Esta región, históricamente acosada por economías ilegales y grupos armados, vive una ola de violencia que amenaza la vida de sus habitantes y pone en jaque el futuro de un territorio estratégico para Colombia.
La crisis de seguridad que golpea al Magdalena Medio, particularmente a municipios como Barrancabermeja, Puerto Wilches, Yondó, Sabana de Torres, San Pablo y Cantagallo, ha alcanzado niveles alarmantes. Esta región, históricamente acosada por economías ilegales y grupos armados, vive una ola de violencia que amenaza la vida de sus habitantes y pone en jaque el futuro de un territorio estratégico para Colombia.
Homicidios selectivos, masacres, desplazamientos forzados y amenazas a líderes sociales son prueba de la incapacidad del Estado para garantizar el control territorial. Si el gobierno sigue ausente, el Magdalena Medio correrá la misma suerte que el Catatumbo, que hoy suma más de 80 muertos y 36.000 desplazados. El llamado del gobernador de Santander no es solo un acto de advertencia, sino una crónica de una tragedia anunciada. Si el gobierno central no actúa con rapidez y determinación, el control territorial se perderá, repitiendo el mismo desenlace que convirtió al Catatumbo en tierra de nadie.
El Magdalena Medio es clave por su riqueza natural y su ubicación estratégica, pero esta misma riqueza lo convierte en blanco de disputas violentas entre actores armados ilegales. Comunidades como Puerto Wilches viven bajo el acecho del narcotráfico y la minería ilegal, mientras Barrancabermeja, el corazón petrolero de Colombia, ve amenazado su desarrollo por el recrudecimiento de la violencia.
Es urgente que la operación militar solicitada por el gobernador no quede en palabras. El Ejército y la Policía deben reforzar su presencia para desarticular a los grupos ilegales. Sin embargo, como la historia nos ha demostrado, las soluciones solo militares son insuficientes. Es necesaria una estrategia integral que incluya inversión social, generación de empleo y mejora de infraestructura básica.
La ausencia del Estado en el Magdalena Medio es inaceptable. El desempleo en Barrancabermeja supera el 21.6%, y la falta de infraestructuras básicas alimenta la desesperación, llevando a muchos a recurrir a economías ilegales. Además, el gobierno debe fortalecer las capacidades de inteligencia y cooperación interinstitucional para desmantelar los grupos armados y promover programas sostenibles de sustitución de cultivos.
Desde esta tribuna, me sumo al clamor del gobernador y de los habitantes del Magdalena Medio. No podemos permitir que Santander se convierta en el próximo Catatumbo. El Presidente de la República debe actuar con contundencia y responsabilidad, antes de que la situación se desborde. Barrancabermeja, Puerto Wilches y el resto de la región no pueden seguir siendo víctimas de un Estado ausente. Es hora de devolverles la paz y el progreso que merecen, y de actuar ahora para evitar que la historia se repita.












