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Sábado 18 de enero de 2025 - 04:42 AM

ELN, enemigo de la paz

El ELN nunca ha mostrado una voluntad real de paz. Su historia está marcada por crímenes atroces y constantes burlas hacia todos los gobiernos que han intentado negociar con ellos.

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El baño de sangre en el Catatumbo, que ha dejado más de 30 muertos, desplazamientos masivos y comunidades aterrorizadas, es la demostración más reciente de cómo el ELN sigue burlándose del Estado colombiano. Durante semanas, la Defensoría del Pueblo emitió alertas sobre el peligro en la región, pero la falta de acción permitió que el caos se apoderara del territorio. Ayer, el presidente Gustavo Petro, quien tanto insistió en la “Paz Total”, finalmente decidió suspender las negociaciones con este grupo armado. Una decisión tardía, pero necesaria.

El ELN nunca ha mostrado una voluntad real de paz. Su historia está marcada por crímenes atroces y constantes burlas hacia todos los gobiernos que han intentado negociar con ellos. La masacre de Machuca en 1998, que dejó 84 personas calcinadas tras el atentado contra un oleoducto; el secuestro del Vuelo 9463 de Avianca en 1999, que mantuvo a sus pasajeros en un prolongado cautiverio; y el ataque con carro bomba en la Escuela General Santander en 2019, que arrebató la vida de 22 cadetes, son ejemplos de su barbarie. Estos actos no solo muestran su desprecio por la paz, sino también su persistente violación de derechos humanos.

Este historial incluye asesinatos, secuestros, tomas de pueblos, emboscadas y atentados que el ELN ha perpetrado sin remordimientos. No hablamos de un grupo rebelde con ideales políticos claros, sino de un cartel mafioso diversificado y multimillonario que se nutre del narcotráfico, la extorsión, la minería ilegal y otras actividades criminales. La paz nunca ha sido su objetivo, porque no hay nada que negociar con quienes tienen tanto que ganar en un estado perpetuo de violencia.

Este no es el primer gobierno que intenta acercamientos con el ELN, y lamentablemente tampoco será el último en fracasar. Ninguna administración ha logrado un acuerdo porque el ELN simplemente no quiere abandonar su lucrativo negocio. Mientras existan zonas vedadas como el Catatumbo, donde el Estado es incapaz de ejercer soberanía, estas estructuras criminales continuarán floreciendo.

El Estado colombiano debe asumir una postura firme. Las comunidades del Catatumbo y de tantas otras regiones olvidadas merecen algo más que promesas de paz y negociaciones que sólo fortalecen a los violentos. El país necesita recuperar el control territorial, garantizar la seguridad de su gente y actuar con contundencia contra quienes siguen ensangrentando nuestra historia.

Siempre he defendido los diálogos de paz, porque sin paz no hay democracia ni justicia posible. Sin embargo, esa defensa no puede significar ceder ante quienes imponen su voluntad con violencia y miedo. El ELN se burla constantemente del Estado colombiano, y es inaceptable que se les permita seguir manipulando las legítimas aspiraciones de paz de los colombianos.

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