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Lunes 22 de julio de 2024 - 08:40 AM

Obras son amores

Columna de opinión de Johanna Cárdenas Acevedo

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Desde hace décadas, el desarrollo sostenible ha sido tradicionalmente entendido como un equilibrio entre lo económico, lo social y lo ambiental. Sin embargo, existe un cuarto pilar igual de fundamental: la cultura. Hoy, quiero referirme a una pequeña parte, la cultura ciudadana, ese conjunto de valores, normas y comportamientos que cohesionan y hacen progresar a una sociedad.

El debate público alrededor del tema, a nivel local y nacional, es claro: existe una crisis en materia de cultura ciudadana, que salta a la vista a través de noticias diarias sobre hechos vergonzosos que se vuelven virales y alcanzan, incluso, el foco internacional. En el área metropolitana también se siente esta crisis. Al caminar por las calles, al conducir en los parques, colegios, casas, universidades y en el espacio público, pareciera que ningún escenario escapa de este problema.

¿Qué quedó en el Plan de Desarrollo de Bucaramanga frente a este tema? Tres afirmaciones: realizar 100 eventos sobre manifestaciones culturales en el marco del Programa de Cultura Ciudadana; implementar 3 estrategias de educación vial; e implementar un proyecto de convivencia y seguridad ciudadana.

A primera vista, estas acciones parecen quedarse cortas. Además, sin indicadores de resultado será difícil que se logren los cambios que la ciudad requiere; sobre todo si no responden a una estrategia amplia que reúna a todos los actores que pueden apoyar este tipo de iniciativas.

Si hoy la ciudad, después de años de estos programas y estrategias no ha logrado transformar la cultura ciudadana, ¿por qué pensamos que continuar haciendo lo mismo va a llevarnos a un resultado diferente?

No podemos darnos el lujo de que la inversión en este componente sea anecdótica, como lo fueron los 362 millones de pesos que se invirtieron en cultura ciudadana durante la administración anterior.

Estos próximos cuatro años deben ser una oportunidad para trabajar de forma articulada, sostenida, concertada, contundente y planeada estratégicamente, a través de acciones probadas en su efectividad y adaptadas a nuestros códigos. Esto de la mano de las sanciones respectivas y la correcta aplicación del código de convivencia.

La invitación también es a todos los ciudadanos que vivimos en el área metropolitana, a que reflexionemos sobre aquellos comportamientos que necesitamos cambiar. No podemos exigir una mejor ciudad cuando no estamos dando a nuestra ciudad la mejor versión de nosotros mismos.

Sabemos que hay un nivel de orgullo importante en la ciudad, los datos así lo evidencian. Ese orgullo debe traducirse en acciones. Como dice el dicho popular, “obras son amores, y no buenas razones”.

La ciudad no aguanta más palabras, necesita cambios por parte de todos y una inversión pública a la altura del desafío.

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