miércoles 26 de febrero de 2020 - 12:00 AM

Quien siembra odio, cosecha violencia

La narrativa xenófoba y ultraderechista cobra fuerza en países europeos donde las ideologías de extrema impulsadas por las fuerzas políticas populistas están originando un clima
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Tobías Rathejn mató a tiros, hace una semana, en dos bares de la ciudad alemana de Hanau a nueve personas, cinco de ellas eran turcas.

Patrick Crusius, un joven blanco estadounidense de 21 años, disparó en agosto de 2019 en un Walmart de El Paso, Texas, asesinando a 22 personas -ocho de ellas mexicanas- e hiriendo a 26 más.

El australiano Brenton Tarran abrió fuego en dos mezquitas de la ciudad de Christchurch, en marzo de 2019. Transmitió en directo por Facebook la matanza de 49 personas en Nueva Zelanda.

Robert Bowers, al grito de “todos los judíos deben morir”, irrumpió en octubre de 2018 en una sinagoga en Pittsburgh (EE.UU.), matando a 11 personas e hiriendo a seis más.

¿Qué tienen en común estas muertes en masa? Los cuatro agresores habían publicado en redes sociales manifiestos y diatribas cargadas de odio contra migrantes, judíos, musulmanes e hispanos. El trasfondo de todos ellos: el nacionalismo blanco.

Las minorías, como los migrantes, los refugiados, las personas Lgtbi o de color, los musulmanes y los judíos, están en el punto de mira de algunos movimientos radicalizados que pueden recurrir a la violencia.

El clima de miedo y animosidad contra grupos minoritarios, construido sobre la xenofobia, el antisemitismo o la islamofobia, ha ido de menos a más.

El Índice de Terrorismo Global 2019, elaborado por el Institute for Economics and Peace, con sede en Sidney, detectó un aumento de este tipo de violencia en Europa Occidental, Norteamérica y Oceanía. Y en los últimos cinco años, la violencia de extrema derecha se ha incrementado un 320%.

En Estados Unidos, por ejemplo, el FBI ha declarado que han muerto más estadounidenses debido a ataques terroristas nacionales que en atentados internacionales desde el 11 de septiembre de 2001, y que el terrorismo doméstico está cada vez más motivado por la ideología supremacista blanca.

Voces críticas alegan que la retórica anti-inmigración del presidente Donald Trump ha inspirado e impulsado la violencia xenofóbica y racial en ese país. Es decir, le ha dado ‘alas’ a los radicales, como el autor del tiroteo en El Paso, amplificando el mensaje de odio y discriminación.

Para la antropóloga Donna Cabrera, hay que partir de la base de que todos los seres humanos tienen miedo al otro, al que es diferente y al extranjero.

Y es precisamente ese miedo por el diferente, un sentimiento que ha sido empleado en el ámbito político y mediático, “de ahí que se perciba ese clima de miedo contra los extranjeros, migrantes y grupos minoritarios”, describe la especialista en migraciones internacionales.

En su criterio, “la diferencia nos puede causar o miedo o curiosidad, hemos privilegiado el miedo, ¿por qué no cultivamos más la curiosidad como la manera de acercarnos y entender al otro y construir una sociedad más diversa? No es un proceso automático ni sencillo, pero si puede disminuir el odio y la violencia”.

Posiciones radicales

Lo mismo considera Rafael Piñeros, docente de la Facultad de Finanzas, Gobierno y Relaciones Internacionales de la Universidad Externado de Colombia, quien advierte una preocupación creciente en torno a la radicalización de posiciones respecto al otro.

Llama la atención en que Alemania es prueba de ello, país que busca atajar el fenómeno de la propaganda extremista.

Para él, el problema radica en cómo se construyen las sociedades, con elementos muy conservadores que se mantienen. En esa medida, estima que el sistema educativo y político tiene una responsabilidad muy grande frente a ese problema.

El ataque del pasado miércoles en la ciudad alemana de Hanau no es un caso aislado.

Aunque ha y quienes dicen que solo una persona disparó en Hanau, parece que fueron muchos los que le proporcionaron la munición. Con esto se refieren al discurso anti-inmigración que está en auge, envalentonado la narrativa nacionalista.

Otro antecedente fue el asesinato del alcalde conservador de Kassel, Walter Lübcke, por su política a favor de la acogida a refugiados cometido por un neonazi en junio del 2019. Además, otros alcaldes han renunciado a su cargo por el ambiente de intimidación creado por grupos radicales.

Alemania, cuya canciller Angela Merkel ha implementado una política migratoria de “puertas abiertas” que le ha valido críticas de sectores radicales, afronta tiempos difíciles, con la proliferación de organizaciones neonazis y el crecimiento electoral de la ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD).

En ese sentido, Jesús Agreda Rudenko, profesor de la Facultad de Ciencia Política, Gobierno y Relaciones Internacionales de la Universidad del Rosario, explica que si se suma una “política de puertas abiertas” para los migrantes y una crisis económica muy fuerte -con desempleo incluido-, esto genera un movimiento de rechazo muy fuerte.

En ese contexto, el experto asegura que una parte de la ciudadanía en Alemania exige “priorizar el bienestar de la población local por encima de obligaciones humanitarias”.

Ese es el discurso al que apelan movimientos políticos como la AfD y en consecuencia, la radicalización de grupos sociales que indirectamente tendrían apoyo o respaldo, expone Agreda Rudenko.

La antropóloga Cabrera hace eco a la anterior tesis, señalando que “el discurso de algunos grupos de extrema derecha responsabiliza a los migrantes de las diferentes falencias que políticas sociales, económicas, de salud y educativas pueden tener los países, sin evaluar cuál es la responsabilidad de los mismos países y sus gobernantes de garantizar un acceso más equitativo a recursos para todos los habitantes”.

Las personas migrantes y refugiadas son las primeras que aparecen señaladas para que se les limiten sus accesos a territorio y derechos, porque además llegan a “competir con los nacionales”, sostiene por su parte, Carolina Moreno, directora del Centro de Estudios de Migración de la Universidad de los Andes.

Esa situación, en su opinión, “ha alineado y alimentado de manera muy profunda y muy clara el crecimiento y el fortalecimiento de la derecha a nivel global”.

La derecha nacionalista, bajo el lema de “lo de nosotros para nosotros” o “fuera los diferentes”, “ese es en últimas un discurso de derecha muy profundo que se vuelve discriminador, xenófobo”, anota Moreno, quien se refiere a “ese aire social que percibimos en la cotidianidad”.

Lea además: Curva peligrosa a la derecha

Si bien aclara que el auge de la derecha es global, se percibe en Colombia, en la región y en todos los contextos.

Terreno fértil

Lo que más preocupa, apunta Oscar Parra, director de la Facultad de Ciencias Políticas y Gobierno de la Universidad Pontificia Bolivariana en Bucaramanga, es que se normalicen las prácticas cotidianas de xenofobia.

Bajo esa lógica, alerta que la xenofobia ha encontrado un “terreno fértil en los gobiernos de derecha”, refiriéndose al caso como el del exprimer ministro italiano Matteo Salvini, que aplicó cero tolerancia contra la migración irregular, “donde los “procesos de rechazo al extranjero, y de rechazo a lo diferente están inmersos en el discurso político”.

“Aunque se cree que las fronteras se volvieron difusas, y que somos ciudadanos del mundo, resulta que en la actualidad hemos visto todo lo contrario, hemos visto la construcción de muros, eso implica que los sentimientos nacionalistas están vivo”, y es lo que termina por exacerbar las expresiones de xenofobia y violencia racial, concluye Parra.

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