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Jueves 10 de abril de 2025 - 12:14 AM

La verdad es reparadora

Para estas generaciones es clave conocer la verdad; la verdad política, pero sobre todo la verdad familiar, de la vereda o la comuna. Para cortar este hilo de transmisión de dolores y dudas, como una herencia fatídica.

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La familia, tradicionalmente considerada la “base de la sociedad”, influye en sus miembros durante todas sus vidas, y más allá.

Esta familia que nos dio vida, que nos vio nacer; esta primera escuela en la que hemos aprendido a vivir, a amar, a reproducir lo que veíamos y oíamos, a reír y llorar. Este espacio vital en el que empezamos a construir nuestra propia identidad, aprendimos a decir no, pero también a colaborar; este entorno seguro proveedor de amor y seguridad para que desarrollemos nuestros primeros vínculos afectivos que serán luego la pauta para todos los demás durante nuestras vidas. Esta familia permanece en cada uno/a de nosotros/as.

Nunca nos desprendemos totalmente de esta familia que finalmente “vive en nosotros”, como lo explica Chantal Rialland, psicoterapeuta especialista en psico genealogía (1996). Si bien se corta el cordón umbilical físico unos instantes después de nacer, el cordón simbólico, emocional, perdura y se entrecruza con cordones intangibles de otros miembros de la familia.

Los estudios de psico genealogía y constelación familiar demuestran la tendencia a repetir comportamientos y dramas familiares ocurridos durante nuestra primera infancia, pero también antes de nuestras vidas, en generaciones anteriores. Así, hay familias con tendencia al suicidio o enfermedad mental, familias de parejas separadas y madres solteras, familias en las que la muerte ronda más que en otras. Así mismo se entiende cómo situaciones calladas o desconocidas tienden a repetirse de manera involuntaria.

La terapia basada en el conocimiento de las vidas de nuestros antecesores y su comprensión permite construir un discurso personal y sanador sobre esta familia que vive en nosotros. Se conjura así este mecanismo de repetición involuntaria de hechos anteriores silenciados.

Sin profundizar más en este vasto campo de la psico genealogía, quiero recalcar la importancia de estos conocimientos e investigaciones para miles de familias en Colombia. Miles y miles de personas nacidas de personas quienes a su vez habían nacido en contextos de extrema violencia. Para estas generaciones es clave conocer la verdad; la verdad política, pero sobre todo la verdad familiar, de la vereda o la comuna. Para cortar este hilo de transmisión de dolores y dudas, como una herencia fatídica. Para que los nuevos legados puedan ser de alegrías, esperanza y logros. Para que el odio y la necesidad de venganza no se sigan heredando.

Las Cuchas tenían razón, las generaciones herederas de una genealogía familiar y comunitaria llena de dolor, odio, desapariciones, violaciones, interrogantes, inseguridad y miedos, estos hijos e hijas de la violencia necesitan de la verdad para poder vivir y reconstruirse, para poder apostarle a la paz y aportarle al bienestar de su patria. La verdad es un derecho y una necesidad para no seguir repitiendo las historias de dolor como una maldición novelesca. La verdad es reparadora.

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