y una vida dedicada por completo al hogar. Detrás de esa imagen también se vende una idea sobre cómo deberían vivir las mujeres. Ese es el fenómeno de las ‘tradwives’ o esposas tradicionales, un movimiento que se ha consolidado en las redes sociales desde hace algunos años.
Aunque comenzó como una estética difundida en plataformas digitales, hoy se entrecruza con sectores del conservadurismo estadounidense que incluso promueven limitar derechos civiles de las mujeres, como el derecho al voto.
Se trata de un movimiento que proyecta la imagen de una esposa que encarna los valores de la maternidad, el cuidado y la familia; generalmente religiosa, subordinada a su marido, vestida al estilo vintage y representante de una feminidad “suave”, inspirada en la estética de los años cincuenta.
No solo recupera esa apariencia, sino también el papel tradicional de la mujer: dedicada al hogar, a sus hijos y a complementar al hombre, sin competir con él; es decir, en un escenario donde él asume el único rol de proveedor del hogar.

“Hay que entenderlo como un fenómeno cultural que promueve una división tradicional de los roles de género. Presenta un estilo de vida doméstico muy romantizado, que también difunde discursos ideológicos que cuestionan y atacan directamente al feminismo, al considerarlo responsable de la supuesta destrucción de la sociedad actual”, explica Valentina Gómez Castaño, directora de la Organización Femenina Popular de Santander y coordinadora del Observatorio de Mujeres y Equidad de Género.
¿De elección personal a proyecto político?
Para Germán Cortés, profesor e investigador social de la Universidad Autónoma de Bucaramanga (UNAB), el fenómeno no puede entenderse únicamente como una tendencia surgida en las redes sociales o en los entornos digitales.
“Este movimiento ha generado una agenda política alrededor de la reivindicación de los valores tradicionales”, explica. En todos estos elementos de la estética y el discurso de las ‘tradwives’ convergen factores culturales, políticos, ideológicos y relacionados con los valores, además de aspectos vinculados con el territorio, la geopolítica y el mercado.
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Los expertos coinciden en que el debate no radica en que una mujer decida dedicarse al trabajo del hogar por elección propia. La diferencia surge cuando ese modelo deja de ser una decisión individual y se promueve como un ideal o un sistema que busca imponerse como norma para todas las mujeres.

A su juicio, este fenómeno también refleja la consolidación de masculinidades altamente hegemónicas y está atravesado por una corriente de pensamiento conservador que, en algunos casos, puede calificarse como ultraconservadora.
“Estas posturas radicalizan determinadas posiciones y otorgan un lugar de privilegio a los hombres sobre las mujeres”, precisa.
En esa línea coincide Juliana Martínez, Ph. D., profesora de Género, Sexualidad y Estudios Culturales de la American University, en Washington D. C., quien sostiene que no se trata de una moda que se volvió política, sino, al contrario, de un tema político que se volvió moda.
“Es un tema político que se volvió moda, y no hay nada más peligroso que los temas ideológicos que se disfrazan de no ideológicos”, expresa.
Según Martínez, estas narrativas tienen raíces en sectores del nacionalismo blanco estadounidense que promueven discursos natalistas.
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“Comparten los discursos de supremacistas blancos que amplifican la teoría de que la población blanca va a desaparecer y será reemplazada, demográfica, política y económicamente, por personas no blancas, como latinos, asiáticos, indígenas y afrodescendientes”, explica.
Por ello, agrega, estos mensajes invitan a volver a los valores tradicionales, donde la mujer debe tener tantos hijos como pueda y permanecer en el hogar para cumplir su papel como esposa.
Los expertos coinciden en que el debate no radica en que una mujer decida dedicarse al trabajo del hogar por elección propia. La diferencia surge cuando ese modelo deja de ser una decisión individual y se promueve como un ideal o un sistema que busca imponerse como norma para todas las mujeres.
“El problema no es que la mujer decida tomar esa posición por elección. El problema es cuando se impone esa perspectiva y no hay otra alternativa, en especial sin tener en cuenta contextos de pobreza, como ocurre en muchos lugares del mundo”, enfatiza Valentina Gómez.
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El sociólogo Antonio Acevedo señala que este tipo de discurso no es exclusivo de Estados Unidos. A su juicio, se trata de un fenómeno que también se observa en América Latina, donde algunos gobiernos y sectores conservadores han asumido posturas cada vez más radicales que buscarían desconocer derechos conquistados por la sociedad civil.
Acevedo explica que quienes promueven estas ideas suelen pertenecer a sectores con un estilo de vida privilegiado. “Como quienes promueven estos discursos tienen un modo de vida opulento, consideran que esos derechos que ellos reivindican no son del todo propios de su condición social”, afirma.
Para los expertos, el vínculo entre este fenómeno y algunos discursos políticos radica en que ambos parten de una misma concepción de la familia: una estructura jerárquica en la que el hombre concentra la autoridad económica y política, mientras la mujer ocupa un papel subordinado.
Dichas narrativas ya no circulan únicamente en redes sociales. También han llegado a espacios de discusión pública, donde empiezan a cuestionarse derechos que durante décadas parecían consolidados.
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La polémica: La iniciativa de un voto por hogar
En una conferencia conservadora realizada en Texas, varias influenciadoras defendieron públicamente la idea de reemplazar el voto individual por un “voto por hogar”, en el que el esposo represente políticamente a toda la familia.
A principios de junio se realizó, en Estados Unidos, la Cumbre de Liderazgo Femenino de Turning Point USA, una de las organizaciones conservadoras más influyentes del país, liderada por Erika Kirk, viuda del activista conservador Charlie Kirk.

En este espacio, en el que participaron más de 3.000 mujeres, se promovieron discursos que defienden los valores tradicionales de la familia. Incluso, varias asistentes e influenciadoras plantearon que, dentro de ese modelo familiar, el voto debería ejercerse por hogar; es decir, que las mujeres cedieran su derecho al voto para que las decisiones políticas fueran tomadas por sus esposos.
Savanna Stone, una influenciadora estadounidense de 21 años que promueve el movimiento ‘tradwife’ y que también participó en esta cumbre, ha dicho abiertamente en diferentes podcasts: “No creo que las mujeres deban votar. El movimiento feminista fue una operación de propaganda de la CIA para que las mujeres empezaran a pagar impuestos”.
Según los expertos, este tipo de mensajes fortalece movimientos minoritarios, integrados principalmente por hombres, dentro de la llamada manosfera o machosfera, que promueven el “Repeal the 19th”, una campaña que busca derogar la Decimonovena Enmienda de la Constitución de Estados Unidos, la cual garantiza, desde 1920, el derecho al voto de las mujeres.
La profesora Juliana Martínez advierte que tanto los mensajes detrás del movimiento ‘tradwife’ como los de la machosfera promueven discursos antidemocráticos y contrarios a los derechos humanos.
“Cuando quieren que la mitad de la población no tenga acceso al derecho al voto, están siendo antidemocráticos, no solo misóginos. Este no es un tema de mujeres; es un tema de democracia y derechos humanos”, sostiene.

La fantasía social detrás de las ‘tradwives’
Redes como TikTok, Instagram y YouTube han viralizado durante los últimos años este tipo de contenido, en el que destacan influenciadoras como Ballerina Farm, Estee Williams o Savanna Stone, quienes muestran su vida cotidiana elaborando pan y recetas desde cero, mientras aparecen estéticamente impecables y perfectamente arregladas.
Con una estética campestre, una paleta de colores pastel y neutros, y videos cuidadosamente producidos, este contenido proyecta una imagen de calma, orden y felicidad.
Se trata de una visión aspiracional de una vida aparentemente libre de estrés y alejada del caos del mundo moderno.
La profesora Martínez explica que el éxito de este contenido no está en las recetas o los consejos de belleza, sino en el estilo de vida que proyecta.

Al generar vínculos emocionales con la audiencia, estas narrativas disminuyen la mirada crítica y pueden influir en los valores y comportamientos de quienes las consumen.
“Académicamente, el contenido de storytelling forma más nuestros valores y es mejor predictor de nuestro comportamiento y actitudes, como este tipo de contenidos, que se presentan como mindless (contenido para desconectarse o no pensar), pero en realidad no venden el skincare o las recetas, sino una fantasía social”, argumenta.
La contradicción del modelo de ‘tradwives’
Sin embargo, los expertos señalan que detrás de esa estética también existe una contradicción.
Muchas de las principales influenciadoras que promueven este modelo administran empresas, generan ingresos propios y construyen su éxito gracias a libertades económicas y civiles conquistadas por generaciones anteriores de mujeres, mientras difunden discursos que cuestionan esos mismos avances para otras.
Valentina Gómez advierte que no es lo mismo hablar desde una condición de privilegio, como la de Erika Kirk, empresaria y figura del movimiento conservador, que hacerlo desde la realidad de una mujer de estrato medio o bajo con limitaciones económicas.

Expertos sostienen que el fenómeno tradwife dejó de ser una moda en redes y se convirtió en una agenda política que reivindica los “valores tradicionales” y cuestiona avances del feminismo.

“Es un discurso romantizado que no tiene en cuenta las condiciones sociales o económicas, cuando solo en Latinoamérica más del 60 % de la población vive en condiciones de pobreza”, afirma.
Cabe destacar que ninguna de estas propuestas tiene actualmente un estatus legal ni proyectos legislativos vigentes. Sin embargo, el hecho de que, en pleno 2026, estas ideas se discutan abiertamente abre la puerta a normalizar que los derechos civiles de las mujeres puedan ponerse en cuestión.
“Estos discursos son sumamente peligrosos. Todavía no forman parte del imaginario político mayoritario en ningún país, pero es un movimiento en crecimiento. Estas ideas cada día están más normalizadas”, advierte Martínez.
Si bien no se ha discutido el derecho al voto en la Casa Blanca, en diferentes estados ya se promueven otras iniciativas, como restricciones severas a los anticonceptivos.
A este llamado se suma Valentina Gómez, quien precisa que en Estados Unidos también se han impulsado restricciones severas al aborto desde distintos estados, de manera que, aunque sea un discurso de algunos sectores, podría convertirse en una agenda pública.
“No podemos verlo como un fenómeno aislado. Esta postura no solo se promueve en Estados Unidos, sino que busca posicionarse a nivel mundial. Seguramente intentarán avanzar mediante reformas graduales, como ha ocurrido en Estados Unidos con otros debates políticos, entre ellos el migratorio”.
El papel de los hombres dentro del modelo ‘tradwife’
A simple vista parecería que este movimiento solo les habla a las mujeres. Les indica cómo deberían verse y cuál debería ser su papel dentro de la familia. Sin embargo, también redefine el papel de los hombres alrededor de un único mandato: ser el proveedor económico del hogar.
Según el investigador Cortés, las reivindicaciones colectivas de las mujeres hicieron que algunos hombres, aquellos que se identifican con estas ideas, sintieran que estaban perdiendo espacios de poder y decisión.
“Por eso esta agenda incorpora esa masculinidad heteronormada, que promueve que solo existe un rol: el del hombre proveedor, mientras la mujer debe quedar al margen. Además, es un discurso que no admite agendas distintas, donde el hombre no puede mostrarse frágil, emocionarse, sentir o quedar en un segundo plano, sino que siempre debe estar dispuesto a ejercer el poder y tomar las decisiones”, expresa.

En este punto, la profesora Martínez agrega: “Este discurso les otorga un privilegio económico, pero también los encasilla en un papel muy limitado dentro de la sociedad, que literalmente los mata. Mueren siete años antes que las mujeres; por ejemplo, en Colombia se suicidan mucho más, consumen más sustancias y existen muchos factores asociados a esa masculinidad patriarcal que también resulta muy dañina para ellos”.
Para Martínez, romantizar el rol tradicional de las mujeres también responde a un problema estructural: el enorme costo económico del trabajo de cuidado. La investigadora afirma que el discurso que promueve el regreso de las mujeres al hogar también tiene una dimensión económica, pues el trabajo de cuidado que históricamente han realizado de forma gratuita es fundamental para el funcionamiento de la sociedad y muy costoso de reemplazar.
Es decir, las labores de cuidado, como atender a niños, adultos mayores, personas enfermas o con discapacidad, durante décadas fueron realizadas por las mujeres sin recibir remuneración. Cuando empezaron a ingresar al mercado laboral, estas tareas tuvieron que ser asumidas por otras personas, lo que representó un costo económico que antes no existía. Ese costo es muy alto para las familias y para el Estado.
Ahora, según Martínez, con el ideal de que las mujeres regresen al hogar para asumir esas labores, salen del mercado laboral y dejan puestos vacantes para los hombres.
El peso de las redes sociales en el movimiento de esposas tradicionales
Frente a este panorama, el sociólogo Acevedo sostiene que las redes sociales cumplen un doble papel. Por un lado, han permitido dar mayor visibilidad a estas posturas conservadoras y reaccionarias.
Por otro lado, también se han convertido en un espacio para el debate y la crítica. “Allí juegan un papel importante porque abren el espacio para crear una resistencia frente a esas ideologías conservadoras. Hay democracia en la opinión”, concluye.
Coincide el investigador Cortés, quien destaca que el auge de estos discursos ultraconservadores también ha impulsado la aparición de narrativas que los cuestionan.
Explica que, mientras algunos sectores promueven mensajes que minimizan los derechos de las mujeres y de las diversidades, organizaciones sociales, movimientos feministas y medios alternativos han construido una contraparte que busca disputar esas ideas en el espacio público.
Cortés señala que el debate va mucho más allá de la controversia por propuestas como limitar el derecho al voto de las mujeres. En su concepto, la discusión abarca otros derechos fundamentales, como el acceso a la educación, la salud, los espacios públicos y la participación en la vida política y social.
En ese escenario, considera que los medios de comunicación, especialmente los alternativos y las plataformas digitales, desempeñan un papel estratégico. “Si bien existe esa manera muy conservadora de ver el mundo, existe también otra que le está haciendo contraparte desde los medios alternativos”, afirma. Estos espacios permiten ampliar la conversación pública y mantener vigentes los debates sobre la igualdad de derechos.
Para los investigadores, el crecimiento del fenómeno ‘tradwife’ no debe analizarse solo como una simple tendencia estética en redes sociales. Lo que está en juego es la normalización de discursos que buscan redefinir el papel de hombres y mujeres dentro de la sociedad y que, en algunos casos, llegan a cuestionar derechos democráticos que durante décadas parecían incuestionables.












