No de miedo. Era un “régimen de disciplina” y de formación. Les confieso que volvería a estar en ese “régimen”, en donde se impartían valores, deberes y responsabilidades, que se traducía, entre otras consideraciones, al respeto por los mayores.

El ser humano por naturaleza es un ser miedoso. Y no es que sea malo, es totalmente lo contrario: tener miedo es un mecanismo que permite defendernos de peligros reales o potenciales: ya sea por el entorno social en que vivimos o por la posibilidad de agresiones verbales o físicas.
En la familia, la figura paternal, en épocas pretéritas, era de absoluto respeto.
No de miedo. Era un “régimen de disciplina” y de formación. Les confieso que volvería a estar en ese “régimen”, en donde se impartían valores, deberes y responsabilidades, que se traducía, entre otras consideraciones, al respeto por los mayores.
En lo religioso, temer a Dios es el principio esencial que no debe interpretarse como un castigo sino una expresión de respeto, humildad y fe. Tememos a la muerte, a cometer un pecado, a malos comportamientos. Existen miles de corrientes religiosas, que, en esencia, promueven actuar correctamente, respeto por los demás y rectitud moral. Pero hay unas particularmente controvertibles: transaccionales y altamente lucrativas, pues se aprovechan de la ignorancia y de la necesidad de la gente, engañándolas (metiéndoles miedo) y presentándose como salvadores del mundo.
Hoy, en el ámbito educativo, muchos colegios basan su formación en tecnología digital, pensamiento crítico (fundamental) y desarrollo integral. Es una mezcla entre lo tradicional y lo moderno, donde el estudiante es el protagonista y sus decisiones de vida la toma él y solo él. Otros que buscan conservar su buen nombre y reputación, donde su fin era (¿o es?) mantener obsesivamente los mejores resultados en las pruebas de conocimiento y competencias, descuidando la formación de valores, lo que ha generado (y me consta) estudiantes y familias estresadas por el temor al fracaso.
En la historia de la humanidad encontramos infinidad de ejemplos en donde “meter miedo” ha sido una herramienta efectiva para consolidar el poder en regímenes autocráticos, donde los dictadores gobiernan reprimiendo a la oposición y tomándose a las malas instituciones democráticas. Calígula y Nerón en Roma. Iván El Terrible y Putin en Rusia. Chávez y Maduro en Venezuela; y por qué no, Bukele en El Salvador, admirado por unos y cuestionado por otros. Y por estos lares, un director de tránsito les “metió miedo” a los propietarios de automóviles foráneos con un pico y placa, que, a la final, resultó más amenaza que realidad. Entre suspensiones y aplazamientos, logró efectivamente que la gente honesta se sintiera burlada por una decisión improvisada, sin argumentos jurídicos y violando los derechos fundamentales como el de la igualdad, la libre locomoción y al trabajo, según múltiples especialistas en derecho constitucional y en derecho público.










