Resaltando la buena pluma del que fuera uno de los columnistas más leídos de Vanguardia en los últimos años, Miguel Ángel Pedraza Jaimes escribió esta columna, una semana antes de asumir la dirección de Vanguardia.
Un grave problema estamos viviendo en la ciudad alrededor de su desaseo, basuras por todos lados, escombros y hasta muebles viejos en las esquinas. Un problema de falta de orden, pero sobre todo de incultura ciudadana, de falta de civismo. Gente sin compromiso por la urbe que bota su suciedad en la calle. ¡Absurdo!
Hace rato lo estamos padeciendo, pero en estas épocas se ha visto recrudecido, a tal punto que ya hay sitios que siempre están llenos de basura, como si ese fuera un botadero autorizado o un lugar indicado para arrojar escombros. Es fatal tanta incultura, tanto desprecio por la limpieza y el ornato, es miserable lo que muchas personas hacen con sus residuos, sin importarles el perjuicio que causan a la ciudad y a los derechos ajenos.
Los “escobitas” de la empresa de aseo recogen y recogen desechos, y la mayoría de las veces ante el llamado de alerta tienen que volver a pasar por el mismo sitio a recoger la basura de los insensatos. Y la ciudad se afea y se contamina. Un “escobita” exclamó esta semana, al mejor estilo santandereano: “así es muy arrecho, mano”.
Y al problema de las basuras hay que añadirle el de la movilidad de los motociclistas, el permanente cruce de semáforos en rojo, la violación repetida de las normas de tránsito, la constante contravía, en fin, maniobras irreglamentarias y peligrosas que causan pánico y desorden. Es cierto que faltan agentes de tránsito, pero resulta inconcebible la notoria infracción de las reglas por parte de los conductores de motos y domiciliarios.
No es este un problema exclusivo de la actual administración del alcalde Beltrán, claro que no, también sucedió en la era de Cárdenas y en la alcaldía de Rodolfo. Pero cada vez estamos peor, cada vez más sumidos en el atraso, con unas autoridades absolutamente vulnerables ante la negligencia, el irrespeto y la indiferencia de una ciudadanía inculta. Con gente sin compromiso y sin obediencia, muy difícil cambiar y muy complicado hacer de la ciudad una “Bucaramanga, bonita otra vez”.
Todo parece anárquico en esta capital, cada quien en su mundo, cada cual imponiendo sus malas maneras, cada uno siendo indolente e insolente, con un nivel de violencia e intolerancia subido, y la inseguridad rampante porque los ladrones no dan tregua. Y el sicariato sigue en aumento con la “guerra del perico”.
Estamos en mora, de verdad, de emprender una campaña intensa de cultura ciudadana desde la Alcaldía, las juntas comunales, los colegios, las instituciones universitarias y las empresas, o de lo contrario seguiremos viviendo entre la basura y la maleza, la desobediencia y el irrespeto, o el desorden y la anarquía. ¡Pilas ahí, señores!












