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Jueves 08 de mayo de 2025 - 12:18 AM

Es la economía…

Los negocios ilegales mediados por sobornos en la contratación pública, nutren las campañas políticas de manera subterránea.

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Para muchos, el voto está ligado de manera fundamental al bolsillo de los electores. La politiquería con su pragmatismo y conocimiento acerca de la compra de votos ha utilizado en Colombia este delito en los últimos cincuenta años. En una entrevista concedida a Vicky Dávila en 2018, el senador durante cincuenta años, Roberto Gerlein Echevarría, reconoció que esa práctica era parte de la cultura caribe y que ya se había extendido a todo el país. En nuestra región, solo aquellos que miran para otro lado, desconocen los miles de millones que se irrigan en los procesos electorales. Se oye con frecuencia que una campaña para una alcaldía, gobernación o congreso cuesta miles de millones de pesos que superan en muchísimas veces los topes legales que reportan. Todos lo sabemos y demasiados lo vuelven paisaje. Los negocios ilegales mediados por sobornos en la contratación pública y los que caracterizan el multicrimen, es decir, el gota a gota, el contrabando, la extorsión y el narcotráfico nutren las campañas de manera subterránea, en tanto que entidades bancarias, grandes y medianas empresas que incluyen ciertas congregaciones religiosas, proveen los recursos legales que son reportados ante el Consejo Nacional Electoral. Al desaparecer las ideas en los partidos y convertidos en empresas para apoderarse de la contratación pública, la codicia los dividió y los dejó huérfanos de relato, quedándoles solo la siembra de odio y la mentira instrumentada en injuria, calumnia amplificada mediante medias verdades en programas de opinión que desplazaron a los de información.

Bill Clinton durante la campaña de 1992 hizo famosa la frase ¡Es la economía estúpido!, que hizo parte de una trilogía de frases recomendadas por James Carville, uno de sus estrategas. Lo demás se cuenta solo.

No obstante, la obstrucción institucional desde el Congreso y las Cortes, las predicciones de desastre económico por parte de los enemigos del gobierno, éstas no se dieron gracias a las medidas tomadas por fuera de la ortodoxia neoliberal y que hacen parte del Plan de Desarrollo. No contaban con que sus venenos no aplican en el contexto nacional e internacional de la economía. El bolsillo de los colombianos mejoró, el dólar, la inflación y el desempleo disminuyeron y la imagen del presidente sigue en aumento. Si averiguan las otras dos estrategias de Carville, entenderán porqué el proceso del cambio se reelegirá en 2026, pues la Nación ya no soporta más de lo mismo recetado por décadas antes de que el presidente actual encarnara la esperanza y el amor por las mayorías invisibilizadas por siglos y rompiera el eslabón que ataba la ilegalidad con la conciencia.

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