El líder del Partido de los Trabajadores venció a Flávio Bolsonaro en la segunda vuelta presidencial y se prepara para un cuarto mandato.

Publicado por: Redacción Vanguardia
La vida de Luiz Inácio Lula da Silva Su vida, marcada por la pobreza, el sindicalismo y los reveses políticos, vuelve a convertirse en protagonista de la historia brasileña.
El líder del Partido de los Trabajadores dice que solo un milagro explica cómo aquel niño que huyó del hambre en un camión precario llegó a convertirse en presidente de Brasil. Este domingo, a sus casi 81 años, sumó un nuevo capítulo a esa historia al protagonizar una remontada electoral inédita en la democracia del país.
Acostumbrado a renacer de sus propias cenizas, Lula ganó la segunda vuelta de las elecciones presidenciales con el 51,75 % de los votos, frente al 48,25 % del senador Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente ultraderechista Jair Bolsonaro. Con este resultado, se encamina a un cuarto mandato al frente de la mayor economía de América Latina, un hecho sin precedentes en la política brasileña.
Hasta estos comicios, en las nueve elecciones presidenciales celebradas desde el fin de la dictadura militar, ningún candidato había logrado imponerse en la segunda vuelta después de quedar por detrás de su rival en la primera. Lula rompió esa tendencia tras comenzar la campaña definitiva dos puntos porcentuales por debajo de su adversario.
El veterano dirigente del Partido de los Trabajadores (PT), convertido en una de las principales referencias del progresismo internacional, volvió a demostrar su capacidad para leer el momento político y movilizar a sus seguidores.
El resultado de la primera vuelta, celebrada el 4 de octubre, fue “inesperado”, reconoció entonces. Sin embargo, lejos de replegarse, el mandatario intensificó su campaña y se adentró en el mundo digital para llegar a nuevos votantes.
A sus casi 81 años, comenzó a utilizar de manera más activa el celular y las redes sociales, canales fundamentales para informarse y debatir en Brasil. Se autoproclamó “el rey del selfi” y promovió un “ejército” de 10 millones de seguidores en WhatsApp, con el objetivo de difundir los logros de sus gobiernos, recordar su historia personal y cuestionar la trayectoria de su rival.
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La estrategia digital se combinó con la movilización de cientos de miles de militantes en las calles, en una efervescencia política que no se veía desde hacía décadas. Una vez más, Lula convirtió su historia personal y su capacidad para conectar con los sectores populares en herramientas decisivas para su campaña.

Una infancia marcada por la pobreza
Lula nació en 1945 en Caetés, en el estado de Pernambuco, en el empobrecido nordeste brasileño. Fue el séptimo hijo de Aristides Inácio da Silva y Eurídice Ferreira de Melo, conocida como Dona Lindu. Su infancia transcurrió en una región rural marcada por la sequía, la pobreza y la falta de oportunidades.
Su padre abandonó a la familia antes de su nacimiento y se trasladó a São Paulo para comenzar una nueva vida. Ante la falta de perspectivas, Dona Lindu decidió emprender un largo viaje junto a sus hijos para reunirse con él y buscar mejores condiciones de vida.
La familia recorrió unos 2.500 kilómetros en un camión de carga rumbo al litoral paulista, en una travesía que duró 13 días. La ciudad industrial ofrecía posibilidades de empleo que parecían inalcanzables en el agreste pernambucano.
Desde niño, Lula tuvo que trabajar para ayudar a su familia. Vendió cacahuetes, naranjas y tapioca en las calles, además de desempeñarse como limpiabotas. A los 14 años consiguió empleo en una fábrica de tornillos y comenzó a formarse como tornero mecánico.
Una de sus primeras fotografías conocidas lo muestra junto a su hermana Maria Baixinha, cuando tenía apenas tres años. Para la imagen, posó con una camisa y unas sandalias prestadas por el fotógrafo, que le quedaban grandes.
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Décadas después, esa infancia se convertiría en una parte esencial de su discurso político. “Yo soy el resultado de milagros (...) Todo lo que ocurrió en mi vida fue un milagro”, suele afirmar durante sus mítines.

Del sindicalismo a la Presidencia
El camino de Lula hacia la política comenzó en el movimiento sindical. Convencido por su hermano Frei Chico, visitó el Sindicato de los Metalúrgicos de São Bernardo do Campo, en el cinturón industrial de São Paulo. Allí encontró un espacio para defender los derechos de los trabajadores y construir su liderazgo.
“Jamás imaginé que sería un dirigente sindical”, recordó en uno de sus mítines.
Durante la dictadura militar brasileña (1964-1985), Lula encabezó grandes movilizaciones obreras y se convirtió en una figura destacada de la oposición al régimen. Su liderazgo sindical le permitió ampliar su influencia y proyectarse hacia la política nacional.
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En una entrevista concedida a la revista IstoÉ, cuando presidía el sindicato, resumió su compromiso: “Solo tengo un compromiso con los trabajadores que me eligieron”.
En 1980 participó en la fundación del Partido de los Trabajadores, una organización que reunió a sindicalistas, movimientos sociales, intelectuales y sectores de izquierda. Seis años después fue elegido diputado federal constituyente con 651.763 votos, la mayor votación individual de aquella elección.
A partir de entonces, su objetivo fue llegar a la Presidencia. Se presentó a las elecciones de 1989, 1994 y 1998, pero perdió en las tres ocasiones. Su victoria llegó en 2002, cuando consiguió abrirse paso hacia el Palacio de Planalto después de moderar parte de su discurso y ampliar sus alianzas políticas.
Durante sus dos primeros mandatos, entre 2003 y 2010, Brasil experimentó una etapa de crecimiento económico y expansión de programas sociales. Sus gobiernos impulsaron políticas orientadas a combatir la pobreza y el hambre, ampliaron el acceso a la educación superior y fortalecieron la presencia internacional del país.
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Ese periodo consolidó su popularidad entre amplios sectores de la población, aunque su trayectoria también quedó marcada por los escándalos de corrupción que afectaron a dirigentes de su partido y a integrantes de sus administraciones.
La caída política y el regreso al poder
Después de dejar la Presidencia, Lula perdió protagonismo en medio de las investigaciones de la operación Lava Jato. En 2018, el Partido de los Trabajadores volvió a presentarlo como candidato presidencial, pero su aspiración quedó frustrada cuando fue encarcelado tras recibir condenas por corrupción que posteriormente fueron anuladas.
La anulación de esas condenas le permitió recuperar sus derechos políticos y regresar a la competencia electoral. En 2022, Lula se enfrentó al entonces presidente Jair Bolsonaro y lo derrotó en una de las elecciones más polarizadas de la historia reciente de Brasil.
Su regreso al poder supuso otro hito: Bolsonaro se convirtió en el primer presidente brasileño en ejercicio que perdió una elección mientras aspiraba a continuar en el cargo.
Cuatro años después, Lula volvió a desafiar los pronósticos. Tras quedar por detrás de Flávio Bolsonaro en la primera vuelta de 2026, reorganizó su campaña, reforzó su presencia en las redes sociales y apeló a la movilización de sus bases para darle la vuelta al resultado.
La victoria de este domingo no solo amplía su trayectoria presidencial, sino que confirma su capacidad para mantenerse como una figura central de la política brasileña a lo largo de varias décadas.
Una vida personal entre pérdidas y nuevos comienzos
La vida personal de Lula también ha estado marcada por las pérdidas y las segundas oportunidades. Se ha casado tres veces y enviudó en dos ocasiones.
Su primera esposa, Maria de Lourdes da Silva, murió por complicaciones durante el embarazo de su primer hijo, dos años después de su matrimonio. Posteriormente se casó con Marisa Letícia Lula da Silva, con quien compartió gran parte de su vida y tuvo hijos. Ella falleció en 2017 a causa de un derrame cerebral.
En 2022, Lula contrajo matrimonio con la socióloga Rosângela ‘Janja’ da Silva, quien lo acompañó durante la campaña que lo devolvió a la Presidencia.
Padre de cinco hijos y reconocido hincha del Corinthians, el mandatario suele hablar de su deseo de vivir hasta los 120 años. Una aspiración que, a la luz de su trayectoria política, parece ir de la mano con su costumbre de desafiar los pronósticos y regresar cuando muchos lo daban por fuera de la contienda.














