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Jueves 16 de julio de 2026 - 01:00 AM

¿Peligra la laicidad del Estado?

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Falta poco para que el presidente elegido y su gobierno tomen oficialmente sus funciones. Están que no se aguantan más, y así tenemos ya una idea de lo que se quiere - ¿y puede? - hacer para transformar el País de la belleza en la Patria milagro. Estos milagros no se hacen solos; así que Don Abelardo ya le está rogando públicamente a la Virgen de Chiquinquirá, a la vez que pretende reforzar sus relaciones amistosas con sus admirados mentores Trump, Bukele y Natanyahu.

El multifacético presidente electo afirma que respetará la Constitución, sin precisar cuál. Para muestra un botón, o varios …

El futuro presidente y su señora reiteran su fe católica y la importancia de Dios en su familia y sus vidas personales, están en todos sus derechos.

Anuncian que “Dios regresará a las aulas”, que se eliminará la llamada “ideología de género” y que se profesará la fe católica, respetando eventualmente otras religiones siempre que sean cristianas. Nada que sea contrario a la Constitución colombiana que “además de reconocer directamente a Dios como una fuente de autoridad, permite a la Iglesia Católica en Colombia que tenga influencia en el Estado y en la educación de los menores de edad …”. También dice: “La educación pública será organizada y dirigida en concordancia con la Religión Católica” (Art. 41) y reafirma que “la Religión Católica, Apostólica, Romana, es la de la Nación; los Poderes públicos la protegerán y harán que sea respetada como esencial elemento del orden social”. (Art.38). T

Todo bien, salvo que esta Constitución que permite que la iglesia católica tenga injerencia en la educación pública es la de 1886, ¡obsoleta hace 35 años!, cuando fue remplazada por la Constitución de 1991.

El abogado De La Espriella jurará respetar y defender la “nueva Constitución” que acreditó la laicidad del Estado colombiano y su separación de la Iglesia, aún sea mayoritaria. Actualmente, tal como 160 de los 193 Estados miembros de la ONU, Colombia es un Estado laico caracterizado por la separación entre el Estado y las iglesias, y la libertad religiosa. Así que el país no puede ser consagrado, de manera oficial, a una determinada religión, incluso si esta es la mayoritaria del pueblo. Lo cual significa no se puede establecer una religión oficial y que el Estado, y su gobierno, debe permanecer neutral en materia religiosa.

Así las cosas, ninguna religión puede imponerse, menos en la enseñanza pública. Además, es sabido que un pensamiento único es un obstáculo a la conciencia crítica, necesaria a la formación de ciudadanos y ciudadanas pensantes, deliberativos y creativos, con criterios informados y propios. La diversidad de pensamiento es clave para la creatividad y la diversidad cultural.

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