viernes 09 de agosto de 2019 - 12:00 AM

¿Quién manda a quién?

Mientras Europa se debate entre la unidad y el nacionalismo y Estados Unidos apuesta por el unilateralismo, China y Rusia manejan un rol internacional pragmático, haciendo socios y llenando vacíos de poder dejados por EE.UU.
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Con una Rusia con afán revanchista tras la caída del bloque soviético, una China cada vez más poderosa y pragmática, un adversario como Estados Unidos con una actitud unilateral y agresiva, y una Europa tensa y dividida bajo la influencia de gobiernos nacionalistas, el tablero geopolítico mundial se muestra cada vez más inestable.

Para reafirmar el poder de sus países, líderes como Vladimir Putin y Donald Trump están intentando cambiar las reglas del juego del sistema internacional a su favor, considera David Castrillón, docente investigador de la Universidad Externado de Colombia.

En esa línea, explica que Estados Unidos bajo la era Trump es el más notorio. “Desde su llegada a la Casa Blanca, vemos cómo el presidente ha efectuado su promesa de poner a Estados Unidos primero, y de esta manera de dejar al resto del mundo de último”, explica.

Prueba de ello, según Castrillón, son los ataques al libre comercio por medio de la imposición de aranceles tanto a competidores como aliados, la retirada unilateral de EE.UU. de pactos internacionales como el Acuerdo de París, o impidiendo la operación de organizaciones multilaterales como la Organización Mundial del Comercio.

En el caso ruso, afirma que también hay ciertos intentos de cambiar el orden internacional, como ocurrió con la anexión de Crimea.

“Estos actos, entonces, están encaminados a crear condiciones más favorables para el país en cuestión, pero lo logran a expensas del resto del mundo, creando contradicciones y resentimientos que a la larga les costarán”, advierte el investigador.

En ese sentido, Julio César Botero, docente investigador de la Universidad de La Salle, apunta que Putin desarrolla un proyecto de reconstrucción del imperio ruso.

En su opinión, el líder del Kremlin está invirtiendo en muchos de los mercados a los que Trump está enfrentando con sus políticas comerciales proteccionistas, caso China.

“Eso evidencia con la inestabilidad económica y política que ha generado un presidente con la personalidad de Trump”, subraya Botero.

Para el internacionalista Camilo Enciso, la tensión entre las grandes potencias crece, mientras el poder de Rusia y China aumenta.

En ese orden de ideas, argumenta que China y Estados Unidos, en especial, se enfrentan a lo que los académicos denominan “la trampa de Tucídides”.

Es decir, “una situación en la que una potencia en ascenso disputa la preeminencia con otra potencia en descenso. Cuando eso ocurre, el riesgo de guerra aumenta y puede desatar grandes contiendas militares, tal como ocurrió en la antigüedad con Atenas y Esparta”, recuerda el experto.

Por su parte, Alejandro Alvarado, profesor universitario y analista internacional, alude a que Putin y Trump están reafirmando su poder en el mundo, a través de conflictos de pequeña escala donde su intereses se trenzan, como por ejemplo Corea del Norte, Siria e Irán.

Llama la atención sobre Venezuela, asegurando que es un ejemplo cercano de ese termómetro de poder.

“Vemos como Rusia presiona manteniendo un régimen como el de Nicolás Maduro a través de su asistencia técnica con el fin de contrarrestar la incidencia orbital de Estados Unidos, y la consolidación de su poder”, dice Alvarado.

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Como bien lo señala Víctor Mijares, profesor del Departamento de Ciencia Política de la Universidad de los Andes, en el sentido de que Putin trata de consolidar la presencia de Rusia en otras regiones, valiéndose de alianzas con Bashar al Assad en Siria o Maduro en Venezuela, y extendiendo su poderío en el espacio exsoviético.

Esto, a su juicio, responde al declive material de Rusia como potencia mundial, con una población decreciente y una economía estancada y parcialmente sancionada.

Trump, por su parte, y a pesar de la estridencia de su discurso, no parece embarcado en una política de poderío mundial, anota Mijares.

Por el contrario cree que la mayor crítica a la política exterior de Trump es “su ensimismamiento en una agenda doméstica que responde a su mensaje electoral de 2016”, centrada en el “America first”.

Además lo interpreta como una consecuencia de agenda proteccionista, más que una deliberada política de contención del auge de China, pues no atiende del mismo modo la expansión del gigante asiático en el mundo.

Los otros protagonistas

En lo que respecta a la Unión Europea, UE, Castrillón asegura que hoy se muestra como un experimento de integración regional incompleto, uno que ante la incertidumbre de un nuevo mundo multipolar, con todos sus tires y aflojes. Es incapaz de mantener la solidaridad y buena voluntad de los tiempos de bonanza de antaño.

Mijares, por su parte, califica a la UE como un proyecto económico y de seguridad que, a pesar del “Brexit” (salida de Reino Unido del bloque europeo), lo que podría seguir siendo una alternativa válida para Europa Occidental. Anota, que “la salida británica abre oportunidades para rescatar la fortaleza de la Unión a partir de la necesidad de cohesión que siguen propugnando las potencias centrales del proyecto, Alemania y Francia”.

Alvarado reconoce en tanto, que la UE está en un proceso de gran crisis a raíz de los impactos económicos del sistema financiero de hace un par de años, el ascenso de gobiernos nacionalistas de corte populista y la presión que han generado los grandes fenómenos migratorios.

En cuanto a China, Mijares considera que Xi Jinping parece estar haciendo más para reafirmar su poder y el del gigante asiático en el mundo.

Remarca que a finales de 2017 el presidente chino introdujo cambios significativos en la normativa que rige el ejercicio del poder de su cargo. Según él, esto coincide con su plan del “Belt and Road Initiative”, que apunta a convertir a China en el centro de gravedad económico mundial.

De hecho, Alvarado resalta que China se ha convertido en el gran actor mundial y lo interesante, es su liderazgo en materia tecnológica y la guerra comercial que libra con EE.UU para reforzar su papel hegemónico.

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