Es inútil seguir pensando como cualquier político: con ideas plásticas, de esas que se van derritiendo y decolorando con apenas sacarlas al sol de la realidad.
Tantas adversidades soportamos los colombianos que es difícil pensar en soluciones. La desigualdad y la inestabilidad económica, las crisis de orden público, el atraso de la infraestructura, la precariedad de los sistemas de salud, educación y seguridad social, el narcotráfico y la corrupción estatal, son apenas algunas de las muchas calamidades que nos han acompañado durante toda la vida. Nacimos y estamos envejeciendo con los mismos problemas.
Entonces es inútil seguir pensando como cualquier político: con ideas plásticas, de esas que se van derritiendo y decolorando con apenas sacarlas al sol de la realidad. Son iniciativas ingenuas, como sartas de palabrejas de folletín, poca calle y nada de profundidad. Al final seguimos girando en un eterno retorno sin que nada se resuelva. Y ¿si pudiéramos sacar la cabeza del barro y ver desde muy alto en dónde es que cualquier solución falla? Es que desde siempre nos hemos quedado en las micro obviedades: que elegimos mal, que somos demasiados, que los políticos se roban todo -todo lo cual puede ser parcialmente cierto, pero esa no es la raíz de nuestro eterno fracaso-. O peor, buscamos enemigos internos: que los ricos explotan y que los pobres quieren todo regalado, etc -ya esos son vómitos de una sociedad con síntomas de paciente terminal-.
Todo lo que intentemos como solución, bien o mal planeada, pensada con buena o mala intención, va a deshilacharse en el intento mientras no haya control total del territorio. Es decir, mientras no exista un Estado capaz de llegar a todas partes a ejercer poder político y administrativo, a decidir y hacer cumplir, a tener jurisdicción.
Tantos de nuestros kilómetros cuadrados en manos de grupos criminales tienen abierta la caja de Pandora, de allí vienen todos nuestros males, incluso la falacia que es actualmente nuestra democracia. Que ¿elegimos mal?, la mala noticia es que ni siquiera elegimos, porque las elecciones en los territorios las dirigen los grupos delictivos; de contrabandistas allí, narcos allá, insurgencias criminales en unos departamentos o mafiosos de una u otra industria ilegal en cualquier parte. Que ¿la plata se la roban al hacer las obras? Es que las obras se tropiezan con sectores inmunes a la autoridad, en territorios donde no manda ni la ley ni Dios mismo. Un país donde el Estado no controla todo su territorio está desahuciado, es como un paciente herido al que no se le puede tocar el cuerpo. Esa debe ser la prioridad y la línea base de cualquier programa, de todos los ciudadanos, sin importar la ideología, la región, si urbanos o rurales: recuperar el control del territorio, sin más demoras, de ahí en adelante algo de esperanza podemos tener.











