viernes 31 de mayo de 2019 - 12:00 AM

Centroamérica se realínea

La llegada y elección de nuevos presidentes en países como México, El Salvador y Panamá cambian el panorama político de Centroamérica, donde sus sistemas políticos están permeados por la corrupción.
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Centroamérica hace frente a a nuevos liderazgos, castigando al bipartidismo tradicional en una región que no logra aún liberarse de manera definitiva de un pasado autoritario y superar la desigualdad, la exclusión, la pobreza, la violencia y la corrupción.

De la mano del izquierdista Andrés Manuel López Obrador en México, el antisistema Nayib Bukele en El Salvador y el socialdemócrata Laurentino Cortizo en Panamá, el espectro político de la región adquiere otros matices ideológicos, reacomodando así la geopolítica latinoamericana.

Expertos en el tema concuerdan en que Centroamérica necesita al menos tres elementos: liderazgos nuevos, honestos y con una robusta voluntad transformadora.

Hugo Fernando Guerrero, docente de la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales de la Universidad de La Salle, atribuye la irrupción de estos nuevos líderes en los países centroamericanos a un desgaste de las malas administraciones pertenecientes a partidos con un posicionamiento hegemónico en el poder.

Dice que todo es resultado de la inoperancia para enfrentar con problemas que preocupan a la ciudadanía.

Alude al caso de López Obrador en México, señalando que significó la llegada al poder de una izquierda moderada, aunque destaca que lo que realmente demuestra es un desgaste de las castas políticas tradicionales en ese país.

Lo que pasó en México, a su juicio, más que una tendencia es una alternancia política, que no puede interpretarse como la derrota de la derecha.

Después de cuatro meses de su asunción, el presidente mexicano hace gala de un liderazgo centralizado, una desconfianza hacia los órganos autónomos, y ha mostrado moderación en asuntos económicos y financieros.

Asimismo ha puesto el combate contra la corrupción en el centro de sus políticas públicas.

Relación con EE.UU.

Sin embargo, Fernández considera que su mayor reto de, más allá de su posición ideológica, es un relacionamiento con su vecino del norte, Estados Unidos.

“El reto de mantener la dignidad de México, y capotear a Donald Trump” en el asunto migratorio, opina el docente universitario.

En ese orden de ideas, describe a México como la “bisagra” de una fuerte y compleja migración de los países del Triángulo Norte de Centroamérica, es decir, El Salvador, Honduras y Guatemala. Miles de personas atrapadas en la frontera entre México y Estados Unidos.

Pero el mandatario mexicano también ha mostrado una actitud contradictoria hacia los migrantes. A la par que su gobierno les promete trabajos y visas humanitarias, los detiene y deporta.

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A excepción de Costa Rica y Panamá, remarca que los países de la región afrontan problemas sociales, tales como debilidad institucional, migración, inequidad, desigualdad y violencia derivada del crimen organizado, como los maras.

Lo que no deja de ser una amarga paradoja en Centroamérica, una región donde la población padece la miseria, pero tiene una riqueza y belleza natural particular.

De otro lado, menciona que caso aparte merece Nicaragua, donde se presenta un “enraizamiento del poder” bajo la figura del izquierdista Daniel Ortega, con un “carácter dictatorial”.

Retos a la vista

Por su parte, Mauricio Jaramillo, profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad del Rosario, concibe una renovación de dirigentes como tal de manera clara en México, El Salvador con el liderazgo joven de Bukele y en Panamá con Cortizo.

También se refiere a Guatemala con el presidente Jimmy Morales, si bien ya está de salida.

En el caso salvadoreño, el triunfo del publicista Bukele supone una renovación de en un modelo desgastado y corrupto, teniendo en cuenta que los tres últimos presidentes están siendo procesados. No en vano, El Salvador, el más pequeño de Centroamérica, es considerado uno de los países más desiguales y violentos del continente.

En cuanto a la nueva dirigencia política en esta parte del continente americano, el analista internacional identifica los tres retos más visibles.

Como primera medida se refiere a cómo contrarrestar la andanada en contra de la migración.

“Trump lleva más de dos años de mandato y no ha dado ninguna señal de que vaya a renunciar, y esos estados tienen la responsabilidad un poco de canalizar el tema migratorio”, asegura.

En segundo lugar resalta que estos países tengan que enfrentar el tema de China, al explicar que Centroamérica fue la región por excelencia que en América Latina reconoció al gobierno de Taiwán.

“La mayoría de los estados ha venido girando para reconocer a la república popular, el caso de Panamá es emblemático”, describe el experto.

En consecuencia, advierte que toda la inversión china es un desafío en el corto plazo para la región, sin que ello obviamente implique un sacrificio en la relación con Estados Unidos, que mantiene tensas relaciones con el gigante asiático, en el marco de la guerra comercial actual.

Jaramillo cita como tercer reto, a su modo de ver uno de los importantes, el hecho de cómo estos gobiernos vecinos lidiarán con el tema nicaragüense, donde la degradación de la crisis en el corto plazo es notoria.

Otra interpretación que da a estos nuevos liderazgos y a la renovación en el ejercicio del poder, es que estén estrechamente ligados al auge de fenómenos de corrupción extendida en toda Centroamérica.

La región se ha convertido en una fábrica de expresidentes bajo sospecha o inculpados, e incluso ya condenados. Algunos de los casos más sonados involucran a los exgobernantes Mauricio Funes, Elías Antonio Saca y Francisco Flores (El Salvador), Álvaro Colom y Otto Pérez (Guatemala) y Ricardo Martinelli (Panamá).

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