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Columnistas
Jueves 22 de mayo de 2025 - 12:18 AM

La democracia radical avanza

El poder hegemónico del norte intenta mediante aranceles, presión militar y presión monetaria recomponer sus fichas ante un poder emergente: el chino. Es la ley: un cuerpo desplaza a otro cuerpo, no siempre exento de fricciones.

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La democracia liberal, por cuenta del neoliberalismo, es una de las víctimas de la licuefacción de la sociedad teorizada por Sigmund Bauman. La redistribución del ingreso con miras al bienestar social mediante el pulso democrático entre el capital y el trabajo, trajo décadas de prosperidad a Estados Unidos y a Europa, que para desgracia nuestra, no fue extensiva a Colombia, una de las sociedades más inequitativas del planeta, pero con una democracia formal que ha configurado un cuerpo estéticamente aceptable, aunque con un interior de racismo, discriminación, exclusión, explotación, violencia, analfabetismo funcional, individualismo y otros males pestilentes. Esa democracia liberal de las grandes naciones también está siendo devorada y sus síntomas inequívocos son la absurda concentración de la riqueza y la pérdida de sus clases medias. El poder hegemónico del norte intenta mediante aranceles, presión militar y presión monetaria recomponer sus fichas ante un poder emergente: el chino. Es la ley: un cuerpo desplaza a otro cuerpo, no siempre exento de fricciones.

Aterrizando en Colombia, se me antoja que el hundimiento, presuntamente fraudulento, de la consulta popular, empuja a la superficie a la Asamblea Nacional Constituyente, hasta ayer improbable, pero que se hará necesaria en su debido momento para reconstruir el Pacto Social sustentado en un Estado Social de Derecho que hoy ha sido burlado por leyes que cada vez recortan más los derechos del trabajo y brindan mayores ventajas al capital, de manera abusiva, irrespetando el diálogo democrático entre las dos fuerzas interdependientes y necesarias.

La senadora Clara López, afirmó en entrevista reciente, que entre 2003 y 2015, los ingresos de los trabajadores se redujeron en 23 billones debido a la Ley 789 de 2002 de Uribe. Esta reducción no aumentó el empleo ni disminuyó la informalidad. Luego, se incumplió la promesa de modificar la ley si estos cambios no ocurrían, tampoco se refrendó lo pactado en el TLC con los Estados Unidos en materia salarial y formalidad laboral.

El presunto fraude en el Senado no es cosa nueva, pero en esta oportunidad fue evidente. Las maromas quedarán en la impunidad, pero…la indignación por el obstruccionismo a las reformas sociales y políticas crece y sacará a flote y a su debido tiempo el mecanismo constitucional de la Asamblea Nacional Constituyente. Por ahora veremos el inicio de la soberanía popular ante una institucionalidad formal, pero podrida. Por el camino del Estado de opinión tan promovido por el “uribismo” en su mandato e inspirado en Habermas, el gobierno recoge el guante e invita al acuerdo… o a la conquista de la opinión en plazas públicas, redes sociales y en organizaciones.

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