jueves 17 de octubre de 2019 - 12:00 AM

Pacto entre ‘enemigos’ para combatir a Erdogan

El enemigo común, ahora, es Turquía. Los kurdos y el régimen sirio sellaron un pacto para contrarrestar la ofensiva turca, en un giro inesperado del conflicto.
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Dejando atrás las diferencias, los kurdos del norte de Siria y el régimen de Bashar al Asad acordaron unir fuerzas para repeler la ofensiva turca lanzada en ese país, el pasado 9 de octubre.

Este pacto de antiguos ‘enemigos’ marca un punto de inflexión en una guerra civil que se prolonga más de ocho años en Siria, dejando a Estados Unidos fuera de la ecuación, luego de su retirada del norte del país.

EE.UU. abandonó a su suerte a los kurdos, quienes combatieron a su lado sin descanso contra el Estado Islámico (EI) hasta derrotarlo a comienzos de este año.

No cabe duda de que Al Asad, quien en el pasado se refería a los combatientes kurdos como “traidores” por su alianza con Estados Unidos y le criticaba a esta minoría la autonomía de facto que estableció en el norte del país agrupada en la Federación Democrática del Norte de Siria (FDNS), será el principal beneficiado por este giro del conflicto.

En tanto, los kurdos sirios, quienes durante décadas han estado oprimidos bajo el poder de Damasco, han reconocido que tendrán que hacer “concesiones dolorosas” para salvaguardar a su pueblo. Y lo que resulta más doloroso es que verán seriamente comprometido su proyecto político de autonomía en el norte sirio.

En opinión de Iñaki Méndez, analista internacional y experto en temas de seguridad, terrorismo y Medio Oriente, este pacto con el régimen de Damasco por parte de la Federación Democrática del Norte de Siria es una “elección por el mal menor, no por una mejor opción”.

Calificando la incursión turca como una “agresión a la soberanía siria” y sin respaldo de organismos internacionales, Méndez asegura que para “los kurdos es la forma de evitar una limpieza étnica de grandes proporciones”.

Según él, quien trabaja en The Political Room, un medio de comunicación independiente con enfoque internacional, se supone que Damasco respetará su cultura y autonomía pero los árabes, y en especial los de Baath, son muy de Siria.

Desde el punto de vista de Víctor de Currea-Lugo, profesor universitario y periodista, las relaciones entre los kurdos del norte de Siria y el gobierno central en Damasco han sido tirantes, toda vez que ha generado una política estratégica contra esta minoría en dicho país y contra su reconocimiento como pueblo.

Ahora bien, recuerda que quienes derrotan de facto al EI en el norte de Siria son precisamente los kurdos, y por lo tanto hay una capacidad militar y una legitimidad ganada por parte de ellos.

Por otro lado, el experto en conflicto, terrorismo y Medio Oriente, destaca el rol del gobierno sirio, que si bien no se ha pronunciado condenando la invasión turca, está jugado sus cartas al aliarse con los kurdos para combatir los ataques emprendidos por el gobierno de Recep Tayyip Erdogan.

“Allí hay un juego de ajedrez porque el gobierno de Siria gana si Turquía derrota a los kurdos, pero también gana si los kurdos en su necesidad de autodefensa, terminan por aceptar la presencia de tropas sirias en el norte del país, con lo cual el sueño de una autonomía federal se va desvaneciendo”, subraya. En ambos escenarios gana el régimen de Al Asad, recalca De Currea-Lugo.

Así pues, Damasco recupera el territorio del norte del país a expensas de los kurdos, que tienen que aceptar el reposicionamiento del Ejército sirio en la zona, porque lo que está en juego es supervivencia.

Amigo hoy, enemigo mañana”

La situación, a su juicio, demuestra la dinámica de Medio Oriente: “el amigo hoy es el enemigo mañana, es decir, en la región hay aliados pero no amigos”.

En ese sentido, Manuel Alejandro Rayran, profesor de la Facultad de Finanzas, Gobierno y Relaciones Internacionales de la Universidad Externado de Colombia, apunta que los kurdos están entre dos caminos: el compromiso o el genocidio.

Y prefieren lo primero, así sea con sus antiguos enemigos porque deben proteger su pueblo, por lo que están ante una “situación bastante adversa”.

De hecho, los kurdos reconocen que no tienen una confianza certera con los sirios y los rusos (mediadores del acuerdo), agrega Rayran, “pero saben que juegan con estados con intereses, que pueden cambiar en cualquier momento, como lo sabían también con Estados Unidos, que tenía una agenda propia en Medio Oriente”.

En ese marco, destaca que lo más seguro es que Rusia tendrá cada vez un papel más protagónico en la región mientras EE.UU. poco a poco se irá retirando de la misma, como parte de un giro de la política exterior con la Presidencia de Donald Trump.

Se crea un nuevo escenario en Medio Oriente, que se materializa con el retiro de las fuerzas militares estadounidenses de la región, que no solo se ha visto en Afganistán e Iraq, sino actualmente con la decisión de salir del norte de Siria, insiste el docente.

Por último, Rayran hace alusión a que dentro del acuerdo que se plantea entre las partes, los kurdos están buscando un federalismo descentralizado sirio, que existan libertades religiosas, y una identidad siria pluralista, pero advierte que solo el tiempo dirá si el régimen sirio estará dispuesto a atender estos reclamos.

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