Daneidy Barrera, más conocida como EPA Colombia, encontró en el escándalo su boleto a la fama. Jactarse en las redes sociales de su vandalismo en plena crisis social de Colombia fue más allá de la polémica.
El universo digital ha generalizado la fama, pero con ello, abre la puerta a una cultura efímera y superficial. Un tema que toca fibras profundas de la sociedad: la influencia de las redes, impunidad, responsabilidad de creadores de contenido y hasta el papel de la audiencia.
Las mismas plataformas que brindan visibilidad, también pueden aniquilar a quienes se sobreexponen a cruzar la línea. Un juego perverso que envuelve un alto costo.
Indudablemente, el escándalo se convierte en moneda de cambio: los influencers lo saben bien. Todo vale para ganar audiencia, desconocen el precio que pagarán tarde o temprano.
Recrean la teoría de dos casos en las antípodas que pueden llegar a ser contraproducentes, uno judicial y otro social: uno muy cerca, EPA Colombia; otro más lejos, la actriz trans nominada a los Premios Oscar.
Daneidy Barrera, más conocida como EPA Colombia, encontró en el escándalo su boleto a la fama. Jactarse en las redes sociales de su vandalismo en plena crisis social de Colombia fue más allá de la polémica.
Con una legión de seguidores, logró convertir sus escandalosas actuaciones en un negocio rentable que al final le pasó factura. La justicia no tardó en alcanzarla. La Corte Suprema de Justicia la condenó a cinco años de prisión por los delitos de daño en bien ajeno, perturbación al sistema de transporte público e incitación a delinquir con fines terroristas. Condena que, en otro país, hubiera resultado irrisoria, porque los bienes de uso público son intocables y castigados con severidad.

El caso de la actriz trans Karla Sofia Garzón, nominada al Oscar por la película “Emilia Pérez”, da cuenta de los límites del sistema, aunque a veces tarde en reaccionar.
Sus posts sobre el islam, George Floyd, la diversidad y “el español es un idioma de pobres”, entre otros, fueron publicados entre 2019 y 2024. Una ola de críticas está causándole ingentes problemas personales y profesionales desde que vieron la luz.
Gascón, ha sido vetada en todos los eventos en los que está nominada, a pesar de ser la protagonista. Netflix la apartó de la campaña publicitaria de la película. Esta semana desactivó su cuenta de X y pidió disculpas públicamente. Hace unos días, afirmaba en su Instagram: “Estoy en una montaña rusa…”. El problema es, que lo dicho, dicho está.
Pero, no solo las y los influencers caen en el juego de la fama vacía, también los políticos. Aquellos que gobiernan a punta de tuits. ¿A cuántos hemos visto caer en picada tras un error estratégico o un comentario salido de madre?
El mensaje es claro para aquellos que buscan volverse ricos y famosos en el mundo digital: nadie está inmune, las redes pueden ser una herramienta poderosa, pero su poder es un arma de doble filo.
El escándalo no es una estrategia sostenible. Craso error creer que la polémica es un atajo al éxito y el tiempo todo lo borra. Cuando la fama se construye sobre arenas movedizas, termina devorando a quien la sostiene. ¡Ahí les dejo!











