Por eso, a propósito del Día Internacional de la Juventud, es importante remarcar que no alcanza únicamente con “echarle ganas” si no existen oportunidades.

Publicado por: Carlos Franco
Siempre nos han dicho lo mismo: que somos muy jóvenes, que no conocemos la historia y que no hemos vivido lo suficiente para opinar de religión, arte y política. Sin embargo, en Santander los jóvenes entre los 14 y 28 años somos cerca de 519.000 personas, lo que representa cerca del 25% de la población total de Santander. Más de medio millón de personas en quienes reposa el presente y futuro del departamento.
Santander es hoy referente nacional en educación superior, cuenta con 123.641 estudiantes matriculados, lo que representa una cobertura del 62,85%, cinco puntos por encima del promedio del país, según las cifras del Ministerio de Educación Nacional. Aquí se forman abogados, artistas, deportistas, médicos, ingenieros y emprendedores que pertenecen a una generación conectada, actualizada, con ganas de innovar, de salir adelante, de compartir su conocimiento con el mundo sin olvidar sus raíces.
Pero ninguno de esos proyectos se sostiene solo, necesita articularse con acciones institucionales, comunitarias y privadas que hagan posible ese futuro mejor. Claro que no todo es color de rosa: mientras el país celebra el desempleo más bajo en los últimos 25 años, según el DANE, Bucaramanga y su Área Metropolitana registran un aumento del desempleo juvenil que llega al 15,7%. Y en el resto del departamento el panorama no es favorable, pues cerca de tres de cada diez jóvenes ni estudian ni trabajan, en su mayoría, por falta de oportunidades.

Y ese no es el único obstáculo que enfrentan los jóvenes. Hay un tema del que poco se habla a nivel institucional, pero es de suma importancia: la salud mental. Aunque no existen cifras precisas que permitan un diagnóstico claro, la ansiedad, la depresión y distintos padecimientos que golpean a miles de jóvenes que muchas veces cargan solos con ese peso, sin el acompañamiento adecuado o rutas de atención. Y mientras tanto, ni el departamento ni los municipios han construido una política pública que la mida, la entienda y la atienda, pues el bienestar mental y emocional no puede seguir esperando.
También es cierto que debemos reconocer que no todos partimos de las mismas condiciones: no es lo mismo un joven de ciudad que un joven de campo, ni el que estudia en la universidad y el que no, ni el que vive en su tierra que el migrante que llega buscando oportunidades, pero nos unen las ganas de salir adelante. Al fin y al cabo, el que pisa tierra santandereana es santandereano.
Por eso, a propósito del Día Internacional de la Juventud, es importante remarcar que no alcanza únicamente con “echarle ganas” si no existen oportunidades. De esta manera, el futuro que queremos no lo construimos solos y con discursos vacíos: lo construimos organizadamente, exigiendo y generando más educación, más empleo y más oportunidades. Potencial existe de sobra para construir el departamento y el país que queremos, pero necesitamos la articulación de todos para lograrlo.









