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Lunes 06 de julio de 2026 - 01:00 AM

Hablemos del país

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Hablemos del país. De ese país de grandes ríos, de hermosos páramos, de selvas exuberantes, de bellas montañas y fértiles valles; de una riqueza natural y una biodiversidad racial extraordinarias. Pero también de ese país condenado a una violencia eterna, como si sobre él pesara una maldición bíblica. Del país de ricos y pobres, donde pareciera que “todo vale”: desde el asesinato hasta la mentira.

Hablemos de la cultura del “cómo voy yo”; de esa frase tan común: “usted no sabe quién soy yo”. De la compra de votos y de conciencias, de los clanes políticos, de la cultura traqueta, de la narcopolítica, de los carteles y de tantas otras vergüenzas nacionales. De ese pedazo de tierra donde, como alguien dijo, “las joyas falsas que lucen los ricos parecen auténticas, y las auténticas que lucen los pobres siempre parecen falsas”. Esa es nuestra Colombia. Y, sin embargo, seguimos poniendo cara de decentes, de “yo no fui”.

El nuevo ministro de Hacienda de ese país del que hablamos es sobrino de Álvaro Gómez Hurtado, quien habló del “régimen” para describir las componendas utilizadas para gobernar y apropiarse de la riqueza de nuestra nación. Porque aquellos que se llamaban próceres fueron también quienes sembraron la semilla de la violencia partidista, narcoterrorista y subversiva. Gómez Hurtado definía ese “régimen” como un “sistema de compromisos y de complicidades que está dominando la totalidad de la vida civil”, un sistema que sigue envileciendo el ejercicio de la política y en el que se sacrificaron objetivos fundamentales como la paz y la seguridad.

Su sobrino sabe que una de las grandes preocupaciones de Gómez Hurtado fue la justicia social y la lucha contra la pobreza. Desde la cátedra y el periodismo dejó sembrado ese pensamiento. Hoy tiene la oportunidad de traducirlo en políticas que beneficien a los colombianos. Ojalá se esfuerce por construir un verdadero “acuerdo sobre lo fundamental” y no contribuya a agravar los serios problemas económicos que rodean al país.

Si ese “régimen” hubiera aplicado las recomendaciones de la Misión Lebret —encabezada por el dominico francés Louis-Joseph Lebret, promovida durante el gobierno de Rojas Pinilla y entregada en 1958 gracias a mi tío Álvaro Ortiz Lozano —, quizá se habría evitado una guerra de más de sesenta años que en cierto modo no ha terminado. Aquel informe proponía acelerar el desarrollo y promover una mayor igualdad social y económica en el campo. Sin embargo, no permitieron que los gobiernos de los Lleras las llevaran a cabo, y la violencia continuó. Porque a este país no lo han querido dejar entrar plenamente en la modernidad ni disfrutar los derechos que una verdadera democracia debería garantizar.

Nota. Si las ciclorrutas hubieran privilegiado realmente a ciclistas y peatones —que hoy tienen que caminar por andenes peligroso—, y si estos hubieran sido intervenidos con el mismo empeño, probablemente nadie estaría hoy celebrando el triste final de aquellas.

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