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Columnistas
Jueves 16 de julio de 2026 - 01:00 AM

Asamblea de academias de historia

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Durante la semana pasada se realizó en San Antonio de Pereira una asamblea de academias departamentales y municipales de historia. Las cifras de estas instituciones sorprenden: 23 academias departamentales, 39 academias municipales y 80 centros de historia municipales. Estuvieron presentes 73 representantes de ellas en la asamblea. ¿Para qué se reunieron? Para acordar los detalles administrativos de sus actividades en dos frentes: el cultivo de la ciencia de la historia y la gestión de sus casas y museos.

Es clara la paradoja del proceso que ha ocurrido: mientras se abandonaba la enseñanza de la historia patria en las instituciones de la enseñanza básica y secundaria, las academias de historia siguieron creciendo en número y actividad, en paralelo con el crecimiento de los programas de formación de historiadores en las universidades, pues ya existen seis programas doctorales y muchos pregrados. Con tesón digno de mejor causa, los funcionarios del ministerio de instrucción pública redujeron a solo tres horas semanales la enseñanza de las ciencias sociales, un cajón de sastre donde se refundió tanto la historia como la geografía. Pero no pudieron extirpar el interés por el conocimiento histórico ni detener la profusa publicación de libros y revistas dedicadas a muchos temas de la historia nacional. Recientemente, Tirant lo Blanc puso a la venta una nueva historia de Colombia en tres volúmenes, que ya va para la segunda edición.

Historia y geografía son dos marcos de orientación de todo ciudadano en el mundo. La primera suministra el contexto multisecular del acontecer del actual cuerpo de ciudadanos, y la segunda extirpa la mirada mágica y pesimista sobre la naturaleza. Al menos sirve para saber si debemos llevar un paraguas al salir de casa. Solo desorientación trajo al ciudadano la eliminación de esas dos asignaturas en su programa básico de formación. Y, pese a todo, el interés por la historia se mantiene, enfrentando sus dos enemigos: los mitos patrióticos y la fabricación de memorias para uso político. Las narrativas históricas de los políticos son el opio de la actualidad. Felizmente, los combates por una historia crítica soportada en las mejores fuentes disponibles se siguen librando.

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