Una de las herramientas clave para avanzar en la igualdad de género ha sido la diferenciación entre “sexo”, entendido como las características biológicas de los cuerpos, y “género”, entendido como los roles, expectativas y limitaciones que se imponen en cada cultura y época, usando el sexo como justificación.
El pasado 8 de marzo, la Ministra Yannai Kadamani, publicó un mensaje en el que afirmaba que “ser mujer” es “un asunto biológico”. Esta afirmación generó múltiples cuestionamientos, incluyendo que es una postura transfóbica. Pero, ¿por qué? ¿Qué problema hay en decir que ser mujer es una verdad biológica? ¿No es cierto?
Pues, sí, pero no.
Una de las herramientas clave para avanzar en la igualdad de género ha sido la diferenciación entre “sexo”, entendido como las características biológicas de los cuerpos, y “género”, entendido como los roles, expectativas y limitaciones que se imponen en cada cultura y época, usando el sexo como justificación.
Es decir, como sociedades, pasamos de diferencias físicas a jerarquías sociales, políticas y económicas.
En ese paso está la diferencia entre ser una “hembra humana”, como cualquier otra hembra de especie animal, y ser una mujer, es decir, una persona con un rol y una identidad social que, según el contexto, puede o no tener derechos.
Además, ese rol está atravesado por otras categorías como la raza. Por siglos, la biología también se usó para no reconocer legalmente a las mujeres negras como mujeres, y que fueran tratadas como “hembras” destinadas al trabajo y a la reproducción, sin los derechos que tenían las mujeres blancas.
Así, decir que “ser mujer” es algo “natural” va contra la igualdad de género, que afirma que nuestros cuerpos no deben definir nuestras capacidades ni limitar nuestros derechos.
Hoy en día la línea de exclusión se ha corrido, y la biología se usa para negar las identidades y derechos de las personas trans.
No se trata de negar la conexión entre nuestros cuerpos y nuestras identidades. Se trata de decir que no hay una experiencia y una identidad únicas que se desprendan de nuestra corporalidad ni para las mujeres cis ni para las trans.
Ser mujer, tanto como ser hombre, va mucho más allá de nuestros genitales y hormonas, y todas las personas merecemos vivir plenamente nuestras identidades y derechos.
Dejemos de usar la biología para justificar las jerarquías y exclusión, y centrémonos en el respeto y reconocimiento de todas las personas.












