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Lunes 12 de mayo de 2025 - 12:20 AM

Las luces del cónclave

Resulta estimulante que el mundo entero —prisionero de la adicción al poder, la discriminación y el aprovechamiento de los débiles— haya seguido con especial atención la sucesión de este liderazgo espiritual.

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Cuando los medios de comunicación arreciaban en especulaciones sobre las fuerzas que estarían dirimiendo supremacías en la conducción de la Iglesia católica, el cónclave de cardenales, de manera ágil, eligió a un papa moderado, norteamericano de nacimiento y peruano por decisión. León XIV sucede a Francisco, quien, fiel al nombre que asumió, dejó una huella imborrable por su vocación de reivindicar la misericordia, y por sentar las bases para la adaptación de la curia vaticana a la complejidad de los tiempos actuales. Aunque Francisco no materializó una reforma profunda en los dogmas, sí lo hizo en el estilo; y las formas, a menudo, son más efectivas que las normas.

La vida del cardenal Robert Francis Prevost ha estado signada por más de 40 años de entrega a la esencia de los principios fundantes de la Iglesia: la labor misionera. Optó por llamarse León, símbolo tradicionalmente asociado al vigor, el liderazgo y la defensa de la fe. Constituye una evocación a León XIII, reconocido por su espíritu reformador y por la autoría de la encíclica Rerum Novarum (1891), considerada el cimiento de la Doctrina Social de la Iglesia.

Ha acogido como lema papal la expresión “En Él, uno solo”, de San Agustín, que subraya la unidad de los cristianos en Cristo. En concordancia, ha insistido en la importancia de escuchar y ampliar la base de participación de los fieles mediante la práctica sinodal que promovió Francisco. Este caminar juntos, escucharse mutuamente y compartir la corresponsabilidad de todos los bautizados en la misión evangelizadora, representa un proceso dinámico de discernimiento y transformación que invita a la Iglesia a renovarse y avanzar con unidad y compromiso.

Resulta estimulante que el mundo entero —prisionero de la adicción al poder, la discriminación y el aprovechamiento de los débiles— haya seguido con especial atención la sucesión de este liderazgo espiritual. La elección de León XIV trae un nuevo aire de esperanza para la humanidad. Como bien señala Javier Cercas en el libro “El loco de Dios en el fin del mundo”, escritor español que se define ateo y anticlerical: “Es un hecho que su historia abarca dos mil años de guerras santas, intolerancias asesinas y cinismos colosales… pero también es un hecho que la Iglesia católica es Jesucristo, Pablo de Tarso, Agustín de Hipona, Francisco de Asís, Tomás de Aquino, Teresa de Ávila y miles de misioneros que ahora mismo están peleando en todo el mundo para abrigar a los muertos de frío y dar de comer a los muertos de hambre y de beber a los muertos de sed”.

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