martes 08 de octubre de 2019 - 12:00 AM

Israel: cuando los líderes son minoría

Israel busca salir del punto muerto en el que se encuentra y formar una alianza de gobierno antes de que venzan los plazos establecidos, para evitar ir a las tercercas elecciones en menos de un año.
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Armar una coalición de gobierno ha sido, sin lugar a dudas, el principal escollo para alcanzar la estabilidad política en Israel, que al paso que va se apresta a sus terceras elecciones parlamentarias en línea en menos de un año.

La gobernabilidad del país, en el que en los últimos 30 años ningún partido ha podido gobernar con menos de tres aliados, pende de un hilo y poner fin a la polarización en Israel ha resultado una misión casi inalcanzable.

Ni el bloque de derechas ni el de centroizquierda, los mayores partidos del país, han logrado sumar mayoría suficiente en la Knéset (Parlamento israelí) que permitan la conformación de un gobierno de unidad nacional o de coalición.

Entonces, la habilidad para formar alianzas es ahora el factor decisivo, ya que ni Benjamín Netanyahu, ni su principal rival, Benny Gantz, obtuvieron la mayoría parlamentaria requerida para consolidar un nuevo gobierno en las elecciones del pasado 17 de septiembre.

Netanyahu, el primer ministro que ha batido el récord de permanencia en el poder en Israel (13 años) pero acosado por escándalos de corrupción, hasta el momento no ha podido formar gobierno, tras la oferta que le hiciera el presidente Reuven Rivlin. Su mensaje a todos los partidos ha sido un gobierno de unidad nacional, en donde habría rotación del cargo de primer ministro.

Frente a la situación política actual, Julián Schvindlerman, analista político internacional, recuerda que luego de las elecciones de abril pasado en las que no hubo un partido ganador con ventaja para formar gobierno por sí solo, Netanyahu, líder del partido Likud, que había alcanzado los mayores votos, convocó a nuevas elecciones en septiembre.

Pero estos comicios tampoco arrojaron un resultado que permitiera al nuevo ganador, el partido Azul y Blanco de Benny Gantz, conformar un gobierno por sí solo.

“Entonces hay una situación compleja donde se requieren negociaciones arduas entre partidos no siempre aliados o afines. Hoy la política está estancada”, advierte el experto en política internacional y Medio Oriente.

A juicio de Schvindlerman, el hecho de que Netanyahu tenga pendientes causas judiciales que debe resolver, ha impedido que Gantz quiera sentarse en un gobierno con el Likud.

Es más, agrega en ese sentido, que ha pedido un Likud sin ‘Bibi’, apodo con el que se le conoce a Netanyahu, pero éste se niega y el partido lo acaba de respaldar.

Además destaca la figura de Netanyahu al que califica como un “mago de la supervivencia política” y hábil negociador, si bien reconoce que su panorama actual luce complicado.

“Van 10 años ininterrumpidos de égida suya y hay un desgaste de su figura. Parece que Israel está lista para un cambio, aun cuando le reconoce la excelencia política que ha sabido lucir como premier. Pero las negociaciones siguen y hasta que no concluyan, nada puede anticiparse”, estima Schvindlerman.

En su opinión, las cuentas parecen no cerrarle a nadie en términos de obtención de asientos en el Parlamento, y pronostica que “si el impasse persiste, podría haber una tercera ronda electoral este año en Israel”.

Esta idea es compartida por Jaime Rosenthal, abogado y profesor de la Universidad Externado de Colombia, quien explica que la tendencia sigue siendo la misma, es decir, los dos partidos mayoritarios, los derechistas Likud y Azul y Blanco, no alcanzaron a formar una coalición de gobierno que cuente con 61 miembros de la Knéset, de 120 escaños.

El partido de Gantz, que sacó el mayor número de parlamentarios, 32 frente a los 31 del Likud de Netanyahu, se opone por el momento a entrar en negociaciones con este último.

Entre otras cosas, “porque el primer ministro muy hábilmente ha querido que las negociaciones se hagan sobre la base de que él tiene una coalición con los partidos religiosos y quiere ir a negociaciones en bloque”, insiste.

Panorama complejo

Así las cosas, Rosenthal considera que la situación es compleja, y la jugada de Netanyahu para llevar a quienes han sido sus socios religiosos a ese gobierno de unidad nacional, es algo a lo que no está dispuesto el partido Azul y Blanco porque es una formación laica cuya bandera es no ser religiosa.

El tiempo corre y en caso de que Netanyahu no logre formar gobierno, entonces el presidente Rivlin tendría que darle el encargo a otro líder.

Se espera que el elegido sea Gantz, “lo cual tampoco parece muy probable, entre otros motivos porque tendría que contar con el apoyo de los partidos de la Lista Árabe Unida, que eligió en las últimas elecciones de septiembre a 13 parlamentarios”, lo que la hace la tercera fuerza política del país, subraya el docente universitario.

Sin embargo, aclara que no existe en la historia de Israel, desde su creación en 1948, una coalición de gobierno que haya incluido a los partidos árabes, porque estos nunca han querido participar del gobierno.

En este contexto, según él, la nueva estrella de todo este tejemaneje electoral en Israel es el exministro de Exteriores, Avigdor Lieberman. No solo sacó en septiembre una votación mayor a la de abril pasado, sino que sigue siendo con sus ocho parlamentarios una fuerza política decisoria, dice.

Sin embargo, observa que por tratarse de un partido abiertamente de derecha y laico, cuya principal diferencia con Netanyahu es que no quiere sentarse en un gobierno con los partidos religiosos, la situación parece que no se resolverá, lo que conduciría a una tercera elección en Israel en menos de un año, con miras a desenredar esa madeja política.

Lea también: Ganar es perder un poco

“Una pesadilla”: nuevas elecciones
Para el analista político Gil Novick, quien vive en Israel, el Likud de Benjamín Netanyahu, en este momento busca asociarse con otros partidos para llegar a los 61 diputados, pero según las posiciones partidistas, no lo estaría logrando, aunque aún tiene unas dos semanas para intentarlo.
Si no lo logra, la pelota pasaría al segundo partido con chances, Azul y Blanco, que incluso tienen menos opciones, señala. Entonces, anota que lo que se propuso es que se unan esos dos partidos en un gobierno de “unidad nacional”.
Además “los israelíes están cansados de esta situación, quieren que se forme gobierno cuanto antes y la posibilidad de unas terceras elecciones en menos de un año es vista como una pesadilla”, comenta.
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