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Lunes 23 de junio de 2025 - 01:00 AM

¿Candidato o presidente?

En el sector privado, no existe la elección popular, existen los procesos de selección, que tienen como misión gestionar el recurso humano idóneo para cada rol dentro de una organización.

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¿Necesitamos un buen candidato o un buen gobernante? A juzgar por nuestra historia reciente, pareciera que hay que escoger un camino entre esas dos opciones. ¿Llegar o gobernar?

Si la visión es de corto plazo y la meta es llegar al poder, no hay duda, necesitamos un buen candidato; en cambio, si la visión es de largo plazo y el propósito es liderar y reorganizar el País, necesitamos un buen gobernante.

En nuestra historia reciente hemos tenido: buen candidato y buen gobernante; buen candidato y mal gobernante; mal candidato y buen gobernante (votos endosados por un líder); y, mal candidato y mal gobernante (votos endosados y defraudación en la gestión). Cada cual puede concluir fácilmente en donde se ubica cada uno de los últimos gobernantes (nacional o regional).

En el sector privado, no existe la elección popular, existen los procesos de selección, que tienen como misión gestionar el recurso humano idóneo para cada rol dentro de una organización. En contraste, en el sector público, el proceso de selección está viciado por los votos que “tenga”, sin relevancia de sus habilidades para gestionar.

Solo se puede ser optimista con el largo plazo si somos lo suficientemente pesimistas para sobrevivir el corto plazo. ¡Que dilema!

En esta coyuntura, el único camino viable para posesionar un buen gobierno es LA UNIÓN, en la cual prime el interés general sobre el particular, haciendo referencia a las ambiciones egocéntricas e inmediatistas de los partidos y candidatos, para que, de manera objetiva, se defina un líder al cual todos los demás apoyemos con absoluta determinación. Bajo ese liderazgo, se pueden estructurar desde ahora los ministerios y cargos representativos con muchos de los candidatos, idóneos para ciertos roles particulares.

Dimensionemos por un momento la potente capacidad de una campaña única nacional que involucra a la mayoría los actores de centro izquierda, centro derecha y derecha, en una estructura ejecutiva planeada y comprometida (ministros designados desde ahora, como estrategia de campaña segmentada por sectores y de gobernanza a largo plazo). Un ejercicio de planeamiento y de gobierno adecuado del Estado.

De la misma manera, podemos gestionar la rama legislativa, bajo el liderazgo de nuevos actores que puedan representar cada rol promoviendo listas cerradas con postulación de candidatos pertinentes para esa responsabilidad.

Hoy tenemos muchos candidatos, buenos y malos, algunos potenciales buenos gobernantes, pero particularmente, tenemos un problema serio en “muchos”.

Sería deseable que prime la sindéresis, renuncien quienes tenga que renunciar a sus egos e intereses inmediatistas para que organicemos la estructura ejecutiva y legislativa que el país necesita, no la que cada candidato aspira.

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