Pensando en lo anterior, me acerqué a dos relatos coincidentes en la aproximación a la idea del mal, ya sea como perversión, producto de una filosofía corrompida, o por ausencia de reflexión. Me refiero al cuento de Borges, Deutches Réquiem, y a La banalidad del mal, relato periodístico, tipo ensayo, de Hanna Arendt.
Nietzche nos advirtió sobre el desmoronamiento en occidente de la moral cristiana como consecuencia de haber sucumbido a la codicia, esencia del capitalismo, no obstante, conservando las formas y los ritos religiosos. En nuestro medio es evidente que la semana santa, con excepciones, está lejos de la reflexión sobre el bien y el mal, aunque mantiene la oración sin consciencia y las procesiones, pero para la mayoría es un tiempo para vacaciones, diversión, distracción… todo menos reflexión sin importar que muchos auguren el triunfo de la atrocidad, con la complicidad de la indolencia y el egoísmo humanos.
Pensando en lo anterior, me acerqué a dos relatos coincidentes en la aproximación a la idea del mal, ya sea como perversión, producto de una filosofía corrompida, o por ausencia de reflexión. Me refiero al cuento de Borges, Deutches Réquiem, y a La banalidad del mal, relato periodístico, tipo ensayo, de Hanna Arendt. En el primero, el protagonista, un oficial nazi condenado a muerte, asume su culpa sin renunciar a sus convicciones, justificándolas mediante su ideología nazi, permitiéndole al autor argentino preguntar sobre la complicidad del individuo con actos atroces, cuyo personaje los justifica, distorsionando la historia y las ideas de progreso sobre una supuesta grandeza de la humanidad sustentada en un grupo elegido. En el caso del ensayo de Arendt sobre el juicio a Eichmann, funcionario nazi responsable de la logística durante el holocausto, la autora despoja de monstruosidad al acusado para ubicarlo en el terreno de la obediencia irreflexiva, permitiéndose preguntar acerca de la responsabilidad individual y la capacidad humana para cometer atrocidades bajo un escenario caracterizado por la deshumanización del otro y la ausencia de pensamiento crítico. Los dos autores coinciden en que ciertas ideologías propician la pérdida del sentido de moralidad (como sucede en Colombia), lo que explicaría que individuos que pudiéramos considerar normales, cometieran crímenes atroces, independiente que fuera un burócrata como Eichmann o un intelectual como Otto Dietrich zur Linde. En ambos casos se trataría, según los autores, de seres humanos adaptados a sistemas perversos. En el primer caso, el personaje obedece, no piensa, se deshumaniza, en el segundo, piensa, pero piensa mal, intenta la justificación desde lo filosófico distorsionando las ideas, acomodándolas, en un ejercicio de sesgos cognitivos.
Con la muerte del Papa Francisco se abre la oportunidad para que católicos y no católicos leamos reflexivamente sus dos legados: la encíclica Laudato Si, y la exhortación Laudate Deum. Bergoglio describe al planeta como la casa común que pertenece a la humanidad, y de allí el compromiso con el cuidado del medio ambiente, la dignidad humana y la justicia social, advirtiendo el peligro de la tecnocracia, que hoy cobra mayor vigencia, además de criticar al antropocentrismo extremo explotador de la naturaleza, llamando a una visión de administradores responsables en lugar de la concepción de propietarios. En fin, justicia ambiental, justicia social y acciones para enfrentar las consecuencias del cambio climático, propuestas que me suenan cercanas.












