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Sábado 15 de marzo de 2025 - 07:20 AM

Los retornos

Muchos crecimos con ese credo en la boca, convencidos de que no habría ya marcha atrás. Dábamos por hecho que era la historia, como una experta capitana de barco, la que nos había llevado a ese lugar sin retorno.

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En los 90 se dedicó mucho tiempo a la preparación y el entrenamientos para tener las herramientas adecuadas para la globalización, una tendencia que venía como un huracán de integración comercial e interdependencia internacional. En el centro estaba la liberación del comercio y la inversión. Un mundo global que rehuía a las fronteras cerradas, a los aranceles y a las barreras en el flujo de capitales. El mundo reconocía su diversidad, pero se afincaba en la unificación de esfuerzos y la complementariedad de sus diferencias para el logro del progreso común.

Muchos crecimos con ese credo en la boca, convencidos de que no habría ya marcha atrás. Dábamos por hecho que era la historia, como una experta capitana de barco, la que nos había llevado a ese lugar sin retorno. Del mismo modo, pensábamos que la ciencia nos había puesto a resguardo de mortandades por pestes que viajaban por el aire, las cuales parecían leyendas medievales (como la “peste negra”), o de un ya lejano siglo atrás (como la “gripe española”). Pues bien, con la llegada de los años 20 del siglo XXI se demostró lo contrario: el mundo se detuvo otra vez -debería decir retrocedió- por la pandemia, y ahora cuesta aislar de ello los cambios que se están viniendo: los nacionalismos resurgidos, las ambiciones de supremacía y las fronteras cerradas.

Apenas con un lustro de la década del 2020, estamos devolviéndonos hacia el proteccionismo, los aranceles como herramienta de blindaje nacional y forcejeo entre potencias y mercados, y el peloteo de los migrantes como si se hablara de un residuo apenas visible en los titulares, sin nombre, sin familia, ni derecho a una historia. Lo que estamos viendo se parece mucho a algo que ya pasó, aunque no lo vivimos; pero es distinto, está en un contexto saturado de variables diferentes.

Estamos parados ante un espectáculo frente al que nosotros los que nacimos poco después de la mitad del siglo pasado, quizás no estemos preparados para comprender. Y tal vez porque sea un completo disparate. Nos montaron en un avión que terminó queriendo aterrizar ahora en una pista de bicicrós. Se viene a la memoria el emperador Juliano, tristemente célebre por querer restaurar el paganismo frente al avance del cristianismo monoteísta (siglo IV). Su idea del retorno al politeísmo quizás pretendió aprovechar la fe férrea de los cristianos, pero sin las ataduras a la doctrina cristiana, que entonces era liberadora. Los políticos contemporáneos quieren aprovechar el patriotismo de la gente pero sacrificando la pluralidad y las libertades conseguidas. Difícil, ya lo dijo un gran historiador: “todo retorno, en política, es ya un error”.

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