Mujeres como María Corina Machado, en Venezuela, han demostrado lo que significa arriesgarse, desafiar el poder y cambiar las reglas del juego. Y no es solo en América Latina.
Hoy, en el Día Internacional de la Mujer, quiero hacer una afirmación crucial para el futuro de nuestra sociedad: necesitamos más mujeres en la política, muchas más. Y no me limito a decirlo hoy, sino a exigir que tomemos acción para que así sea. No basta con los avances que hemos visto hasta ahora; es urgente actuar para que más mujeres ocupen espacios de poder y decisión. Mujeres como María Fernanda Cabal, Claudia López, Paloma Valencia, Francia Márquez, Katherine Miranda, María José Pizarro y Jennifer Pedraza, son ejemplos de liderazgo político comprometido y firme. Ellas no solo han cuestionado gobiernos, han desafiado estructuras de poder dominadas por hombres, denunciado injusticias, puesto el dedo en la llaga sin temor a las consecuencias y levantado la voz cuando otros han preferido callar. Eso es lo que necesitamos: más mujeres dispuestas a sacudir el status quo, incomodar a los intocables y representar con firmeza a una sociedad que exige cambios reales.
Sí, la participación de las mujeres ha aumentado, pero no es suficiente. Las cifras no mienten: en la Rama Ejecutiva, las mujeres ya superan el 40% de participación, pero en la Rama Legislativa ni siquiera llegamos al 30%.
Mujeres como María Corina Machado, en Venezuela, han demostrado lo que significa arriesgarse, desafiar el poder y cambiar las reglas del juego. Y no es solo en América Latina. Angela Merkel transformó Alemania con su liderazgo pragmático y estable; Christine Lagarde, presidenta del Banco Central Europeo, es una de las figuras más influyentes en la economía global; Margaret Thatcher, la “Dama de Hierro”, dejó una huella imborrable en la política británica con su firmeza; Michelle Obama, como primera dama, impulsó la educación, la salud y el empoderamiento de las mujeres; y Alexandria Ocasio-Cortez, con su visión progresista y su capacidad para conectar con nuevas generaciones, ha revitalizado el debate político en Estados Unidos.
Los hombres lo sabemos, somos conscientes del poder de una mujer decidida y convencida de lo que quiere. Nadie lucha con la pasión y la convicción con que lo hace una mujer. Nadie defiende sus ideales con tanta determinación. Y hoy, como hombre político, quiero decirlo claramente: el mundo necesita esa fuerza imparable, esa pasión y ese amor por lo que se hace.
Hoy, celebro a todas las mujeres que luchan todos los días, que están cambiando su entorno haciendo política desde sus barrios, sus comunidades y en sus familias. Ojalá, en 2026, tengamos más debates donde los argumentos sean defendidos con pasión, amor, compromiso y la fuerza transformadora de las mujeres.
El futuro es femenino, y es deber de todos garantizar que las voces de las mujeres sean escuchadas y valoradas en todos los espacios de decisión.












