Los terremotos de 1985 y 2017 ocurrieron con 32 años de diferencia, pero convirtieron el 19 de septiembre en una fecha inseparable de la memoria mexicana.

Cada 19 de septiembre, algo distinto ocurre en Ciudad de México. No es una fecha cualquiera en el calendario, sino una cicatriz que la capital mexicana revive año tras año, entre homenajes solemnes, simulacros nacionales y la memoria de miles de vidas que el suelo se llevó por partida doble. Este sábado, esa fecha volvió a cargarse de significado.
La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, encabezó un homenaje a las víctimas de los terremotos del 19 de septiembre de 1985 y 2017, dos tragedias separadas por 32 años, pero unidas por el mismo día y la misma devastación.
El acto se celebró a las 7:15 horas en el Zócalo de la capital, la plaza pública más grande del país, donde la mandataria izó la bandera a media asta mientras la banda de guerra y el coro de la Defensa Nacional interpretaron piezas conmemorativas. Además: Lluvias inundan el Valle de México mientras crece la escasez de agua

Una ciudad que aprendió a temblar distinto
Sheinbaum estuvo acompañada por elementos del Ejército mexicano, la Guardia Nacional, integrantes de su gabinete, la jefa de Gobierno, Clara Brugada, y directivos de la Cruz Roja Mexicana y de Protección Civil.
El homenaje precedió por pocas horas al segundo Simulacro Nacional del año, un ejercicio en el que se espera que 80 millones de celulares reciban una alerta sísmica simulada, con distintas magnitudes y epicentros según la ubicación de cada dispositivo.
Este 2026 se cumplen 41 años del terremoto de magnitud 8,1 que sacudió al país en 1985, con epicentro en las costas de Michoacán. Aquel movimiento telúrico dejó, según estimaciones no oficiales, cerca de 40.000 muertos, aunque la cifra reconocida por el Gobierno de la época apenas llegó a 3.192 víctimas, una brecha que continúa alimentando el debate sobre la gestión del entonces presidente Miguel de la Madrid.
Tres décadas más tarde, exactamente en el aniversario 32 de aquella tragedia, la misma fecha volvió a marcar al país con un sismo de magnitud 7,1 entre Puebla y Morelos, que causó 370 muertes y más de 7.000 heridos. Lea también: México envía aviones con ayuda humanitaria a Pereira tras el terremoto en Colombia
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Detrás de estas cifras hay una explicación que tiene que ver con la propia naturaleza del subsuelo capitalino. Carlos Valdés González, investigador del Instituto de Geofísica de la Universidad Nacional Autónoma de México, explicó que Ciudad de México se asienta sobre terrenos con comportamientos radicalmente distintos frente a un sismo, desde zonas firmes hasta los suelos blandos del antiguo lago que ocupaba la cuenca.
Ese fenómeno, conocido popularmente como efecto gelatina, hace que las ondas sísmicas se amplifiquen en las arcillas suaves del terreno lacustre, mientras que en el suelo firme un temblor se percibe como un golpe seco y breve. Además: Cali inicia la reconstrucción tras el terremoto que dejó 153 muertos y miles de daños

Las normas que cambiaron tras la tragedia
El terremoto de 1985 no solo dejó destrucción; también transformó la manera de construir en la capital. Tras el colapso de cientos de edificios, se emitieron normas de emergencia que en 1987 derivaron en un nuevo Reglamento de Construcciones, el cual incorporó las lecciones aprendidas y reforzó los criterios de diseño sísmico según las características de cada zona del subsuelo. Lea también: Reconstruir Colombia tras el terremoto costaría cerca de US$9.500 millones
Sin embargo, Valdés advirtió que el mayor reto quedó fuera del reglamento: las edificaciones construidas antes de esas reformas. “La regulación actual no es retroactiva, por lo que es responsabilidad directa de la ciudadanía verificar el estado de salud de sus viviendas”, señaló el investigador, quien recomendó dar seguimiento a fisuras y grietas y acudir a especialistas cuando sea necesario.
El especialista también insistió en que reducir el riesgo sísmico no depende únicamente de la ingeniería estructural, sino de la preparación de la población para reaccionar ante fallas masivas en las comunicaciones o en el suministro eléctrico, un terreno donde, según reconoció, todavía queda camino por recorrer pese a los avances en simulacros organizados.
Con el paso de los años, cada 19 de septiembre se ha convertido en un recordatorio doble, un homenaje a quienes ya no están y un ensayo colectivo para que la próxima vez México esté mejor preparado.















