domingo 12 de septiembre de 2021 - 12:00 AM

El terrorismo sigue ‘vivo’ a expensas del 11 de septiembre

Hace dos décadas, terroristas desafiaron a la primera potencia mundial, Estados Unidos. El país “herido” y con un enorme poder militar y económico declaró la “guerra contra el terrorismo”. Al cabo de los años, el mundo lidia con las consecuencias de esa cruzada global antiterrorista.
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El golpe terrorista que cambió el mundo, también cambió la forma de los países de combatir una nueva amenaza global: El fundamentalismo islámico.

Los ataques del 11 de septiembre en 2011, hace justamente 20 años, en Estados Unidos, reivindicados por Al Qaeda, un grupo terrorista que defiende una visión radical del Islam y liderado por Osama bin Laden, muerto en 2011 en una operación encubierta norteamericana en Pakistán, dieron pie a una guerra global contra el terrorismo que llevó al declive del liderazgo global de Washington.

El balance de estas dos décadas se resumen en frustración por las guerras perdidas en Medio Oriente, Iraq y Afganistán, derrotas que resultaron en terreno fértil para el crecimiento del extremismo. Sin duda, el 11-S marcó el inicio de la pérdida del poder de EE.UU. frente a otros países.

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Este fracaso, Néstor Rosanía, investigador y corresponsal de conflictos armados, lo atribuye a la falta de claridad con respecto a la guerra contra el terrorismo declarada por el entonces presidente estadounidense George W. Bush.

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“Después del 11 de septiembre las potencias empezaron a librar la guerra global contra el terrorismo, pero desde su origen tenía dos problemas: Quién era el terrorista y a quién se le podría asignar esa categoría y segundo, cuándo se vencía el terrorismo y se podía levantar una bandera de victoria”, considera el también director del Centro de Estudios en Seguridad y Paz.

Eso, en su opinión, no quedó claramente definido el ‘norte’ de esta guerra, lo que desencadenó una guerra de definiciones políticas y de alianzas entre las potencias.

“No era lo mismo decir terrorismo en Estados Unidos, en Irán, en China o en Rusia”, explica Rosanía, quien agrega, que esta situación configuró un tablero geopolítico mundial.

“Un desastre en la guerra asimétrica”

Bajo esa lógica, EE.UU. termina invadiendo Iraq y Afganistán, y “demostrando de nuevo, que en términos de guerra regular, es el ejército más poderoso del mundo, pero es un desastre, en la guerra regular y asimétrica”.

En ese orden de ideas, señala que a los talibanes las tropas norteamericanas los derrotaron en ocho semanas en 2001. Sin embargo, se enfrascaron en una guerra asimétrica por más de 20 años, con lo que esto significa en términos de costos económicos, bajas y pérdida de vidas.

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En Iraq, la historia fue similar. Según Rosanía, se retira de un país completamente “desbaratado, destruido” y al borde de una guerra civil.

Las intervenciones mili tares en las que se embarcó EE.UU. después de 2001 en los países de Medio Oriente le han costado hasta le fecha 8,4 billones de dólares.

“Nunca (Estados Unidos) ha podido levantar la bandera de victoria”, insiste Rosanía.

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Más de 50.000 civiles han muerto en la guerra de Afganistán y 2.455 miembros o militares de Estados Unidos.

En este contexto, se cuestiona si EE.UU. realmente se derrotó al terrorismo a nivel mundial, poniendo como ejemplo el caso afgano. “Estados Unidos que siempre ha dicho que nunca hay que negociar con los terroristas, el expresidente (Donald) Trump terminó negociando con ellos”, dice.

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En definitiva, el 11-S y el concepto del terrorismo en el mundo se desdibujó “por intereses personales de multinacionales interesadas en el gas y el petróleo en Oriente Medio y que afectaron y atacaron la vida de muchos inocentes”, lamenta el experto.

Amenaza latente y terrorismo doméstico

A su turno, Lawrence Gumbiner, exdiplomático estadounidense, profesor y consultor internacional, asegura que la principal amenaza para EE.UU. tras el 11-S, sigue siendo el terrorismo fundamentalista islámico.

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Un terrorismo, que agrega, tiene como objetivo destruir el estilo de vida occidental, “donde la muerte es bien vista, y el enemigo es Occidente”.

Desde su punto de vista, la amenaza sigue viva, y se fortaleció recientemente en Afganistán, en manos nuevamente del Talibán, que en el pasado dio refugio a Osama bin Laden, la mente maestra tras los atentados del 11 de septiembre de 2001.

Una encuesta reciente de la cadena ABC señala que el 49% de los estadounidenses considera que su país es más seguro de lo que era antes de los atentados del 11-S.

La retirada estadounidense del país asiático, 20 años después de su ocupación, visto como el peor error estratégico de las últimas décadas de EE.UU., dejó ahora un nuevo espacio: El posible resurgimiento de Al Qaeda.

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En lo que se refiere al terrorismo doméstico, Gumbiner señala que si bien es una amenaza seria y ha crecido en los últimos años, alimentada especialmente por el expresidente Donald Trump con su retórica de ultraderecha, no es equiparable al terrorismo islámico.

Basa su argumento en que Estados Unidos tiene unas instituciones fuertes y una capacidad en el FBI y en sus agencias de seguridad para monitorear este tipo de terrorismo interno.

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Evolución y consolidación

Geraldine Bustos, profesora de la Universidad de la Sabana, observa cambios a lo largo de estos 20 años del 11-S, con la proliferación de estructuras terroristas, como el Estado Islámico.

“Los atentados del 11-S mostraron que el terrorismo es un fenómeno global y se ha consolidado a través de los años”, como la organización Al Qaeda como actor dominante, en un principio, afirma. Pero ahora, lo que se ven son grupos terroristas que pueden estar afiliados o no entre sí, describe la experta.

Estructuras terroristas que trabajan en forma de red, a diferencia de Al Qaeda, que era jerarquizada.

Tras la muerte de Osama bin Laden, Al Qaeda se atomiza, al tiempo que evoluciona.

Es decir, se descentraliza para funcionar como células terroristas, explica Bustos.

Para ella este fenómeno ha tenido un gran impacto a nivel mundial gracias a las redes sociales, ya que pueden actuar en diferentes puntos geográficos, algo muy propio de la globalización del cual se han valido los terroristas.

La docente de Universidad de la Sabana destaca que en estos momentos la gran preocupación es qué va a pasar en Afganistán con la llegada al poder de los talibanes, derrocados en 2001 tras los ataques del 11-S, y si aumentará la amenaza terrorista en un mundo que se ha convertido en campo de batalla del yihadismo.

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Ángela Castro Ariza

Periodista de Vanguardia desde 1996. Egresada de la Universidad Autónoma de Bucaramanga. Miembro del equipo de la página internacional. Editora nocturna.

@acastro72

acastro@vanguardia.com

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