Existe una conducta repetitiva de algunos ciudadanos que debilita la democracia, facilita los malos gobiernos y perpetúa los problemas que tanto criticamos como sociedad; esta conducta es el abstencionismo.
Es el momento de decirlo con claridad: no votar es una gran irresponsabilidad ciudadana. Quien decide quedarse en la casa el día de las elecciones renuncia voluntariamente a participar en la decisión más importante que se puede tomar por una región o por un país y, al mismo tiempo, le entrega a otros la facultad de decidir su futuro, el de su familia y el de todo un país.
Durante años hemos escuchado las mismas excusas, que todos los políticos son iguales, que nada va a cambiar, que un voto más no hace la diferencia. Sin embargo, quienes sostienen esos argumentos suelen ser los mismos que después se quejan del deterioro de la economía, de la inseguridad, de las decisiones equivocadas del gobierno o de la falta de oportunidades. Es una contradicción tan evidente como preocupante: se exige un país mejor mientras se renuncia al principal mecanismo para construirlo.
La democracia colombiana enfrenta una paradoja inaceptable. Millones de ciudadanos reclaman cambios profundos, pero una enorme cantidad de ellos permanece ausente cuando llega la hora de expresarse en las urnas. Como resultado, el destino de más de 50 millones de colombianos termina siendo definido por una fracción mínima de la población habilitada para votar. No es exagerado afirmar que gran parte de los problemas políticos del país encuentran explicación en esa indiferencia colectiva.
Las consecuencias están a la vista, Colombia atraviesa una etapa de incertidumbre, división y desgaste institucional, promesas incumplidas, errores del gobierno, improvisación en decisiones fundamentales, corrupción disparada, derroche financiero y la incapacidad de responder a muchos de los desafíos nacionales. Todo esto ha generado frustración en amplios sectores de la sociedad; el país necesita un cambio de rumbo, pero ese cambio jamás llegará si quienes desean algo diferente optan por la apatía en lugar de la participación.
La abstención no es una posición neutral. Beneficia siempre a alguien, favorece a quienes tienen estructuras electorales disciplinadas, a quienes movilizan minorías organizadas y a quienes entienden que mientras más ciudadanos se queden en sus casas, más fácil será imponer sus proyectos políticos. Cada abstencionista, consciente o inconscientemente, fortalece el poder de otros sobre las decisiones que afectan su propia vida; por eso resulta equivocado presentar la abstención como una forma de protesta, la verdadera protesta democrática consiste en participar, elegir, exigir y ejercer control ciudadano.
En las últimas elecciones presidenciales el abstencionismo fue del 42 %; 16 millones de ciudadanos eligieron la apatía, ¡ahí están las consecuencias! Por eso, ¡salga a votar! No permita que otros elijan por usted.











