Cada 22 de diciembre, Bucaramanga celebra su aniversario y, con él, reafirma su espíritu. Hoy más que una fecha en el calendario es un acto de memoria colectiva que convoca identidad y sentido de pertenencia. La ciudad se reconoce a sí misma en sus calles, en sus montañas tutelares y en las voces que la han cantado desde el afecto más profundo. Así lo hizo mi padre, Gabriel Rincón, cuando entonó Esta es Bucaramanga una declaración de amor cívico que confirma que quien ama de verdad puede nombrar una ciudad con la hondura que merece.
“Bucaramanga, ciudad de mis amores”, decía él, y en esa frase se condensa una forma de habitar comprendiéndola en su complejidad como una ciudad que vibra entre sueños y realidades, entre la memoria del niño y la conciencia del adulto. Mi padre la conoció activa, despierta, con un pulso inquieto que el tiempo no ha logrado apagar. Los años transforman los escenarios urbanos, cambian las dinámicas y los ritmos, pero no erosionan el significado de su nombre ni la fuerza simbólica que representa para quienes la sienten propia.
La ciudad bonita es más que un punto en el mapa o una cifra en los informes urbanos. Es pertenencia, carácter y humanidad. “Amor en ti se entiende”, dice la canción, y la frase cobra sentido en la vida cotidiana el saludo franco, la conversación espontánea, la solidaridad que emerge en los momentos difíciles. Aquí el calor proviene de la gente; de esa forma directa de mirar, de hablar a los ojos y de tender la mano. Esa dimensión humana es uno de los mayores patrimonios de esta tierra, sentirse bumangués es reconocerse cercano, solidario, incluso en medio de las contradicciones que toda ciudad enfrenta.
En las letras también resuena un homenaje que atraviesa generaciones “recibe en tu cumpleaños los más lindos cantares que te envía desde el cielo don José A. Morales”. Vivir en las entrañas de esta ciudad y amarla sin engaños —como escribió el maestro— es una dicha que se prolonga por años. Estos versos son un llamado ético. Nos recuerdan que la ciudad se ha construido con cultura, memoria y responsabilidad compartida.
Al conmemorar su aniversario, Bucaramanga se revela como tierra firme en medio de la incertidumbre no perfecta, pero auténtica; no acabada, pero viva. Es una ciudad con vocación de progreso, resiliente, capaz de reinventarse sin perder su esencia. Celebrarla implica más que orgullo exige compromiso. Dice la canción “porque quien pisa esta tierra se siente bumangués”, y serlo es un sentimiento, es una forma de estar en el mundo, en ella hay un mensaje claro, el amor por la ciudad se demuestra en el trabajo diario para hacerla más justa, humana y consciente de sus capacidades. Solo así los cantares seguirán teniendo sentido, memoria y futuro.
















