Publicidad

Columnistas
Sábado 23 de noviembre de 2024 - 04:00 AM

El Grinch bumangués

El Grinch, estaba ahí para devolvernos algo que en nuestras ciudades se ha vuelto un lujo: el respeto por lo público y lo colectivo.

Compartir

Hace unos días, en las calles de Bucaramanga apareció un Grinch, pero no para robar la Navidad, sino para defender las ciclorrutas. Con su disfraz verde y su actitud decidida, bloqueó el paso a los motociclistas que, sin mayor reparo, invadían el espacio reservado para las bicicletas. El Grinch, estaba ahí para devolvernos algo que en nuestras ciudades se ha vuelto un lujo: el respeto por lo público y lo colectivo.

Las ciclorrutas de Bucaramanga, aunque necesarias, están lejos de ser funcionales. No existe una verdadera cultura de la bicicleta: ciclistas, peatones y motociclistas compiten por espacios limitados y mal diseñados. Además, las rutas son fragmentadas, sin continuidad ni interconexión, lo que dificulta su uso eficiente. Nos acostumbramos a ver motociclistas invadiendo ciclorrutas para ganar tiempo o tomando carriles del Metrolínea, y lo volvimos paisaje.

Bucaramanga necesita una red de ciclorrutas integral, continua y estratégica, que atraviese zonas clave y permita futuras expansiones. Además, es crucial replantear el diseño de estas vías para que pasen por calles alternas, evitando el colapso de las vías principales y dando cumplimiento al fallo del Juzgado 13 de la ciudad. Si no trabajamos con visión de futuro, las ciclorrutas seguirán siendo espacios subutilizados o, peor aún, invadidos.

Un ejemplo del abandono de la bicicleta como alternativa de movilidad es ‘Clobi’, el sistema de bicicletas públicas que empezó en la administración de Rodolfo Hernández y llegó a registrar más de 22,000 usuarios, pero hoy está fuera de servicio. Reactivarlo debe ser prioritario, ampliar su cobertura y garantizar rutas eficientes. No podemos permitir que proyectos útiles como estos terminen olvidados en bodegas o sepultados por la indiferencia.

En Europa, países como Bélgica, Francia y los Países Bajos incentivan el uso de bicicletas al trabajo con pagos de entre 0,20 y 0,27 euros por kilómetro recorrido. Estas políticas han reducido el tráfico, mejorado la calidad del aire y promovido la movilidad sostenible. Bucaramanga puede aprender de estas experiencias y adaptarlas para fomentar el uso de la bicicleta como medio de transporte.

Por otro lado, la ciclovía dominical, con apenas 2.5 kilómetros, resulta insuficiente para una población de más de 600,000 habitantes. Ampliar su extensión, como lo hizo Bogotá llegando a 120 kilómetros, debería ser un objetivo a corto plazo, fomentando la participación de más familias y promoviendo hábitos de vida saludables.

El Grinch nos recordó algo esencial: lo público necesita defensores, y respetar una ciclorruta no es un favor, es un acto de civismo que beneficia a todos. Bucaramanga debe abrir la discusión para transformarse en un lugar donde lo público sea sagrado, como decía el Profesor Mockus. Yo, como el Grinch bumangués, también le apuesto al civismo.

Elija a Vanguardia como su fuente de información preferida en Google Noticias aquí y únase a nuestro canal de Whatsapp acá.
Comentarios

Publicidad

Publicidad

Tendencias

Publicidad

Publicidad

Noticias del día