Publicidad

Columnistas
Jueves 01 de mayo de 2025 - 12:20 AM

“El que debió ser presidente”

No es una biografía sobre el brillante político, sino un juicio crítico a la política nacional de la década de 1940. El derrotero de la vida nacional hubiera sido distinto si Gabriel Turbay hubiera sido presidente.

Compartir

El pasado lunes fue presentado en la Casa de Bolívar el reciente libro publicado por Olga Lucía González bajo el título de “El presidente que no fue”. Esta historiadora colombiana residente en París emprendió una demolición de varios mitos políticos colombianos para sacar a la luz la historia de Gabriel Turbay Abunader, de su vida paralela a la de Jorge Eliécer Gaitán Ayala, y la intimidad de la campaña presidencial de 1946. No es una biografía sobre el brillante político bautizado en la Sagrada Familia el 12 de marzo de 1901, sino un juicio crítico a la política nacional de la década de 1940. El derrotero de la vida nacional hubiera sido distinto si Gabriel Turbay hubiera sido presidente durante el cuatrienio 1946-1950. Quizás nos habríamos ahorrado la violencia partidista.

Los dirigentes históricos del Partido Liberal fueron traídos al juicio historiográfico, acusados de haber saboteado la aspiración del candidato elegido por el Directorio Liberal, así como la alianza de Gaitán con el Partido Conservador, el apoyo de los sindicatos al candidato santandereano y la propaganda racista usada por algunos publicistas contra “el turco”. El mito Gaitán, tan largamente cultivado por su hija, es expuesto a la luz pública. La actuación de Alfonso López Pumarejo es severamente juzgada. Solo una estatua en todo el país, obra del maestro Carlos Gómez Castro, mantiene en Bucaramanga la memoria de quien debió ser presidente de la República.

Un gran filósofo alemán del siglo pasado sostuvo que la verdad es el resultado de un esfuerzo de desocultamiento. Este libro es una prueba de ello, si el lector tiene la paciencia de seguir la colección de pruebas de la traición y del saboteo, de la propaganda racista y de la intriga. Al final de los 14 capítulos, la autora llama a cuentas a los historiadores que se tragaron los cuentos, los que convirtieron a Gabriel Turbay en un fantasma, y también a los publicistas de la llamada izquierda, mantenedores del mito Gaitán. Por eso es que al terminar la lectura de este libro contundente se siente una liberación de mitos tozudamente sostenidos por cálculos políticos.

Publicidad

Publicidad

Tendencias

Publicidad

Publicidad

Noticias del día