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Columnistas
Jueves 30 de enero de 2025 - 04:59 AM

Dignidad pisoteada, vidas estropeadas

Dos dramas anunciados, miles de vidas estropeadas. La ocasión para dos presidentes de “gobernar” por celular. A buena hora se hicieron también intervenciones por vía diplomática con servidores cuerdos y cercanos a las normas y leyes en respecto de las respectivas Constituciones.

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Dos dramas humanos han invadido la actualidad colombiana y traspasado las fronteras: la deportación de migrantes colombiano por el gobierno de Trump y el desplazamiento forzado de miles de familias colombianas por una nueva explosión de violencias en el Catatumbo.

Dos dramas anunciados, miles de vidas estropeadas. La ocasión para dos presidentes de “gobernar” por celular. A buena hora se hicieron también intervenciones por vía diplomática con servidores cuerdos y cercanos a las normas y leyes en respecto de las respectivas Constituciones.

Se logró apagar el incendio y aplazar la crisis desatada. Están llegando los/as deportados/as en condiciones dignas. ¿Con banderitas y flores? no me consta, pero al menos sin grilletes ni cadenas. Es lo que sigue que confirmará - o no - que las condiciones de su retorno y reintegración a la vida colombiana respetan su dignidad. Importa hacerle seguimiento a las condiciones de vida de estos connacionales que regresan sin querer hacerlo, como tal vez se habían ido sin desearlo mucho tampoco. El espejismo del “sueño americano” decepciona a más de uno que se fue anhelando mejores condiciones de vida y “un futuro” para su familia. Ahora, su futuro está de nuevo aquí y el Estado debe responder por sus derechos y su bienestar.

La explosión anunciada del Catatumbo no se resuelve por redes sociales ni vía diplomática. Tampoco con banderitas y flores. Es un despelote mayor y con violencias tales que tiene un profundo impacto político y para la paz nacional, pero sobre todo en la vida y la dignidad de miles de personas arraigadas en su patria. Se hace un llamado a la solidaridad de personas y organizaciones civiles y humanitarias, con eventualmente alguna coordinación oficial local, para compensar la falta de eficiencia del Estado que no estuviera preparado frente a tales emergencias. Aquí, realmente no solo es la dignidad de hombres, mujeres, líderes sociales, niños y niñas que está en juego, son sus vidas.

En el Catatumbo no se ven, pero son miles de personas que llegan con los pesados grilletes del miedo, las manos atadas por el dolor, sin ningún avión presidencial o helicóptero para sacarlos; llegan con sus vidas en un morral; caminando o en flota, corren por sus vidas y las vidas de sus hijos e hijas …

Y, como siempre, ya llegan notas periodísticas que bien pudieran escribirse con copie/pegue para informar que las mujeres se debaten entre las violencias y la esclavitud sexual, que también es violencia y de las peores.

Si lo que entendemos por dignidad es un profundo respeto por los seres humanos que se lo merecen como un derecho humano fundamental a la vida, queda espacio para la reflexión y mucho trabajo por hacer.

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